Carlos de Viana, el príncipe desdichado

Carlos de Viana (1421-1461) fue el primogénito de Juan II de Aragón y Blanca I de Navarra. De no haber sido por su pronta muerte, tal vez acelerada por su madrastra, Fernando el Católico, primogénito del segundo matrimonio de Juan II de Aragón, se hubiese tenido que conformar con ser un infante o, tal vez, el rey de Sicilia. No habría habido Reyes Católicos y, por tanto, la historia de España habría cambiado.

Carlos nació en Peñafiel, Valladolid. Desde su nacimiento las esperanzas navarras se depositaron en él, ya que era nieto del rey Carlos III de Navarra e hijo de la futura Blanca I. Por parte paterna sus aspiraciones al trono aragonés estaban más diluidas, ya que su padre Juan era simplemente el hermano menor del rey Alfonso V, un hombre joven del que se esperaba descendencia más pronto que tarde.

Su abuelo Carlos III de Navarra le concedió el Principado de Viana señalándole como heredero después de su madre. A la muerte del rey en 1425, Blanca se convirtió en la reina de Navarra pero fue una monarca débil. Igual que le ocurrió a la célebre Juana la Loca, Blanca fue un títere en manos de su marido Juan, quien aspiraba a la realeza pese a su papel de rey consorte. El rey fue quien manejó los asuntos de estado y metió al reino en guerras contra Castilla para satisfacer sus intereses y ambiciones personales aun perjudicando los de Navarra. Estamos en una época en la que Castilla sufrirá permanentes intromisiones de los infantes de Aragón, primos de los reyes Trastámara castellanos.

Blanca falleció en 1441. Según las leyes tradicionales de Navarra, Carlos de Viana debía convertirse en el nuevo rey. Su madre, conocedora de las ambiciones de su marido, quiso evitar el conflicto fratricida y en su testamento pidió a su hijo que no asumiese el título de rey sin el consentimiento de su padre. Carlos optó a regañadientes por ocupar la lugartenencia del reino.

Con el paso de los años las rivalidades entre padre e hijo aumentaron. Juan quería seguir gobernando los asuntos navarros hasta su muerte mientras que Carlos reivindicaba sus legítimos derechos como sucesor de su madre. Juan contrajo matrimonio por segunda vez en 1447 con Juana Enríquez, una noble castellana emparentada lejanamente con el rey Juan II de Castilla. El fruto de aquella boda fue el futuro Fernando el Católico.

La nueva esposa de Juan, que quería favorecer a su hijo, alentó a éste contra Carlos. A su vez, la intromisión de Juan en los asuntos navarros fue en aumento. El momento de debilidad política y militar de Juan tras su derrota en la Batalla de Olmedo y el ofrecimiento de ayuda castellana determinaron a Carlos a romper con su padre. Carlos reclutó un ejército y declaró la guerra a Juan a la vez que en la corte estallaba una guerra civil en la que los beaumonteses apoyaron a Carlos y los agramonteses a Juan.

Pese a la ayuda castellana, Carlos fue derrotado y apresado. Tuvo que prometer no ostentar la corona de Navarra hasta la muerte de su padre por la Concordia de Valladolid de 1455, que además ponía fin a los litigios entre Castilla y Aragón. El Príncipe de Viana no tardó mucho en romper su palabra y volver a enfrentarse con las armas a su padre en el campo de batalla. Derrotado de nuevo y desheredado junto a su hermana Blanca por el apoyo que ésta le prestó, hubo de huir al exilio en Nápoles, donde Alfonso V, su tío y rey de Aragón, tenía establecida la corte.

Carlos de Viana gozó del apoyo popular en Navarra y Cataluña. Su muerte provocó una guerra civil en Cataluña. Códice medieval.

Carlos de Viana gozó del apoyo popular en Navarra y Cataluña. Su muerte provocó una guerra civil en Cataluña. Códice medieval.

Alfonso V murió en 1458 sin descendencia pero antes obligó a Juan a revocar el desheredamiento de Carlos y Blanca. Juan pudo al fin ser coronado rey de Aragón, lo que convertía a Carlos de Viana en rey legítimo de Navarra y heredero a la corona aragonesa. Su padre, quien no tenía el menor interés en Italia, le ofreció entonces las coronas de Nápoles y Sicilia para apaciguarle. Carlos declinó el ofrecimiento por lo que la corona napolitana pasó al hijo bastardo de Alfonso V, el rey Ferrante.

