Felipe III el Bueno, Van der Weyden

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El retrato de Felipe III el Bueno es un óleo sobre tabla realizado por el taller del pintor Rogier Van der Weyden hacia 1450. El original está perdido pero se conservan copias como esta, en el Museo de Bellas Artes de Dijon (Francia). Felipe el Bueno fue el tercer Duque de Borgoña entre los años 1419-1463. En la Guerra de los Cien Años se alió con los ingleses y fue uno de los mayores impulsores del Tratado de Troyes de 1420, por el cual se nombraba a Enrique V de Inglaterra como heredero del trono francés cuando muriese Carlos VI de Francia. Fue el fundador de la Orden del Toison de Oro, con el cual se le muestra en la escena.

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La guerra de las reinas: Brunichilde contra Fredegunde

A principios de la Edad Media, salvo en momentos muy puntuales, la actual Francia se encontraba dividida. El concepto de herencia patrimonial de los reyes merovingios causó que dividieran sus estados entre todos sus hijos, debilitando el poder real y provocando numerosas guerras civiles entre hermanos para reunificar los territorios y hacerse con la hegemonía. Los más importantes de estos reinos fueron Austrasia, en el este, y Neustria, al oeste.

En 566 d.C. el rey Sigiberto, de Austrasia, contrajo matrimonio con Brunichilde, hija de nuestro visigodo Atanagildo. La nueva reina era bella, inteligente y culta. El hermano de Sigiberto y rey de Neustria, Chilperico, enviudó por aquellas fechas. Viendo lo noble y digna que era su cuñada decidió casarse con su hermana mayor, la princesa Galsvinta.

El matrimonio fue infeliz. Galsvinta reprochaba al rey sus infidelidades y amenazó con huir a la Península Ibérica en repetidas ocasiones. Entre las amantes del rey sobresalía una por su gran ambición y astucia: Fredegunde. Ésta quería ser reina de Neustria y animó a Chilperico a deshacerse de su esposa. Un día, Galsvinta amaneció muerta en su lecho.

La corte de Austrasia inmediatamente señaló a Fredegunde. Brunichilde juró odio eterno a aquella concubina que usurpaba la dignidad de reina de Neustria que había correspondido en vida a su hermana. Sigiberto amenazó a Chilperico con declararle la guerra, pero éste le entregó parte de sus territorios como precio de sangre.

Años después estalló la guerra fratricida en la que también intervino el tercero de los hermanos reales, Guntram, rey de Borgoña. Mientras los ejércitos reales se batían en los campos de batalla, empezó una guerra de dagas y venenos en las cortes de Neustria y Austrasia. Fredegunde envió sicarios con puñales envenenados para asesinar a Brunichilde y al pequeño Childeberto, heredero de Austrasia.

Las crónicas cuentan que Fredegunde era una mujer sádica a la que le gustaba torturar a sus enemigos antes de darles muerte. Gregorio de Tours la califica como “Enemiga de Dios y de los hombres”. Una de las leyendas sobre la sed de sangre de la reina afirma que también intentó asesinar a su propia hija y que envió emisarios para acabar con la vida del rey Guntram.

En invierno de 575 d.C. parecía que el rey Sigiberto se había alzado con la victoria tras tomar París. Chilperico tuvo que refugiarse con su familia en Tournai. Lo que al rey de Neustria no le habían dado sus ejércitos se lo dio su esposa. Mientras Chilperico estaba en París, asesinos enviados por Fredegunde pusieron fin a la vida de Sigiberto. Neustria había ganado.

Chilperico se apoderó del reino de su hermano y obtuvo una gran parte del territorio de la actual Francia. Trató de asesinar al pequeño Childeberto, su sobrino y heredero al trono de Austrasia, pero éste logró huir ayudado por la aristocracia fiel a Sigiberto. El destino de Brunichilde fue un convento.

La reina viuda intentó escapar de su cautiverio para lo que tuvo que recurrir a acuerdos políticos. Acordó su matrimonio con Merovec, hijo de Chilperico.  Cuando el rey se enteró de que su primogénito se había casado con su mayor enemiga entró en cólera. Le apartó de la sucesión, le tonsuró y ordenó su ingreso en la vida religiosa. Más tarde, él o Fredegunde ordenaron la muerte del joven.

