Heliogábalo, el emperador controvertido

Heliogábalo nació en Emesa, Siria. Era hijo de Julio Soemia y Sexto Vario Marcelo, sumo sacerdote de la deidad oriental de El-Gabal. Heliogábalo, cuyo nombre real era Vario Avito Basiano, era el sobrino nieto del emperador Septimio Severo.

Tras la muerte de Septimio Severo, una oleada de muertes se abalanzó sobre los restos de la familia real. Primero fue su sucesor, Caracalla, quien ordenó el asesinato de su hermano Geta. Luego el propio Caracalla murió asesinado mientras comandaba una campaña militar. El Imperio había quedado descabezado y el trono recayó en el Prefecto del Pretorio de Caracalla: Macrino, el primer emperador proveniente del orden ecuestre, algo que tendría gran relevancia en el desarrollo futuro de Roma.

La depuesta dinastía imperial de los Severo no aceptó de buen grado el cambio. Consideraban a Macrino como un advenedizo y su objetivo era recuperar el poder. La revuelta fue instigada por una mujer muy poderosa y ambiciosa: Julia Mesa, hermana mayor de la esposa de Septimio Severo y abuela de Heliogábalo. La anciana tenía dos posibles candidatos dentro de su familia para llevar la púrpura imperial: sus nietos Heliogábalo y Alejandro. Se decidió por el primero.

Julia Mesa consiguió el apoyo de la III Legio Gallica, desencadenando así una revuelta que logró asesinar a Macrino y establecer en el trono al joven Vario Avito, quien contaba apenas catorce años. El muchacho lo primero que hizo fue nombrar augustas a su madre y a su abuela, quienes verdaderamente ostentarían el poder romano y que serían las primeras mujeres en entrar en el Senado.

Heliogábalo no sólo era emperador. También había heredado de su padre el cargo de sumo sacerdote de El-Gabal, deidad que no dudó en tratar de trasplantar a Roma. Otro de sus primeros actos fue el de situar por encima de la estatua de la diosa Victoria un retrato suyo vestido de sacerdote obligando a los senadores a honrarle también a él cuando fuesen a rendir culto a la deidad.

Mientras viajaban hacia Roma para tomar el poder ya estallaron algunos conatos de rebelión en las legiones, desconfiadas ante aquel extraño y joven emperador. Tras llegar a la capital, Heliogábalo inició su gran proyecto: hacer de su dios la única deidad del Imperio Romano. Para ello, ordenó la construcción de un gran templo, el Elagabalium, en la ladera de la Colina Palatina.

El-Gabal fue asimilado al Sol Invictus, situado por encima de Jupíter y se le casó con Minerva. El símbolo del nuevo dios era una roca negra con forma de falo que era paseada por las calles de la ciudad en carro durante el solsticio de verano. El emperador bailaba en torno a ella a ritmo de timbales mientras obligaba a los senadores a asistir al extraño ceremonial.

El emperador causó un gran escándalo cuando atentó directamente contra las tradiciones romanas al obligar a una virgen vestal, Aquilia Severa, a casarse con él. Las vírgenes vestales tenían prohibido mantener relaciones sexuales y cualquier hombre que osase tocar a una de ellas era severamente castigado por la ley. A Heliogábalo no le importó y quiso representar con este enlace una boda divina entre El-Gabal y Vesta.

La vida sexual del emperador también era motivo de escándalo.  Aquilia era su segunda esposa, el emperador ya había estado casado con una joven llamada Julia Cornelia Paula. Su pasión por Aquilia le duró poco, ya que la dejó meses después para casarse de nuevo con Annia Faustina, descendiente lejana de Marco Aurelio, emperador cuyo recuerdo, aún cercano, era muy respetado. Antes de que acabase el año había abandonado a Faustina para volver con Aquilia.

Sin embargo, lo que verdaderamente causaba escándalo eran las relaciones de Heliogábalo con los hombres. No por su naturaleza homosexual, Adriano tuvo amantes reconocidos y no despertó odio entre su pueblo, sino por el carácter pervertido que, a juicio de los romanos, hacía de ellas. Desde principios de su reinado, Heliogábalo había mantenido una relación estrecha con su auriga Hierocles. Incluso pretendió nombrarle césar. Se casó con él y se consideraba “la esposa y emperatriz de Hierocles”.

