Inglaterra en juego: la Guerra de las Rosas (3ª y última parte)

En la primera parte del artículo narramos el derrocamiento de Ricardo II por su primo Enrique de Bolingbroke, quien fundó la dinastía de los Lancaster. En la segunda expusimos la rivalidad entre los Lancaster y los York por la corona de Inglaterra, que se saldó con el aparente triunfo de Eduardo IV de la casa York. En esta última parte narraremos el fin de la Guerra de las Rosas.

Tras la muerte de Eduardo IV la tensión recorrió la corte inglesa. La última voluntad del rey había sido nombrar a su hermano Ricardo Lord Protector del Reino y encargarle la regencia del pequeño Eduardo. Las cosas no iban a ser tan fáciles. Ricardo y su esposa Ana Neville desconfiaban de la Reina Madre, Elizabeth Woodville, y de los familiares de ésta, encumbrados al poder durante el gobierno de Eduardo IV. Los dos bandos sabían que quien se hiciese con el control del joven Eduardo obtendría el poder independientemente de cuales hubieran sido los deseos del difunto Eduardo IV.

En las horas posteriores a la muerte del rey, la reina Elizabeth envió a su hermano Anthony Woodville y a su hijo Richard Grey, fruto de su primer matrimonio, a que fuesen a Gales a buscar al joven Eduardo V (1483) para escoltarle a Londres, donde sería coronado rápidamente. Ricardo tuvo noticia del hecho y envío un ejército liderado por el duque de Buckingham para interceptar a los enviados de la reina y hacerse con el niño. Anthony Woodville y Richard Grey se resistieron a entregarles al chico por lo que fueron apresados y encerrados en el Castillo de Northampton, donde fueron ejecutados poco después acusados de intentar asesinar al Lord Protector.

Cuando Elizabeth se enteró de la ejecución de su hermano y de su hijo se acogió a sagrado en la Abadía de Westminster, tal y como ya hizo durante el exilio de su esposo Eduardo en Borgoña, al temer por su seguridad y la de sus hijos. Paralelamente a esto, el joven rey ya había llegado a Londres donde fue recibido por su tío Ricardo. Éste decidió que para su seguridad lo más conveniente era que Eduardo se alojara en la Torre de Londres hasta que se celebrase su coronación.  Poco después los partidarios del regente convencieron a Elizabeth Woodville de que les entregase a su hijo menor Ricardo para hacer compañía a su hermano Eduardo hasta su coronación.

El Lord Protector había prometido sinceramente a su hermano Eduardo que velaría por los intereses de su sobrino, que gobernaría en su nombre y que cuando el joven alcanzase la mayoría de edad se retiraría del poder. No tardó mucho en empezar a dudar de su juramento. Sabía que su sobrino Eduardo confiaba más en los Woodville y en los Grey. La seguridad de Ricardo residía en su posición como Lord Protector, pero este era un cargo que su sobrino podía revocar si sus parientes maternos lograban convencerle. Ricardo temía por su vida. Los partidarios de Ricardo comenzaron a sugerirle que tomara la corona para sí, empezando por el duque de Buckingham y acabando por su esposa Ana Neville.

El 6 de julio de 1483 fue coronado en Westminster Ricardo III de Inglaterra. Logró arrebatar la corona a sus sobrinos, unos niños, alegando al Parlamento que el matrimonio de sus padres no fue válido y que, por tanto, eran bastardos. Ricardo III reinó durante dos años en los que hubo de hacer frente a multitud de rebliones. Su muerte en la Batalla de Bosworth (1485) frente a Enrique Tudor puso fin a la Guerra de las rosas entre los York y los Lancaster por el trono de Inglaterra.

El 6 de julio de 1483 fue coronado en Westminster Ricardo III de Inglaterra tras arrebatar la corona a sus sobrinos. Su muerte en la Batalla de Bosworth (1485) frente a Enrique Tudor puso fin a la Guerra de las rosas entre los York y los Lancaster por el trono de Inglaterra.