Juan permitió volver a Carlos a la Península Ibérica en 1459. Padre e hijo se reconciliaron y se comenzó a buscar un matrimonio ventajoso para Carlos, quien ya se acercaba a los cuarenta años y no tenía herederos pese a haber estado ya casado años antes. Carlos reparó en una princesa de Castilla, hermana del rey Enrique IV: Isabel de Trastámara, la futura Isabel la Católica.

Juan quería que la princesa se casara con su hijo Fernando, por quien sentía predilección, por lo que se volvió a pelear con Carlos. El Príncipe de Viana fue apresado y llevado a la prisión de Morella. Ello despertó la oposición de los catalanes y navarros que se levantaron contra Juan II, por lo que el rey hubo de ceder y poner a su hijo en libertad. Entonces comprendió la peligrosa arma política que suponía Carlos de Viana.

El príncipe entró aclamado en Barcelona donde fue jurado como heredero a la Corona de Aragón y lugarteniente perpetuo de Cataluña. Mientras se hospedaba en el Palacio Real de Barcelona, Carlos cayó enfermo. Hubo sospechas de envenenamiento por parte de Juana Enríquez que quería que la herencia recayese en su hijo Fernando. Carlos de Viana, rey legítimo de Navarra y heredero de la Corona de Aragón, murió el 23 de septiembre de 1461, oficialmente por tuberculosis. La muerte del príncipe dio inicio a una guerra civil en Cataluña.

El resto de la historia es sobradamente conocida. Fernando se convirtió en el heredero de la Corona de Aragón, la cual ocupó a partir de 1479. Contrajo matrimonio con Isabel la Católica y juntos unificaron los dos reinos. Curioso reseñar que en principio ni Fernando ni Isabel estaban llamados a ser reyes. La corona navarra pasó en 1479 a Leonor, única hija superviviente para entonces del matrimonio de Juan II y Blanca I. Su reinado fue efímero, murió un mes después de ser coronada.

El título de Príncipe de Viana da nombre a un premio cultural de Navarra, debido al activo mecenazgo de las artes que ejerció Carlos de Viana como príncipe renacentista, y en la actualidad lo ostenta Leonor de Borbón como heredera de los reinos que formaron España.

Para saber más

La dinastía Evreux en Navarra

El reinado de Juan II de Aragón

La conquista de Navarra

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Hermanos y rivales por el trono: Carlos V y Fernando de Habsburgo

Entre los hermanos suele haber rivalidades. Si resulta que el padre es duque de Borgoña, la madre reina de Castilla, el abuelo materno rey de Aragón y el abuelo paterno Sacro Emperador, esas rivalidades pueden estallar y convertirse en una guerra abierta. Esta es la historia privada de Carlos y Fernando de Habsburgo, dos hermanos que crecieron recelando el uno del otro.

Tras las sucesivas muertes de los príncipes Juan e Isabel de Trastámara, la herencia de los recientemente unidos reinos de Castilla y Aragón correspondió a Juana, la segunda hija de los Reyes Católicos. Tras la muerte de su madre Juana ascendió al trono castellano pero sus desequilibrios mentales, o las ambiciones de su marido y de su padre, provocaron que fuera desposeída de sus poderes y encerrada en un monasterio.

Comenzó entonces una carrera de fondo entre sus dos hijos, Carlos y Fernando, por ver quien se quedaría con la herencia materna. El derecho asistía a Carlos, el primogénito, pero el apoyo popular estaba de lado de Fernando que además era el nieto favorito de Fernando el Católico. Carlos de Habsburgo recibió una educación francesa impregnada por el amor a los ideales caballerescos de Borgoña.

El rey de Aragón, enemigo ancestral de los franceses, protestó en repetidas ocasiones sobre lo inadecuado de aquella educación para su nieto, que debería gobernar unos reinos para los que la rica y pomposa corte de Borgoña eran la viva representación de la frivolidad. Castilla tenía un ceremonial sobrio y religioso que chocaría con los nuevos usos traídos por Carlos desde el norte de Europa.