Posteriormente conoció a Aurelio Zotico, un atleta griego conocido por el tamaño de su órgano amatorio. También contrajo matrimonio con él. Los senadores y funcionarios del palacio trataron a los dos esposos que tuvo Heliogábalo con gran respeto y como sí, efectivamente, ellos tuviesen el rol masculino de “marido” relegando al emperador al papel de “esposa”. Este Zotico es el que sabemos seguro que sobrevivió a Heliogábalo, del resto de esposas y esposos imperiales no tenemos noticias tras la muerte del emperador.

Heliogábalo también protagonizó una conocida anécdota según la cual reunió a un equipo médico y prometió cubrir de oro a aquel que pudiera sustituirle su órgano reproductor masculino por uno femenino. Por ello, Heliogábalo es considerado en ocasiones como el primer transexual documentado de la historia.

Pese a sus tres matrimonios con mujeres, Heliogábalo no había conseguido descendencia. La inestabilidad imperial y la creciente impopularidad del emperador aconsejaban buscar un posible sucesor. Julia Mesa convenció al emperador de que adoptase a su primo Alejandro y compartiese con él el consulado de aquel año.

Alejandro fue muy popular y Heliogábalo se puso celoso. Intentó echarse atrás e hizo circular el rumor de que su primo estaba cercano a la muerte. Con ello desencadenó una revuelta de los pretorianos que exigieron ver a Alejandro. Heliogábalo quiso castigar la deslealtad de sus hombres pero estos se revelaron. El emperador se escondió en un arcón pero fue descubierto y asesinado a los dieciocho años de edad. Su madre también murió, así como algunos partidarios suyos entre los que se encontraba Hierocles.

El joven Heliogábalo. Busto en el Museo Capitolino, foto de Giovanni Dallorto.

El joven Heliogábalo. Busto en el Museo Capitolino, foto de Giovanni Dallorto.

El fenecido emperador fue condenado a la Damnatio Memoriae, su eliminación de la Historia al ser borrada su efigie y su nombre de documentos y monumentos. El-Gabal fue desterrado de vuelta a Oriente. También se prohibió la presencia de mujeres en el Senado. Alejandro Severo ascendió al trono y Julia Mesa mantuvo los resortes del poder hasta su muerte en 224.

¿Fueron los caprichos de un adolescente los que le impulsaron a establecer a El-Gabal como dios supremo de Roma? ¿O, por el contrario, podemos ver en este hecho el primer precedente de la búsqueda de un dios unitario que impulsase la homogeneidad del Imperio y frenase así su decadencia? Algunos autores han querido ver en El-Gabal el primer intento de imponer un dios único, algo que sería intentado también por Aureliano y conseguido por Constantino cuando adoptó el Cristianismo.

La historiografía ha visto en Heliogábalo una fuente de escándalos y depravación , además de un síntoma claro de la decadencia romana que estaba a punto de comenzar. La pérdida de los valores romanos, la expansión de cultos mistéricos o la crisis económica y moral fueron factores que jugaron un papel fundamental en la crisis romana del Siglo III. Sin embargo, queda la duda de si la verdadera personalidad del emperador no se ha visto desfigurada por los testimonios de los cronistas contrarios a su persona.

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Septimio Severo

Alejandro Severo

Crisis del siglo III

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La reina Zenobia ante el emperador Aureliano, Tiepolo

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La reina Zenobia ante el emperador Aureliano es una pintura histórica realizada por el artista veneciano Tiepolo. No se puede considerar Neoclásica sino más bien uno de los últimos vestigios del Barroco. La obra muestra una escena que tuvo lugar en el siglo III. Los gobernantes de la ciudad de Palmira aprovecharon las dificultades del Imperio Romano para proclamar un estado independiente que recibió el nombre de Emirato de Palmira y gobernó sobre gran parte del Oriente romano. El emperador Aureliano logró restablecer el orden y derrotar y apresar a la reina de Palmira, Zenobia, que fue llevada a Roma donde fue tratada con gran dignidad. Como es característico de las obras de Tiepolo, los personajes llevan ropajes del siglo XVIII y Aureliano está ataviado con una armadura de estilo renacentista. La obra se puede ver en el Museo del Prado. Click para ampliar.

Agripina, una historia de ambición

Agripina nació en el 15 d.C. en Germania, donde su padre estaba destinado. Éste no era otro que el prestigioso general Germánico, favorito para la sucesión al gozar del amor absoluto del pueblo. Era nieta de otro gran militar, Druso el Mayor, y uno de sus bisabuelos era el inmortal Marco Antonio.