Finalmente, Ricardo tomó una determinación y se dirigió al Parlamento de Londres. Allí expuso que sus sobrinos eran ilegítimos ya que el matrimonio de sus padres no era válido. Eduardo se había casado años antes con una noble llamada Lady Eleanor Butler. Por tanto, el difunto rey era culpable de bigamia y su descendencia había sido concebida fuera del matrimonio. Todo esto fue apoyado por el testimonio de un sacerdote convenientemente comprado que aseguró que él mismo hacía celebrado el enlace del rey con Eleanor Butler. Según el razonamiento de Ricardo la corona le pertenecía a él, saltándose también los derechos de su sobrino Eduardo de Clarence, hijo de su difunto hermano Jorge. El parlamento estuvo de acuerdo en declarar ilegítimos a los hijos de Eduardo IV y coronó rey a Ricardo, quien ascendió al trono como Ricardo III de Inglaterra (1483-1485).

Elizabeth Woodville perdió su título de Reina Madre pero no pudo reunirse con sus pequeños hijos. Estos pronto dejaron de ser vistos, lo que levantó las sospechas de que habían sido asesinados por su tío Ricardo para evitar que cuando creciesen pudiesen reclamar la corona. Efectivamente, parece ser que en el siglo XVII se hallaron los esqueletos de dos niños emparedados en la Torre pero nunca se ha podido cotejar si eran los restos de los pequeños, que pasaron a la historia como Los príncipes de la torre.

La desaparición de los niños conmocionó a parte de la nobleza inglesa que inmediatamente acusó del crimen a Ricardo. Éste siempre negó que hubiese ordenado el asesinato de sus sobrinos aunque terminó reconociendo su desaparición. En este punto de la historia es cuando entra en juego la última pieza del tablero de la política inglesa del siglo XV: el conde de Richmond, Enrique Tudor, la última y desesperada esperanza de los Lancaster. Enrique descendía por vía materna de Juan Beaufort, hijo bastardo de Juan de Gante, el cuarto de los hijos de Eduardo III. Pese a ser bastardo, Juan Beaufort fue legitimado y en la convulsa política inglesa del siglo XV con esto era suficiente para que Enrique fuese visto como potencial rey de Inglaterra por fue desterrado a Bretaña durante el reinado de Eduardo IV. Por vía paterna Enrique descendía de los Tudor, familia de la nobleza galesa que vivió su ascenso a la primera política tras el matrimonio de su abuelo Owen con la viuda de Enrique V, Margarita de Francia.

Deseosa de vengarse de su cuñado, Elizabeth Woodville decidió apoyar la candidatura de Enrique al trono pese a su manifiesta enemistad con Margarita Beaufort, la madre del joven, con la que acordó el matrimonio de su hija Isabel con Enrique. El enlace no se celebraría hasta la victoria de Tudor. Las dos nobles señoras hallaron un inesperado aliado en la figura del duque de Buckingham, quien renegó de Ricardo III horrorizado tras el asesinato de los Príncipes de la torre. Enrique preparó a su ejército y se embarcó hacia Inglaterra con unas tropas compuestas esencialmente por presos reclutados a toda prisa de las cárceles. Mientras tanto el pretendiente llegaba el duque de Buckingham reuniría un ejército y se enfrentaría a Ricardo. Todo salió mal. Una tormenta dispersó la flota de Enrique y los hombres del duque desertaron. Buckingham intentó esconderse pero finalmente fue apresado y ejecutado por Ricardo III.

Los siguientes dos años de su reinado fueron difíciles para el rey, quien perdió a su heredero Eduardo y a su esposa Ana Neville. Sin embargo, intentó sacar rédito de la desgracia al pretender la mano de su sobrina Isabel, que para aquel entonces ya estaba prometida con Enrique Tudor. Ricardo quería legitimar su descencia y congraciarse con Elizabeth, haciéndola ver que un día sus nietos reinarían sobre Inglaterra. En cualquier caso, los proyectos fueron aplazados hasta que se resolviese el asunto de Enrique Tudor, que estaba preparando una nueva invasión de la isla. Parecía que ganara quien ganara, Isabel sería reina y se casaría con el vencedor. Enrique se enfrentó a Ricardo en la Batalla de Bosworth de agosto de 1485. El rey tenía unos 8.000 hombres por los 5.000 del pretendiente, pero hubo un hecho que alteró el desarrollo de la batalla: la traición de su vasallo Thomas Stanley. Los hermanos Stanley eran muy ambiciosos. En las últimas guerras que habían asolado Inglaterra cada uno de los hermanos había estado en bandos opuestos. Pretendían así que siempre venciera, y ascendiera socialmente, uno de ellos. Thomas Stanley estaba casado con Margarita Beaufort y, por tanto, era el padrastro de Enrique Tudor. El rey Ricardo tenía sobrados motivos para dudar de su lealtad. Cuando requirió su presencia en el campo de batalla, Thomas le escribió una lacónica nota excusándose por estar enfermo. Ricardo le amenazó diciéndole que si al día siguiente no hacía acto de presencia en el campo de batalla, su hijo y heredero Jorge Stanley sería éjecutado.