Brunichilde ya había huido para entonces. Se refugió en la corte de Borgoña protegida por su cuñado Guntram, quien también adoptó a su sobrino Childeberto como heredero. Quedaba así fraguada una alianza anti-Chilperico pero sobre todo anti-Fredegunde. En 584 Chilperico murió apuñalado en su palacio, algunos apuntan que por orden de Fredegunde para ocultar una infidelidad, mientras otros señalan a Brunichilde.

Chilperico había dejado cuatro hijos. Clotario, de apenas unos meses, Merovec, apartado de la sucesión y posteriormente asesinado, Teudeberto, muerto en batalla años atrás, y Clodoveo, estrangulado tras ser acusado por hechicería. La mano de Fredegunde estuvo detrás de este último crimen ya que quería ver a su propio hijo, el futuro Clotario II, convertido en rey.

Fredegunde y su hijo Clotario II, aún un niño pequeño, liderando el ejército de Neustria que va a enfrentarse con Childeberto II.

Fredegunde y su hijo Clotario II, aún un niño pequeño, liderando el ejército de Neustria que va a enfrentarse con Childeberto II.

Tras la muerte de su esposo, Fredegunde se refugió con su hijo en una iglesia de París. Childeberto II exigió a los religiosos que entregasen a la reina para pagar por sus crímenes, incluyendo el asesinato de su padre, pero Guntram la dispensó su protección. Amparada por su cuñado, Fredegunde pudo ser regente de Neustria hasta la mayoría de edad de su hijo Clotario.

Las leyendas sobre los crímenes de Fredegunde son numerosas. Una de ellas afirma que ordenó el asesinato del obispo Pretextato, uno de sus enemigos políticos. El religioso fue apuñalado en su iglesia pero no murió sino que quedó malherido. La regente fingió interés y fue a verle. Además envió a los médicos de la corte para que no recibiese otra atención que pudiera salvarle la vida. Pretextato la acusó del crimen pero Fredegunde hizo como si el obispo se hubiese referido a otra persona.

Fredegunde envió nuevos asesinos para atentar contra la vida de Brunichilde y Childeberto II. Éste acordó con su tío Guntram en 587 que el que muriese antes le dejaría su reino al otro. Guntram falleció en 593 y Childeberto II se convirtió en rey de Austrasia y Borgoña. Su reinado fue corto, ya que Childeberto II murió dos años después dejando sus reinos a sus dos hijos, aún niños.

Fredegunde aprovechó este momento de inestabilidad para invadir Austrasia y vencer a su ancestral enemiga, la reina Brunichilde. No vería la paz, ya que falleció en 599 de disentería. Tras toda una vida de asesinatos y envenenamientos ella falleció de enfermedad en su cama.

Tras el fin de las hostilidades Brunichilde gobernó como regente en nombre de sus nietos. Instigó a uno de ellos, Teudeberto, contra su hermano Teuderico. Los hermanos lucharon juntos mientras persistió la amenaza de Clotario en Neustria, pero finalmente Teudeberto murió asesinado por orden de su hermano.

Teuderico murió poco después, en 613. Brunichilde intentó proclamar rey a su bisnieto Sigiberto II, de diez años, pero la nobleza de Austrasia le traicionó y se pasó en masa al partido de Clotario II. Éste ordenó la muerte del pequeño y se hizo con la corona de Austrasia pero también logró capturar a Brunichilde.

La anciana reina, tenía ya 70 años, fue sometida a tortura durante tres días. Su ejecución fue cruel y dolorosa, atada a la cola de un caballo que la arrastró hasta la muerte. Sus huesos fueron quemados y toda su descendencia eliminada a excepción de un príncipe llamado Merovec, ahijado de Clotario II. Finalmente, la guerra entre dos mujeres fue ganada medio siglo después por el hijo de una de ellas.

Para saber más

Breve historia de los Merovingios. Los orígenes de la Francia medieval. Ernest Bendriss.

Clotario II

Clodoveo, patriarca de los Merovingios

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Funeral de Victor Hugo, 1885

Funeral de estado del escritor Victor Hugo, símbolo nacional. Tras su muerte, el gobierno de la III República le preparó un espléndido funeral en el que los parisinos salieron a las calles para rendirle el tributo que se merecía. Uno de junio de 1885.