Cuando tenía cuatro años Agripina tuvo que superar el primer gran drama de su vida. Su padre fue enviado como gobernador a Siria y de nuevo se llevó a toda su familia consigo. Allí enfermó y murió en extrañas circunstancias rodeado de presagios y señales de brujería.

Después de incinerar a Germánico su esposa Agripina la Mayor, rodeada de sus hijos, embarcó rumbo a Italia. Allí fueron recibidos por una solemne comitiva en la que no se encontraba el emperador Tiberio, padre adoptivo del difunto. Las irregularidades del juicio sobre la muerte de Germánico la impulsaron a creer que el propio emperador había ordenado su muerte al considerarle un rival. Cuando le acusó en público, Agripina la Mayor y sus hijos cayeron en desgracia.

La pequeña Agripina creció, por tanto, en difíciles circunstancias. A los trece años se casó con un joven senador llamado Cneo Domicio Ahenobarbo. La tradición afirma que cuando se casaron éste dijo: “De Agripina y yo sólo puede salir un monstruo”. Siete años después nacería Nerón. Antes de eso, la joven romana tuvo que asistir a nuevos dramas. El mismo año que contrajo matrimonio, su madre y su hermano mayor fueron acusados de conspirar contra la vida de Tiberio. En la definitiva caída en desgracia de la familia de Agripina tuvo mucho que ver el Prefecto del Pretorio, Sejano, un hombre ambicioso que veía en ellos un obstáculo para ocupar el trono a la muerte de Tiberio.

La madre de Agripina fue arrestada, perdiendo un ojo durante la detención, y deportada a Pandataria, una pequeña e inhóspita isla situada en la costa del Mar Tirreno.  Su hijo mayor, Nerón César, fue exiliado a la isla de Ponza, donde murió de hambre. Tres años más tarde fallecía Agripina la Mayor y era arrestado otro de sus hijos: Druso. El joven, heredero legítimo de Germánico tras la muerte de su hermano mayor, murió poco después, también de inanición.

Por tanto, tenemos una infancia durante la cual Agripina perdió a su padre en circunstancias traumáticas y creció en Roma rodeada de hostilidad y conjuras hasta que su madre y sus hermanos fueron encarcelados para morir en el destierro. Agripina admiró a su madre, una mujer fuerte que no dudó en enfrentarse abiertamente con Tiberio para defender la memoria de su esposo y proteger a su familia. Todos estos dramas contribuyeron a endurecer el corazón de la joven.

A Agripina sólo le quedaba un hermano varón. Era un joven amado por el ejército y en quien la gente tenía grandes expectativas. Respondía al nombre de Cayo Julio César pero era más conocido por su mote: Calígula. A diferencia del resto de su familia, el joven gozaba del favor de Tiberio. En ello tuvo que ver la muerte de Sejano, acusado de traición en 31 d.C, aunque hay quien señala que el viejo emperador se dio cuenta de la maldad del joven y decidió nombrarle sucesor para que su gobierno de maldad empañase al suyo.

En 37 d.C. Tiberio falleció, algunos dicen que Calígula le “ayudó” a ello ahogándole con una almohada, y el joven ascendió al trono. Pocos meses después Agripina tuvo a su hijo redondeando un año de felicidad. La suerte de la joven mejoró con el cambio de emperador. Los historiadores señalan que Calígula mantenía relaciones sexuales con sus hermanas, incluyendo a Agripina, y que las recompensaba con grandes honores. Entre todas ellas, a la que el emperador más amaba era a Drusila. El fallecimiento de ésta puso punto y final a esta etapa dulce en la vida de Agripina.

Tras la muerte de Tiberio, Calígula rindió homenajes a su madre y a sus hermanos. Calígula deposita las cenizas de su madre y su hermano en la tumba de sus ancestros. Eustache le Sueur.

Tras la muerte de Tiberio, Calígula rindió homenajes a su madre y a sus hermanos. Calígula deposita las cenizas de su madre y su hermano en la tumba de sus ancestros. Eustache le Sueur.

Calígula cesó en sus prácticas y dejó de dar honores a sus hermanas. A Agripina le encantaba el poder y quería recuperar los beneficios de que gozaba anteriormente. Para ello, comenzó a conspirar con sus amantes y su hermana Livila en contra del emperador. Desafortunadamente para ella, la conjura fue descubierta y Calígula ordenó el destierro inmediato de sus hermanas. Agripina fue apartada de su hijo y enviada a Pandataria, la isla donde murió su madre.