Fernando temía que su nieto fuese un títere al servicio de los intereses franceses o, peor aún, un nuevo Felipe el Hermoso, por lo que solicitó incesantemente una mayor presencia española en torno al joven duque de Luxemburgo –título que Felipe entregó a su hijo mayor en 1501-. Hubo algún castellano en la corte de Malinas, pero la influencia sobre el joven fue monopolizada por Chievrés, un borgoñón que llegaría a ser canciller cuando Carlos obtuvo la corona de Castilla.

Muy distinta fue la infancia de Fernando. Nació en Alcalá de Henares cuando sus padres visitaron España para ser jurados príncipes de Asturias. El joven fue educado en Castilla por tutores castellanos. Jamás abandonó la Península hasta que se lo ordenó su hermano mayor en 1518. Aunque su padre fuese de Flandes, Fernando era un príncipe castellano que priorizaría los intereses de Castilla. Tras la muerte de Felipe el Hermoso, una camarilla de nobles vio en el niño Fernando a su futuro rey. Los preceptores del infante alimentaron sus aspiraciones a las coronas de Castilla y Aragón.

Fernando también veía en su nieto favorito a la persona ideal para sucederle en el gobierno de Castilla y Aragón. El rey hizo testamento en 1512 nombrando regente de los dos reinos al infante Fernando. El Rey Católico pensaba que su nieto mayor jamás visitaría la Península Ibérica, por la cual no había mostrado el menor interés.

El testamento de Fernando alarmó a la camarilla de nobles y preceptores de Carlos de Habsburgo. Recelaban del apoyo popular y la simpatía de las que gozaba el pequeño infante castellano y temían que aprovechase su posición como regente de Castilla y Aragón para autoproclamarse su rey legítimo. La corte de Malinas presionó a Fernando el Católico para que volviese a cambiar su testamento algo que hizo poco antes de morir cuando encargó la regencia de Aragón a su hijo Alonso de Aragón y la de Castilla al Cardenal Cisneros.

El rey de Aragón falleció el 23 de enero de 1516. Los seguidores del infante Fernando convocaron al Consejo Real en su nombre para comenzar la regencia, ignorando que el Rey Católico cambió a última hora su testamento. Dos meses después, Carlos de Habsburgo protagonizó un auténtico golpe de estado contra su madre para afianzar su posición. Según el testamento de su abuelo, Carlos era gobernador de Castilla y Aragón en nombre de su madre Juana, quien era la única reina. Sus consejeros flamencos le convencieron de que se autoproclamase rey de Castilla y Aragón para tener mayores opciones de ser elegido Sacro Emperador e impedir que su propio hermano pudiese reivindicar tales títulos.

Esto alarmó a la corte de Flandes que temía que el infante pudiera aprovechar su situación como regente del reino para proclamarse rey. Su presión consiguió que Fernando cambiase el testamento a última hora, pero el daño ya estaba hecho. Tras conocerse su muerte, algunos partidarios del infante llegaron a convocar al Consejo Real en su nombre para comenzar a gobernar. Fernando tenía el apoyo popular que veía en él un rey propio y cercano que comprendería mejor los problemas sociales de Castilla y Aragón. La corte de Flandes actuó con rapidez para eliminar las opciones políticas del infante.

Los jóvenes Carlos y Fernando de Habsburgo, candidatos a las coronas de Castilla y Aragón.

Los jóvenes Carlos y Fernando de Habsburgo, candidatos a las coronas de Castilla y Aragón.

El 14 de marzo de 1516 la corte de Flandes proclamó a Carlos rey de Castilla y Aragón “juntamente con la católica reina mi señora”. La maniobra, desaconsejada por Cisneros por temor a posibles motines, no gustó en la Península Ibérica pero aun así se alzaron pendones por el nuevo rey. Los decretos –se aclaró- serían emitidos en nombre de madre e hijo y figuraría el de la reina en primer lugar. La ficción en torno a Juana de Aragón, que en todo momento fue considerada reina, se mantuvo hasta su muerte en 1555. Sobra decir que su cargo era meramente nominal, jamás tuvo el más mínimo poder o influencia.