Funeral de estado del escritor Victor Hugo, símbolo nacional de Francia. Tras su muerte, el gobierno de la III República le preparó un espléndido funeral en el que los parisinos salieron a las calles para rendirle el tributo que se merecía. Uno de junio de 1885. Anónimo, Fonds photographique Léon et Lévy.

El bar del Folies-Bergère, Manet

Fue la última obra del pintor Édouard Manet, reconocido como precursor del Impresionismo. La obra retrata a la camarera de uno de los cabarets parisinos más famosos de la Belle Époque: el Folies-Bergère. Los impresionistas buscaban captar el aspecto cambiante de la realidad. La obra trata de involucrar al espectador mediante el recurso del espejo: él es parte del cuadro.   La obra fue realizada el año 1882 y se conserva en Courtauld Institute of Art, en Londres.

El Bar del Folies-Bergère (1882) es la última obra del pintor Édouard Manet, reconocido como precursor del Impresionismo. La pintura retrata a la camarera de uno de los cabarets parisinos más famosos de la Belle Époque. Estos ambientes bohemios eran muy del gusto de los pintores de la época que buscaban en ellos un arte nuevo alejado de la rigurosidad académica y oficial. Los impresionistas querían captar los aspectos cambiantes y fugaces de la realidad. Manet logra esto con el espejo, que distorsiona la escena, las luces y las pinceladas. El espejo cumple además otro objetivo: involucra al espectador, quien es parte del cuadro. Parece que la camarera le estuviera atendiendo a él. La obra se conserva en el Courtauld Institute of Art, en Londres.

El misterioso sexo de Chevalier d’Eon

El pequeño Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée d’Éon de Beaumont, al que a partir de ahora llamaremos Chevalier d’Eon para abreviar, vino al mundo en 1728 en el seno de una familia acomodada de la Francia provincial. El joven aprovechó la desahogada situación económica de su familia para realizar estudios de derecho logrando entrar en la administración del rey Luis XV.

Nada llamaba la atención en Chevalier d’Eon. El muchacho aún no tenía vello facial ni manifestaba demasiado interés por el sexo opuesto pero se pensaba que simplemente era un joven remilgado más de la Francia del siglo XVIII. Pronto le llegó la ocasión de ingresar en Le secret du roi, un grupo de espías al servicio de Luis XV. Allí le llegó su primera misión: debía viajar a Rusia para tratar de mejorar las tirantes relaciones entre los dos países. Sus superiores decidieron aprovechar sus rasgos andróginos, por lo que viajó disfrazado de mujer con el fin de hacerse amiga de la zarina Isabel. Chevalier tuvo éxito en su misión e incluso llegó a ser dama de honor de la emperatriz lo que le dio gran fama como espía. En algunas de sus siguientes tareas volvió a repetir el papel de mujer aunque en otras actuó como hombre. Sus contemporáneos seguían sin observar nada extraño en él; pensaban que cuando se disfrazaba de mujer era porque su misión le obligaba a ello.

En 1763 Chevalier alcanzó el mayor éxito de su carrera: fue nombrado embajador en Londres aunque su verdadera misión consistía en descubrir e informar de los secretos de Reino Unido, país con el que Francia se había enfrentado hasta hacía unos meses en la Guerra de los siete años y con el que, por tanto, mantenía relaciones muy tensas. Allí vestía de manera indiferente de hombre o mujer y documentos del embajador revelan que compraba en secreto corsés femeninos. La fama del francés comenzó a crecer y pronto se efectuaron apuestas sobre su verdadero sexo que alcanzaron cifras de escándalo para la época. Algunos creían que era mujer, otros opinaban que simplemente era un hombre rocambolesco.

El extraño misterio sobre el sexo del embajador francés en Londres llegó a los oídos del aventurero Giacomo Casanova, quien no pudo resistir la tentación y fue a visitarle. Cuando salió de la recepción estaba totalmente convencido de que Chevalier era en realidad una mujer. Poco después Chevallier d’Eon fue relevado de su puesto. El embajador, furioso por pensar que se estaba cometiendo una injusticia, filtró algunos documentos secretos. No sólo perdió su puesto, sino que tuvo que exiliarse para eludir a la justicia francesa. Poco después Luis XV decidió enviar un emisario para que Chevalier le aclarase sin rodeos si era un hombre o una mujer.