A partir de entonces comenzaron unos años oscuros para ella. Tras la muerte de Calígula y su sustitución por Claudio se la permitió regresar a Roma. Agripina enviudó en 40 d.C. y decidió aprovechar la ocasión para buscar un esposo poderoso que le permitiera labrar una carrera prometedora para su hijo.

Ese mismo año se casó con su tío Claudio y se convirtió en emperatriz. Fue un matrimonio de conveniencia que la ambiciosa mujer utilizó para satisfacer sus propios intereses. Consiguió una serie de favores para su hijo, quien fue designado “Príncipe de la Juventud” y adoptado por el emperador. Poco después consiguió para él la mano de la hija de Claudio, Octavia, y nombró a su propio Prefecto del Pretorio, Sexto Afranio Burro, con el fin de garantizarse el apoyo de la Guardia Pretoriana cuando llegase el traspaso de poderes. Finalmente, consiguió que Claudio nombrase heredero al joven Nerón en lugar de a Británico, su propio hijo.

En 47 d.C. Claudio falleció tras ingerir setas. Los historiadores clásicos de nuevo acusaron a Agripina de haber hecho envenenar el plato del que se servía el emperador. El objetivo era que Claudio no se echase atrás y revocase el testamento en el que nombraba sucesor a Nerón para designar heredero a su hijo. El emperador se sintió mal y fue trasladado a sus aposentos. Su médico le metió al emperador una pluma en la garganta bajo el pretexto de hacerle vomitar. Esta habría sido la jugada definitiva de Agripina, quien habría sobornado al médico para que la pluma estuviese impregnada de veneno.

Con sólo diecisiete años Nerón ascendió al trono aunque durante los primeros años de su gobierno fue Agripina quien llevó las riendas del poder. Los historiadores clásicos de nuevo inciden en la afición por el incesto de Agripina, ya que afirman que mantenía relaciones sexuales con su propio hijo. Poco después fallecieron Octavia y Británico y las fuentes aquí se debaten sobre si la segunda muerte fue ordenada por Agripina, por Nerón o si el joven falleció a causa de la epilepsia que padecía.

Con el paso de los años Nerón y Agripina cada vez chocaron más. El matrimonio del joven emperador con Sabina Popea marcó el final de la carrera política de Agripina. La emperatriz se dio cuenta de la gran influencia que tenía Agripina sobre el emperador y convenció a Nerón de que la apartase de su lado. Éste determinó matar a su madre. Tras varios intentos de envenenarla llegó el turno de la más espectacular de las tentativas. El emperador la invitó a un paseo en barco con el pretexto de reconciliarse. Nerón no se presentó ya que la idea era hundir el barco con su madre dentro. Agripina dio pruebas de nuevo de su gran capacidad de supervivencia al salvarse del naufragio y llegar a la orilla nadando.

Resignado, abandonó todo intento de que pareciese un accidente y envió un grupo de hombres armados a la casa de su madre. Acusada de traición, fue ejecutada allí mismo. Ese fue el final de una de las mujeres que gozaron de mayor poder en la Antigua Roma.

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Final del reinado de Nerón

Calígula

Germánico

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El oro que asesinó al emperador Valeriano

El siglo III de Nuestra Era fue una etapa de caos, violencia y crisis. El poder romano, floreciente hasta el siglo II, comenzó a desmoronarse tras la muerte de Alejandro, último representante de la dinastía Severa. En el periodo comprendido entre el asesinato de Alejandro Severo en 235 d.C. y la llegada al trono de Diocleciano en 284 d.C. hubo un total de 49 gobernantes entre emperadores legítimos y usurpadores, lo que nos da la redonda cifra de emperador por año.

Todo este clima de guerra, caos y anarquía causó el colapso de la economía romana, la despoblación urbana, la contracción del comercio, motines en el ejército y otro sinfín de desgracias. Los bárbaros, atraídos por el debilitamiento de las fronteras, lanzaron incursiones de saqueo con mayor frecuencia. Por si esto fuera poco, la anarquía romana coincidió con el renacimiento del poder sasánida, estado localizado en los actuales Irak e Irán y tradicionales enemigos de Roma. En aquel siglo, Artabán IV fue depuesto por uno de sus gobernadores, Ardashir I. La nueva dinastía revitalizó Persia.