Al día siguiente comenzó la batalla sin que Stanley hubiese aparecido. Ricardo decidió ajustar cuentas cuando acabara la batalla y se lanzó al combate. Durante la lucha el díscolo noble hizo su aparición en el último momento pasándose al bando de Enrique Tudor. El refuerzo de sus tres mil hombres supuso un subidón de moral para el ejército de Enrique que se lanzó en una ofensiva final. El desconcierto sembró el caos en el ejército de Ricardo, quien cayó del caballo y se vio rodeado de enemigos a los que se enfrentó con bravura resultando muerto. Tras su muerte fue enterrado discretamente en la Iglesia de Greyfiars, derruida en el siglo XVI. La localización de su cadáver fue un misterio durante muchos siglos hasta que fue descubierto hace dos años enterrado bajo un aparcamiento de Leicester. Tras las convenientes pruebas que confirmaron su identidad, se decidió dar al rey un entierro digno en la catedral de la ciudad.

La figura de Ricardo siempre fue demonizada por sus detractores. Especial daño le hizo la obra Ricardo III de William Shakespeare realizada en pleno dominio de la dinastía Tudor. En las últimas décadas han surgido asociaciones culturales que reivindican su legado y matizan los crímenes que se le imputan. En cuanto a Enrique, tras vencer y coronarse como Enrique VII (1485-1509) se casó con Isabel de York. Se unieron así en sus descendientes los legados de los York y de los Lancaster, pacificando Inglaterra y poniendo fin a su siglo maldito. Para simbolizar este hecho, el escudo de Enrique VII estaba formado por la rosa blanca de los York y la roja de los Lancaster.

Para saber más

Ricardo III, William Shakespeare

Biografía de Enrique VII

Biografía de Eduardo V

Galería de imágenes

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Inglaterra en juego: la Guerra de las Rosas (2ª parte)

En la primera parte del artículo finalizamos contando que el ataque de locura de Enrique VI originó un enfrentamiento entre su esposa Margarita de Anjou y su vasallo el duque de York por hacerse con la tutela del reino. En este expondremos cómo se resolvió aquel conflicto y cuáles fueron sus consecuencias en la historia inmediata inglesa.

En primer lugar, el enfrentamiento entre la reina y el duque de York reabrió una pregunta enterrada desde hacía más de medio siglo ¿Quién era el legítimo heredero de Inglaterra? Recordemos que Enrique IV, quien destronó al rey Ricardo II, descendía de Eduardo III a través de su padre Juan de Gante, cuarto hijo del monarca. Sin embargo, el duque de York descendía de Eduardo III tanto por su padre como por su madre. Por vía paterna era descendiente de Edmundo de Langley, quinto hijo de Eduardo III, lo que en principio daba prioridad a los Lancaster. Sin embargo, por vía materna descendía de Leonel de Amberes, tercer hijo del rey, quien tuvo una única hija, Felipa. Sus descendientes se vieron privados de sus derechos al trono por este hecho ya que, según los Lancaster, la vía paterna tenía prioridad y en ella ellos iban antes al descender del cuarto hijo de Eduardo III y no del quinto.

El enfrentamiento entre Ricardo y Margarita provocó que el primero se plantease reclamar sus derechos al trono. Finalmente el duque logró hacerse con el mando sobre el consejo de regencia lo que aplazó sus planes. Dicho consejo se mantuvo hasta 1454 cuando Enrique VI recuperó la cordura y su esposa Margarita de Anjou el control del gobierno, ya que poseía gran influencia sobre el débil rey. La reina se atrajo a algunos nobles con los que tramó una alianza “Anti York” que se enfrentó a los York en 1455 en la Batalla de St Albans, en la que el duque se hizo con la victoria y en la que murieron varios líderes Lancaster.