En este punto la historia da un giro sorprendente. Chevalier confesó que era una mujer, algo que se podía intuir por su eterno nombre que incluía tres femeninos (Genevieve, Auguste, Thimothéé; Genoveva Augusta Timotea). La embajadora afirmó que su familia decidió educarle como hombre para que llegado el momento pudiera heredar las tierras, títulos y rentas de su padre Todo esto fue constatado por los médicos que envió Luis XV para examinarla.

Grabado en homenaje a Chevalier d'Eon aclamada como una de las grandes heroinas de Francia.

Grabado en homenaje a Chevalier d’Eon aclamada como una de las grandes heroinas de Francia.

El monarca francés la retiró inmediatamente del servicio activo y la prohibió regresar a Francia aunque le permitió cobrar una pensión del gobierno francés y conservar las insignias que consiguió por sus servicios a la corona. A partir de entonces el antiguo embajador debería residir permanentemente en Londres bajo el apelativo de Madeimoselle Beaumont y vestir y actuar en todo momento como mujer. Las apuestas fueron cobradas y todo pareció olvidarse.

Tras la muerte de Luis XV, Chevalier d’Eon pudo volver unos años a Francia pero no se adaptó a la vida de su país natal y regresó a Londres en 1785. La Revolución Francesa causó la ruina de la ya anciana, quien perdió la pensión que le pagaba la corona. Durante un tiempo se ganó la vida realizando espectáculos de esgrima, disciplina en la mostró gran destreza en su juventud, pero fue herida en 1796 y tuvo que abandonar la actividad. Sus penurias económicas la llevaron durante un año a prisión y pasó sus últimos años de vida postrada en una cama tras sufrir una grave caída. Falleció en Londres en 1810. Sin embargo aún no había terminado su sorprendente historia. Los médicos examinaron su cadáver y descubrieron que en realidad era un hombre.

No se sabe con certeza qué le ocurría a Chevalier d’Eon. Algunos le catalogan como el primer transexual de la historia mientras otros se inclinan por la opción de que se travestía. La tercera teoría incide en el distinto diagnóstico médico de los franceses e ingleses, por lo que especulan con la posibilidad de que fuera intersexual y que sus rasgos afeminados indujeran a los primeros a catalogarle como mujer. La última de las teorías afirma que en realidad Chevalier era un hombre. La primera inspección médica fue un fraude del embajador para recuperar la pensión que cobraba del rey y que había perdido al caer en desgracia. En cualquier caso, ríos de tinta seguirán corriendo sobre la verdadera identidad de Chevalier d’Eon.

Para saber más

La guerra de los siete años

Luis XV

Les secrets du roi (en francés)

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Duelo por el reino de Sicilia

Las visperas sicilianas de 1282 fueron el estallido de un problema latente que llevaba determinando la vida en Sicilia desde hacía una quincena de años. Durante la Edad Media, tras diversos avatares, la isla se configuró como un reino gobernado primero por la dinastía normanda de los Hauteville y más tarde por los emperadores alemanes de la familia Hohenstaufen. Cuando éstos cayeron en desgracia ante el Papado, la Santa Sede hizo todo lo posible para destruirles. Así fue como el Papa Urbano IV, haciendo uso de la teoría de la supremacía pontificia que le permitía revocar reinos, desheredó a los Hohenstaufen y le vendió los derechos sobre la isla al francés Carlos de Anjou, hermano del rey Luis IX de Francia.

Carlos emprendió una campaña contra el rey Manfredo de Sicilia, al que derrotó en la Batalla de Benevento (1266). Dos años después vencería al último Hohenstaufen, Conradino, en Tagliacozzo. Carlos había conquistado la isla pero no se procuró el amor de sus habitantes. El francés pasaba la mayor parte del tiempo en Nápoles, dejando Sicilia en manos de funcionarios franceses, normalmente corruptos. Los italianos fueron apartados de la administración y de los cargos de responsabilidad. Los sicilianos, acostumbrados a ser el centro del gobierno durante sus anteriores soberanos, no estaban conformes con su nueva posición secundaria en el reino. Al elemento nacionalista siciliano se sumó la existencia de una heredera de Manfredo, su hija Constanza quien se había casado con el futuro Pedro III de Aragón.