Bajo este conflicto sucesorio subyacían multitud de causas culturales, políticas y religiosas. Tanto Artabán como Ardashir eran iranios, pero el primero era parto y el segundo persa, dos de los pueblos que componían la etnia irania. El Imperio Parto había sido un estado fundamentalmente feudal y helenístico. Ardashir quería acabar con la, a su juicio, imparable decadencia cultural del estado y reivindicar su componente persa y zoroastra. Su otro gran objetivo era legitimar su poder, para lo que emprendió una serie de campañas contra el Imperio Romano. Tras su muerte, esta tarea fue retomada por su hijo Sapor I.

En el Imperio Romano gobernaba por aquel entonces Valeriano, quien llegó al trono en 253 d.C. tras derrotar en una guerra civil a Marco Emilio Emiliano. El emperador, al contrario que muchos de los gobernantes de la Roma del siglo III, había comenzado su carrera en la administración civil. Ocupó los cargos de censor y gobernador y provenía de una vieja familia patricia de la aristocracia romana, hecho que le valió el apoyo de un Senado que había visto mermar su poder. Poco después de ascender al trono, Sapor I declaró la guerra al Imperio Romano.

Valeriano decidió comandar él mismo la guerra, por lo que tuvo que viajar al escenario de la campaña: Oriente. El emperador necesitaba un ejército enorme para poder frenar a la formidable maquinaria bélica de los persas. Hasta el siglo II esto no había sido problema para los Augustos. La crisis económica, sin embargo, obligó a los gobernantes del siglo III a reducir el tamaño de sus ejércitos.

Valeriano necesitaba una fuente extraordinaria de recursos y la encontró en los cristianos. El emperador ordenó la ejecución de todos los obispos, diáconos y presbíteros del Imperio, una de las víctimas de esta persecución fue el célebre San Lorenzo, y confiscó los bienes de todos los cristianos. La cantidad que obtuvo le permitió crear el ejército necesario para la guerra.

San Lorenzo fue una de las víctimas de la persecución iniciada por Diocleciano. Obra de Tiziano, Iglesia de los Jesuitas de Venecia.

San Lorenzo fue una de las víctimas de la persecución iniciada por Diocleciano. Obra de Tiziano, Iglesia de los Jesuitas de Venecia.

Mientras, en Occidente pronto surgieron severas dificultades. Valeriano había delegado la administración de esta región en su hijo Galieno, un joven inexperto que cometió el error de desguarnecer la frontera del Rin al trasladar a Italia las tropas destinadas en la Galia. Los alamanes y francos aprovecharon la ocasión brindada e invadieron la provincia. El general Póstumo logró repeler la invasión pero acto seguido dio un golpe de estado y se autoproclamó emperador, siendo reconocido como tal en Hispania, Galia y Britania. Póstumo y sus herederos lograron mantener el control de dichas provincias y crear un estado rival que ha recibido el nombre de Imperio Galo. Roma reconquistó las tres provincias durante el reinado de Aureliano (270-275).

En Oriente las cosas no iban mejor para Valeriano, quien fue derrotado en la Batalla de Edesa. El grueso del ejército imperial fue destruido y el emperador no tenía más cristianos a los que confiscar sus bienes para crear un nuevo ejército. No le quedó más remedio que intentar negociar la paz con los persas, aún a costa de tener que hacer importantes concesiones. El emperador decidió enviar a Macrino el Viejo, su prefecto del pretorio, para parlamentar con Sapor I. El prefecto del pretorio era un cargo muy importante, comandante en jefe de la guardia personal del emperador y especie de primer ministro.

Macrino aspiraba a algo más que eso: quería la corona para sí y para sus hijos. Decidió aprovechar la importante misión que su amo le había encargado para conspirar contra él, ganarse el apoyo del sha y autoproclamarse emperador. El astuto Sapor vio una gran ocasión para obtener ventajas territoriales y provocar una nueva guerra civil en Roma, por lo que apoyó encantado las aspiraciones del prefecto. Éste volvió al campamento de Valeriano comunicándole que Sapor estaba dispuesto a negociar una paz honrosa y que le invitaba a conferenciar en el campamento sasánida. El sha garantizaba la seguridad del emperador romano.

El confiado Valeriano accedió y acudió a parlamentar con sus enemigos. Cuando los dos monarcas se vieron, Sapor se separó de su escolta para saludarle. Valeriano, a caballo, hizo lo propio para corresponder a la cortesía. De repente emergió una lluvia de flechas que acabó con la exigua guardia personal de Valeriano. El emperador fue hecho prisionero.