El rey pronto volvió a perder el juicio y esta vez se decidió desde el primer momento instituir un consejo de regencia presidido por el duque de York, quien sería Lord Protector del Reino, relegando así a Margarita a una posición secundaria. La rivalidad entre el regente y la reina continuó aumentando. Margarita veía en Ricardo una amenaza para su hijo y príncipe heredero, Eduardo de Gales, y pronto comenzó a conspirar para eliminar del poder al Duque con ayuda de algunos nobles leales a los Lancaster. Cuando el rey volvió a recobrar el juicio Margarita le convenció de que relevase del poder a Ricardo y le mandase a Irlanda, donde su influencia política sería prácticamente nula. Transcurrió así un tiempo en el que la popularidad de Enrique VI se vino abajo a consecuencia de los elevados impuestos mientras la candidatura del duque de York cada vez era vista con más simpatía por el pueblo.

Motivado por su apoyo popular e instigado por su primo el conde de Warwick, también conocido como “El hacedor de reyes”, Ricardo abandonó su retiro en Irlanda e invadió Inglaterra con un ejército. Tras una serie de avatares Ricardo logró entrar en Londres donde reclamó la corona para sí mismo, alterando los planes iniciales que simplemente consistían en expulsar a los malos consejeros de Enrique VI y anular la influencia política de Margarita de Anjou.. A diferencia de lo ocurrido con Ricardo II, el Parlamento en esta ocasión no accedió a deponer a Enrique VI. Optó por una solución llamada “El Acta de acuerdo” en la que se estipulaba que el sucesor de Enrique sería Ricardo y no su hijo Eduardo, que quedaba así desheredado. Esta era una solución que Margarita de Anjou no estaba dispuesta a aceptar por lo que las hostilidades volvieron a reanudarse.

El 30 de diciembre de 1460 tuvo lugar la Batalla de Wakefield, en la que los Lancaster obtuvieron un sonoro triunfo. El duque de York y su hijo Edmundo fueron muertos y sus cabezas empaladas sobre las murallas de York. El ducado de York y el liderato de su causa pasaron a su hijo Eduardo, quien fue apoyado por el conde de Warwick y por sus hermanos Jorge y Ricardo. Tras su victoria ante los Lancaster en la Batalla de Mortimer’s Cross ocurrió una curiosa anécdota, ya que justo entonces se produjo un fenómeno celeste en el que se vieron tres soles en el cielo. Warwick afirmó que el cielo mostraba los tres soles de York (referentes a Eduardo, Jorge y Ricardo) que anunciaban su victoria. Tras una nueva serie de batallas el joven Eduardo y Warwick aprovecharon la estancia de Margarita de Anjou en el norte de Inglaterra para entrar en Londres. Allí Eduardo fue coronado como Eduardo IV (1461-1483) en medio de las aclamaciones de los habitantes de Londres, pero la guerra aún no había terminado…

Eduardo IV (1461-1483). Tras la muerte de su padre Ricardo heredó el título de duque de York y el liderato de su casa en la Guerra de las Rosas. Con el apoyo de su primo el conde de Warwick logró ser coronado en 1461. Retrato póstumo realizado en 1520. Anónimo.

Eduardo IV (1461-1483). Tras la muerte de su padre Ricardo heredó el título de duque de York y el liderato de su causa en la Guerra de las Rosas. Con el apoyo de su primo el conde de Warwick logró ser coronado en 1461. Retrato póstumo realizado en 1520. Anónimo.