Las Vísperas sicilianas representadas en una obra del italiano Francisco Hayez.

Las Vísperas sicilianas representadas en una obra del italiano Francisco Hayez.

Pronto se fraguó una conspiración en la que participaron aragoneses, sicilianos, genoveses y bizantinos con el fin de destruir a Carlos de Anjou. El 30 de marzo de 1282, mientras las campanas de las iglesias de Palermo tocaban a vísperas, comenzó la insurrección. La leyenda afirma que un soldado francés intentó seducir delante de su esposo a la hija de un potentado de la isla. Los sicilianos y su sempiterno sentido del honor no toleraron la afrenta y asesinaron al soldado. Sus compañeros corrieron a vengarle desencadenándose una batalla campal que culminó con el asesinato de toda la guarnición francesa de la ciudad. La guerra había comenzado y Pedro III pronto acudió a la isla a defender los derechos de su esposa y ser coronado rey de la isla.

Ni Pedro ni Carlos querían una guerra larga. El primero tenía una situación económica delicada y no podía permitirse subir los impuestos debido al modelo pactista de la monarquía aragonesa, que le supeditaba al permiso de las cortes para hacerlo. El segundo ya los había subido demasiado para pagar sus deudas contraídas con el Papa cuando compró la corona de Sicilia. Si los subía más corría la necesidad de perder nuevos territorios. Además, sus posesiones en Jerusalén y Albania sólo le aportaban gastos. Ambos convenían en que la guerra debía terminar cuanto antes.

Carlos ideó un plan. Desafió a Pedro a un combate singular, el vencedor se quedaría con la isla. Se ponían así a disposición del juicio divino, que se suponía que le daría la victoria a aquel que tuviera la razón de su parte. Pedro aceptó pero poniendo algunas condiciones. La guerra, en la cual llevaba ventaja, seguiría hasta que se celebrase el combate. También se declinó la idea de que luchasen ellos dos personalmente debido a que Carlos ya contaba 56 años, una edad elevada para la época, mientras que Pedro tenía 41. Se decidió que lucharían cien paladines de cada rey en su nombre. El combate se celebraría el 1 de junio de 1283 en Burdeos, por aquel entonces territorio inglés.

La idea fue desaprobada por la mayoría de gobernantes de la época, que la consideraban frívola. El papa francés Martín IV, que apoyaba incondicionalmente a Carlos, le reprendió diciéndole que si quería el juicio de Dios se sometiera al de su representante en la tierra, que no era otro que él mismo. Los sicilianos estaban atemorizados de que Carlos venciera y toda su rebelión y resistencia hubiesen sido en vano. El rey inglés Eduardo no prometió salvoconducto a ninguno de los luchadores, pero permitió que su senescal en Burdeos realizase los preparativos para la liza.

Carlos hizo su aparición en Burdeos con una comitiva esplendorosa que realzaba su poder. Los acompañantes de Pedro eran mucho más austeros tratando de magnificar el componente divino que rodeaba al duelo. En realidad, los dos reyes ya habían reconsiderado el asunto y habían comprendido que no valía la pena jugarse un reino mediante una simple justa. Sin embargo, ya habían dado su palabra y el honor era algo sagrado en el siglo XIII.

Los dos luchadores encontraron su salvación en un detalle: habían acordado que el duelo se celebraría el 1 de junio, pero no habían concretado la hora. Pedro hizo su aparición por la mañana junto a sus cien guerreros y esperó un rato, pero su rival no apareció. Pedro le acusó de cobardía y se atribuyó la victoria por incomparecencia. A la tarde el que se presentó en el lugar del duelo fue Carlos, quien también estuvo esperando unos momentos a su enemigo. Como no acudió, Carlos también se declaró a sí mismo vencedor y afirmó que Pedro no había aparecido por temor. Unos días más tarde los dos rivales abandonaron la ciudad entre acusaciones mutuas de cobardía. La guerra se extendería unos años y finalmente culminaría con los aragoneses como dueños de Sicilia y los angevinos (herederos de Carlos de Anjou) como poseedores de Nápoles.

Para saber más

Las vísperas sicilianas, de Steven Runciman

Carlos de Anjou

Sobre las Vísperas

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