Tal y como Sapor había calculado, en Roma empezó una guerra civil entre Macrino y Galieno. El sha no quiso pedir rescate por Valeriano, ya nadaba en oro y joyas. Prefirió divertirse a su costa. Unos días le usaba de criado, otros como montura. Era la mascota de la corte persa. Un día, Sapor ordenó que le atasen a una silla. Mientras Valeriano siguiese con vida existía el peligro de que los romanos fueran a rescatarle. El persa sujetó una olla llena de oro fundido y obligó al destronado emperador a bebérsela. Sí, es una escena que recuerda a cierta serie de televisión. El pobre Valeriano falleció pero sus penurias no terminaron ahí.

Sapor desolló su cadáver y le usó durante décadas como trofeo. Lo puso en uno de los templos del Imperio. Le divertía recibir a los embajadores romanos allí, delante del mutilado cadáver del que fue su emperador. Un triste final para alguien que había gobernado todo un Imperio.

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Valeriano

Galieno

Crisis del siglo III

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El desastroso reinado de Honorio

Roma dio un pequeño número de grandes emperadores y un elevado número de nefastos gobernantes. Entre los candidatos al dudoso honor de peor emperador de Roma sobresalen nombres como Filipo el Árabe, Caracalla, Heliogábalo o Valeriano. Uno de ellos, que además para desgracia romana tuvo un largo reinado, fue Honorio quien jugó un papel fundamental a la hora de comprender la caída del Imperio Romano.

Tras la muerte de Teodosio en 395 d.C. el Imperio Romano fue dividido entre sus dos hijos. Esto no fue una novedad históricamente hablando, el Imperio ya se había dividido anteriormente para tratar de hacerlo más manejable. La importancia de este reparto fue que el Imperio ya no se volvería a reunificar jamás. Su hijo Arcadio, que heredó la parte oriental, y sobre todo su nieto Teodosio II supieron asentar las bases que aseguraron la supervivencia del Imperio Romano Oriental durante más de un milenio. En Occidente su hijo Honorio no tuvo tanta fortuna y llevó sus dominios a una situación tan delicada que el Imperio Occidental acabó desapareciendo en 476. Cuando Honorio heredó la púrpura imperial de su padre apenas tenía once años. Su padre Teodosio le encomendó a uno de sus generales de mayor confianza, Estilicón. Éste era un hábil militar de origen vándalo que había logrado ascender hasta los más elevados puestos del ejército. Era un hombre leal que pronto se ganó la enemistad del resto de la corte de Honorio debido a su enorme ascendencia sobre el joven emperador, quien obedecía en todo a su mentor. De hecho, se casó con una de las hijas de Estilicón y cuando ésta murió fue sustituida por una de sus hermanas.

El Imperio que heredó Honorio estaba en una situación complicada. El Cristianismo ya había sido proclamado religión oficial pero aún persistía en el Senado una importante facción pagana que había intentado aupar al trono al usurpador Eugenio en 392. A la inestabilidad interna, agravada por la crisis urbana, económica y demográfica, se unía la amenaza exterior. Los bárbaros, atraídos por el declive imperial, cada vez eran más belicosos y agresivos. En los inicios del reinado de Honorio aún resonaban los ecos de la Batalla de Adrianópolis en la que perdió la vida el emperador Valente.

En 406 importantes contingentes vándalos, suevos y alanos lograron romper la frontera del Rin y sembraron el caos en la Galia e Hispania. Britania, por su parte, había sido abandonada cuando el gobernador militar Constantino se autoproclamó emperador, se llevó las tropas a la Galia e instauró un gobierno en Arlés. Los romanos nunca volverían a la isla. Por si fuera poco, el Imperio Oriental había logrado repeler a los visigodos de Alarico, quien decidió poner rumbo a poniente. El rey godo exigía un puesto como magister militum en una de las provincias del Imperio. Tras una serie de escaramuzas en las que fue derrotado por Estilicón, quien además logró capturar a la esposa e hijos del godo, se llegó a un acuerdo y concedieron el cargo al rey aunque sin asignarle ninguna provincia. Transcurrieron dos años en paz hasta que el conflicto de Honorio contra Constantino III se agudizó y Alarico decidió sacar tajada. Amenazó con invadir de nuevo Italia a no ser que le pagasen cuatro mil libras de oro. Estilicón decidió que valía la pena pagar al bárbaro y reforzar el maltrecho ejército romano con las huestes godas para luchar contra Constantino. Despojó a los senadores de sus tesoros, poniéndose en su contra a todos los nobles de la Ciudad Eterna, y pagó el tributo a Alarico.