Aunque se autoproclamó rey, Carlos no viajó inmediatamente a España. Gobernó desde Flandes mientras la incertidumbre y el recelo se apoderaban de sus reinos. La crisis económica se había acentuado, los manufactureros castellanos protestaban contra las masivas exportaciones de lana a Flandes, que favorecían a los grandes ganaderos. Acusaban a Carlos de favorecer la industria de esa región aún a costa de arruinar a Castilla.

Las ciudades comenzaron a convocar cortes por sí mismas ignorando que sólo el rey podía ordenar que se reunieran. Las villas solicitaban que el rey viajase de manera inmediata a la Península Ibérica para conocer sus reinos y hacerse cargo de ellos. A ello se sumaron las protestas por las subidas de impuestos. Tras repetidos ruegos del Cardenal Cisneros, Carlos viajó a España desembarcando en Villaviciosa el 19 de septiembre de 1517. El rey acudió sin saber hablas castellano y rodeado de una corte flamenca. Tras obtener la aprobación de su madre para gobernar durante la entrevista de Tordesillas, los flamencos se hicieron cargo de la mayor parte de oficios.

Una de las primeras órdenes de Carlos fue apartar a su hermano de la camarilla que le animaba a reclamar el trono. Así se hizo, pero entonces corrió el rumor de que Fernando quería viajar a Aragón para obtener el apoyo de Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, y proclamarse rey. En un movimiento rápido y sin tapujos, Carlos ordenó el viaje del Infante a Flandes, hecho que provocó gran consternación entre los súbditos de Castilla y Aragón.

El resto de la historia es conocida. Carlos reinó en Castilla y Aragón durante 40 años y en 1520 sucedió a su abuelo Maximiliano como sacro emperador convirtiéndose en el hombre más poderoso de Europa. Tras las Comunidades y las Germanías comenzó a interesarse por la cultura castellana, a entregar los oficios a castellanos y a acercarse a sus reinos peninsulares.

Su hermano también tuvo la suerte de ostentar el poder absoluto. La muerte del rey Luis II en el Desastre de Mohács en 1526, gracias al cual los turcos conquistaron parte de Hungría, provocó que los nobles de Bohemia y Hungría lo eligiesen como su rey. Así, un príncipe nacido en Alcalá de Henares terminó gobernando sobre checos y húngaros y un rey nacido en Flandes y criado en la cultura borgoñona terminó reinando, entre otros, sobre castellanos, aragoneses y navarros.

Con el paso de los años, las tirantes relaciones entre Fernando y Carlos de Habsburgo se fueron limando. Tras la elección del segundo como emperador, nombró a su hermano archiduque y le encargó la gobernación de la herencia austriaca de los Habsburgo. Décadas después, un avejentado y cansado Carlos decidió abdicar. Tuvo dudas sobre si legar el Sacro Imperio a su hijo Felipe o a su hermano Fernando pero finalmente no quiso que su hijo tuviese que soportar un peso tan enorme con el que había aguantado él. Abdicó los territorios ibéricos, italianos, flamencos y las Indias en Felipe mientras que Fernando se quedó toda la herencia austriaca de los Habsburgo y fue elegido nuevo Sacro Emperador en 1558.

En ese momento se produjo la división de las dos ramas de los Habsburgo. La española desapareció en 1700. A la austriaca le tocó hacer frente a los problemas religiosos alemanes que desembocaron en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y reclamó sus derechos al trono de España durante la Guerra de Sucesión (1700-1713). Los Habsburgo lograron gobernar el Imperio Austriaco hasta 1918 cuando se proclamó la República tras la derrota austriaca en la I Guerra Mundial.

Para saber más

Carlos V, Joseph Pérez

Fernando I de Habsburgo

Juana la Loca

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Anexo

Como curiosidad dejo la interminable intitulación del emperador Carlos V con la que firma el Edicto contra los Comuneros del 16 de febrero de 1521:

Don Carlos, Por la gracia de Dios Rey de Romanos Emperador Semper Augusto. Doña Joana su madre y el mesmo Don Carlos por la mesma gracia Reyes de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Ierusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Cordova, de Corcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias islas y tierra firme del mar oceano, Condes de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, Duques de Atenas e de Neopatria, Condes de Ruysellon e de Cerdenia, Marques de Oristan e de Gorciano, Archiduques de Austria, Duques de Borgoña de Bravante, Condes de Flandes e de Tirol.