La Batalla de Towton de 1461 supuso un gran triunfo para los York, ya que en ella perdieron la vida muchos líderes de los Lancaster que quedaron así descabezados y sin suficientes hombres para continuar la guerra. Margarita de Anjou y Eduardo se exiliaron en Francia mientras Enrique se refugió en Escocia. Cuatro años después el depuesto rey fue apresado tras ser derrotado en una escaramuza, siendo enviado a la Torre de Londres donde parece ser que se le dispensó un buen trato. Mientras tanto, Eduardo IV pudo iniciar su reinado efectivo, no exento de inestabilidad. Su matrimonio secreto con Elizabeth de Woodville provocó la ira de su protector, el conde de Warwick, quien había pactado su boda con una princesa francesa. Su relación con el conde se fue deteriorando cada vez más y Warwick comenzó a conspirar con el hermano del rey, Jorge de Clarence, con aspiraciones al trono. Warwick y Clarence estaban abiertamente enfrentados a la reina y a sus familiares, los Grey y los Woodville, procedentes de la pequeña nobleza rural y, por ello, acusados de advenedizos. Los parientes de la reina coparon los altos y lucrativos cargos de la corte y acapararon la influencia sobre el monarca por lo que pronto se formaron dos facciones en la corte: la de los parientes de la reina y la de los parientes del rey. Clarence se casó con la hija mayor de Warwick, Isabel Neville, para formalizar su acuerdo político y comenzar la sublevación pero la conspiración fue descubierta a tiempo por Eduardo IV, que decidió perdonarles.

La magnanimidad del rey no puso fin a las conspiraciones. Warwick, apoyado por Clarence, se puso en contacto con Margarita de Anjou. El conde pactó casar a su hija menor Ana con el príncipe Eduardo de Lancaster y planearon una invasión de Inglaterra. En el último momento la alianza fue abandonada por Clarence, quien al ver sus opciones al trono eliminadas prefirió seguir siendo el hermano del actual monarca a ser un simple súbdito más de los Lancaster. Warwick venció a Eduardo, que se exilió en Borgoña, y reinstauró a Enrique VI. Fue una victoria momentánea ya que Eduardo IV se rehízo, invadió Inglaterra, derrotó a Warwick en la Batalla de Barnet, en la que el conde murió, y ahorcó a Eduardo de Gales tras vencerle en la Batalla de Tewkesbury. Por su parte Enrique VI fue asesinado en sus habitaciones de la Torre de Londres, lo cual supuso un auténtico escándalo. Los Lancaster estaban prácticamente muertos. Tras todo esto Ricardo, el hermano del rey, se casó con la viuda de Eduardo de Lancaster, Ana Neville.

El resto del reinado de Eduardo siguió siendo inestable y marcado por las rivalidades entre los parientes de la reina y los hermanos del rey. En 1478 Jorge de Clarence fue apresado acusado de traición y brujería y las fuentes afirman que fue ejecutado de una forma de lo más curiosa: ahogado en un tonel de su vino favorito. Cinco años después, en 1483, un avejentado Eduardo IV moría. Había tenido una vida ajetreada y llena de excesos. Dejaba dos hijos aún niños, el príncipe heredero Eduardo y el pequeño duque de York, Jorge. Con el fin de gobernar Inglaterra mientras su hijo fuera menor de edad el moribundo rey encargó a su hermano Ricardo presidir la regencia y lo nombró Lord Protector del Reino…

Tercera y última parte del artículo

Para saber más 

Causas de la Guerra de las Rosas

Documental de la Guerra de las Rosas

The white Queen, BBC, 2013

Trilogía de la Guerra de las Rosas, de Sharon Kay Penman

Galería de imágenes

La imagen del día: Ricardo III coronado rey de Inglaterra en Westminster

El 6 de julio de 1483 fue coronado en Westminster Ricardo III de Inglaterra. Logró arrebatar la corona a sus sobrinos, unos niños, alegando al Parlamento que el matrimonio de sus padres no fue válido y que, por tanto, eran bastardos. Ricardo III reinó durante dos años en los que hubo de hacer frente a multitud de rebliones. Su muerte en la Batalla de Bosworth (1485) frente a Enrique Tudor puso fin a la Guerra de las rosas entre los York y los Lancaster por el trono de Inglaterra.

El 6 de julio de 1483 fue coronado en Westminster Ricardo III de Inglaterra. Logró arrebatar la corona a sus sobrinos, unos niños, alegando al Parlamento que el matrimonio de sus padres no fue válido y que, por tanto, eran bastardos. Ricardo III reinó durante dos años en los que hubo de hacer frente a multitud de rebliones. Su muerte en la Batalla de Bosworth (1485) frente a Enrique Tudor puso fin a la Guerra de las rosas entre los York y los Lancaster por el trono de Inglaterra.