Estilicón ya tenía en contra a los senadores y al resto de consejeros de Honorio. Sólo faltaba una oportunidad para poner en marcha una conjura. La muerte de Arcadio en 408 les dio el pretexto que buscaban. Estilicón y Honorio anunciaron que viajarían a Constantinopla para supervisar que la corona pasase a Teodosio, el joven hijo del desaparecido emperador. Los enemigos de Estilicón lograron convencer a Honorio de que éste quería arrebatar los derechos al pequeño Teodosio y proclamar a uno de sus hijos emperador de Oriente. Honorio ya temía que Estilicón diese un golpe de mando y se proclamase amo de Occidente por lo que ordenó el arresto de Estilicón. Cuando el general entró en Rávena fue detenido y ejecutado. Roma había perdido a uno de sus hombres fuertes. Su puesto como principal consejero pasó a manos de un funcionario llamado Olimpio. Se inició una purga de todos los seguidores de Estilicón y su hijo fue asesinado.

La noticia de la muerte de Estilicón fue como un jarro de agua fría para Alarico. El rey pensaba que el único romano en quien podía confiar era en el general vándalo. Por ello consideró invalidado el acuerdo al que había llegado con el Imperio y se lanzó a la invasión de Italia. Concretamente se dirigió contra la eterna Roma. Honorio se negó a negociar con Alarico y abandonó la ciudad a su suerte. Los romanos sabían que no podrían resistir y enviaron una delegación senatorial a negociar con Alarico. Éste expuso sus condiciones: quería la liberación de todos los esclavos de origen bárbaro y todo el oro y la plata de la ciudad. Los senadores, escandalizados, le preguntaron qué les permitiría quedarse. El rey, lacónico, les contestó “Con vuestra vida”. Finalmente los senadores desvistieron a los antiguos templos paganos de todos sus metales preciosos y se los entregaron a Alarico: un total de cinco mil libras de oro y tres mil de plata, además de la liberación de todos los esclavos bárbaros. Tras ello Alarico abandonó el sitio y trató de volver a negociar con Honorio. Exigía su vieja aspiración: una provincia sobre la que gobernar como magister militum con tierras para alimentar a su pueblo. Honorio volvió a negarse a dialogar con él.

Alarico puso de nuevo rumbo a Roma. Esta vez no exigía rescate sino que reunió al Senado y le ordenó que escogiese de entre sus miembros a un nuevo emperador. Los senadores eligieron a Prisco Atalo quien fue aclamado emperador por Alarico. La jugada era astuta. Si Atalo se hacía con el poder le concedería sus peticiones y si no lo lograba al menos Alarico podría meter presión a Honorio para negociar con él. La clave para que el nuevo emperador lograse hacerse de forma efectiva con las riendas del Imperio residía en que las demás provincias le aceptasen como mandatario supremo. No lo hicieron. La negativa de África a reconocerle emperador fue el golpe definitivo. Sin el trigo de África Atalo no tenía ninguna opción de vencer en una hipotética guerra civil. Alarico tuvo que volver a cambiar de bando en este juego de tronos y depuso a Atalo para ganarse el favor de Honorio.

Tras una breve tregua las hostilidades se reanudaron cuando los romanos tendieron una emboscada a los visigodos. Concretamente se habla de que fue iniciativa de un oficial godo llamado Saro, un antiguo pretendiente a la corona que en ese momento ostentaba Alarico. Tras perder la corona se había unido al ejército romano llevándose consigo un odio visceral hacia el monarca, algo que fue fundamental a la hora de ignorar sus órdenes y atacar a sus antiguos camaradas. Los visigodos lograron repeler el ataque pero Alarico se puso furioso: pensaba que era la enésima traición de Honorio. Envalentonados, decidieron dirigirse a Roma para, esta vez sí, saquear la ciudad. El Saqueo de Roma de 410 pasó a la historia por el gran impacto moral que supuso. Roma llevaba siendo inviolable desde los tiempos del galo Breno, quien saqueó la ciudad a comienzos del siglo IV a.C. Parece ser que las puertas de la muralla fueron abiertas por unos esclavos que Alarico había regalado al Senado. Los visigodos robaron y saquearon todas las riquezas que pudieron aunque su rey les obligó a respetar las Iglesias como lugar de culto. Se cuenta que cuando Honorio recibió las noticias del saqueo de Roma lloró desconsoladamente al comprender que pasaría a la historia como el emperador que permitió que se cometiese ese sacrilegio contra la Ciudad Eterna. Otra de las historias que circularon por la época inciden en la debilidad y el carácter de Honorio. Según esta versión, cuando le comunicaron al Emperador la caida de Roma éste entendió que hablaban de la muerte de su gallo favorito llamado Roma. Desconcertado exclamó: “Y, sin embargo, hace un momento que comía de mi mano”.

El emperador Honorio rodeado de sus cortesanos. Honorio tenía poca personalidad y solía pasar el tiempo alimentando a los gansos de su propia mano, tal y como sale representado en la obra Los favoritos del emperador de John William Waterhouse, 1883.

El emperador Honorio rodeado de sus cortesanos. Honorio tenía poca personalidad y solía pasar el tiempo alimentando a los gansos de su propia mano, tal y como sale representado en la obra Los favoritos del emperador de John William Waterhouse, 1883.

Poco después del saqueo Alarico moría víctima de unas fiebres cuando proyectaba cruzar con su pueblo a África para instalarse allí. Su heredero fue Ataúlfo, quien se casó con la hermana de Honorio: Gala Placidia. Los visigodos secuestraron a la princesa durante el Saqueo de Roma y entre ellos surgió el amor. El antiguo emperador Atalo cantó la canción de bodas durante la ceremonia, motivo por el que Ataúlfo le volvió a nombrar emperador de Occidente. El rey visigodo y la princesa romana tuvieron un hijo que recibió el significativo nombre de Teodosio, quien sabe si con vistas a que fuese el primer emperador romano de origen bárbaro. En cualquier caso su hijo no superó la niñez y sus planes fueron truncados por el destino. Mientras, las cosas habían mejorado para Honorio. Constantino III había sido vencido y asesinado gracias a uno de sus generales, Constancio, quien ascendió hasta monopolizar la influencia sobre el Emperador.

El sucesor de Ataúlfo, Walia, quiso arreglarse con los romanos. Devolvió a Gala Placidia a su hermano Honorio y firmó un foedus por el que se comprometía a expulsar de la Península Ibérica a los vándalos, suevos y alanos. A cambio le entregaban la eterna aspiración de Alarico: tierras. Honorio le cedió la Septimania, en el sur de Francia, germen de la futura expansión goda por la antigua Hispania. En el séquito de la princesa iba Atalo. Debido a que no representaba ningún peligro se le permitió vivir aunque le cortaron dos dedos en alusión a las dos veces que había usurpado la púrpura imperial y fue desterrado a la isla de Lipari, al norte de Sicilia. Honorio entregó la mano de Gala Placidia a Constancio, quien además fue honrado con el cargo de coemperador convirtiéndose en heredero presunto ya que Honorio aún no tenía hijos. Constancio, por su parte, concebió con Gala Placidia al pequeño Valentiniano.

Constancio murió en 422 y Honorio falleció un año más tarde, a los 39 y tras 27 de desastroso reinado. A su muerte el trono, tras una breve pugna, acabó pasando a su sobrino Valentiniano III pero debido a su corta edad su madre tuvo que hacerse cargo de la regencia. El resumen del reinado de Honorio es catastrófico: constantes usurpaciones de sus oficiales y senadores y pérdidas de numerosos territorios entre los que sobresalen Britania e Hispania. Al perder las provincias, ya fuese por ser abandonadas o por la firma de foedus con los bárbaros, Roma perdía fuentes de ingresos y de hombres para defenderse. Todo esto redundó en el constante empobrecimiento de Roma y en su dependencia exterior al necesitar en todo momento la ayuda militar de Constantinopla. Pero, sobre todo, el mayor deshonor que aconteció durante el reinado de Honorio fue el Saqueo de Roma que asestó un tremendísimo golpe moral al corazón romano. Había quedado patente que el Imperio no era ni inmortal ni invencible. Las primeras páginas para la caída de Roma ya habían sido escritas.

Para saber más

La caida del Imperio Romano, Adrian Goldsworthy

National Geographic Historia, especial Roma, El saqueo de Roma, páginas 66-73

Documental La Antigua Roma, Capítulo 6 La caída de Roma, producido por BBC

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