Hambre en Madrid: el Motín de los Gatos

Al grito de: “Viva el rey, muera el mal gobierno” miles de madrileños se dirigían al palacio del Conde de Oropesa, primer ministro del rey Carlos II. El motivo de su queja era la grave carestía de alimentos originada tras una época de malas cosechas que amenaza con provocar una hambruna sin precedentes. Aquel año fue uno de los más decisivos de la historia de España ya que el decrépito rey agonizaba mientras las camarillas de la corte se disputaban su enorme herencia.

Carlos II heredó la corona con cuatro años tras la muerte de su padre Felipe IV. Pronto se manifestó como un muchacho enfermizo que tenía sus capacidades intelectuales severamente mermadas debido a los matrimonios consanguíneos que los Habsburgo llevaban practicando desde hacía generaciones. El monarca tenía seis bisabuelos en lugar de ocho y diez tatarabuelos en lugar de dieciséis. Su coeficiente de consanguinidad era similar al de aquellos cuyos padres son hermanos.

La debilidad del rey provocó que el gobierno estuviera en mano de poderosos personajes de su entorno, como su hermanastro Juan José de Austria o el Padre Nithard. Tras su segundo matrimonio, en el cual la reina Mariana fingió once embarazos, se vio con claridad que Carlos iba a fallecer sin herederos. En la corte comenzó una guerra sin cuartel en la que dos partidos se disputaban la herencia del rey en vida. El primero era el borbónico que defendía que el heredero debía ser Felipe de Anjou, nieto del rey Luis XIV y su esposa María Teresa, quien a su vez era hija de Felipe IV de España y hermanastra de Carlos II. La facción era liderada por el arzobispo de Toledo, el cardenal Portocarrero.

Frente a estos se oponían los austracistas. Éstos estaban horrorizados ante la posibilidad de que la corona pasase al nieto del mayor enemigo de España durante el siglo XVII. Propugnaban que la corona debía quedar en la familia Habsburgo y encontraron a su candidato en la figura del archiduque Carlos de Austria, segundo hijo del emperador Leopoldo I. El archiduque tenía en la reina Mariana y en el valido real, el Conde de Oropesa, a sus mayores apoyos.

Los dos partidos protagonizaron toda una guerra de libelos y difamaciones mutuas. Cualquier acontecimiento que ocurriese en el reino sistemáticamente era explotado por las camarillas en su propio beneficio, tal y como ocurrió con el conocido exorcismo que practicaron al rey en 1698. Dos años antes Carlos II, en uno de los pocos actos de cordura que se le recuerdan, intentó acabar con la inestabilidad interna nombrando heredero a su sobrino-nieto: José Fernando de Baviera. El monarca optaba así por una solución de compromiso con la que esperaba satisfacer a los dos partidos. La muerte del pequeño heredero a los siete años de edad en febrero de 1699, algunos insinúan que envenenado, acabó con la esperanza de una salida pacífica y acentuó las rivalidades entre borbónicos y austracistas.

Los primeros aprovecharon la carestía de alimentos para incitar la ira del pueblo contra el Conde de Oropesa. La reina, y el partido austriaco en general, eran vistos con muy malos ojos por el pueblo llano por lo que a los difamadores borbónicos no les costó trabajo lograr su objetivo. Por las calles de la villa de Madrid corrió el rumor de que la esposa del Valido estaba acaparando grano y aceite para especular con ellos y enriquecerse. Los ánimos se caldearon y pronto el pueblo tuvo claro quiénes eran los culpables de la crisis: el Conde de Oropesa y su hombre de confianza y corregidor de la ciudad, don Francisco de Vargas.

Carlos II fue un rey enfermizo y estéril fruto de generaciones de matrimonios consanguíneos. Obra de Juan Carreño de Miranda.

Carlos II fue un rey enfermizo y estéril fruto de generaciones de matrimonios consanguíneos. Obra de Juan Carreño de Miranda.

Un día este último se encontraba paseando por uno de los mercados de Madrid. El lugar estaba lleno de gente, sobre todo de pordioseras que intentaban comprar lo máximo que pudieran con el mísero jornal que ganaban sus esposos. Una de ellas se lanzó furiosa contra el corregidor y le recriminó su falta de medidas ante una situación que había causado que ella, su esposo y sus seis hijos pasasen hambre.

El corregidor se desasió de ella, la miró con un profundo desprecio e irónicamente le aconsejó que la mejor medida que podría tomar era la de castrar a su marido para que no la hiciera tantos hijos. La malévola burla de Vargas fue la chispa que hizo prender una situación ya explosiva. Los que habían escuchado la discusión se precipitaron contra el corregidor para recriminarle sus malos modales. Unos pocos intentaron agredirle y el gobernante de la ciudad se vio obligado a refugiarse en un monasterio, lugar sagrado donde cualquier ataque contra él sería considerado sacrilegio.

La turba estaba furiosa y decidió dirigirse entonces al palacio del Conde de Oropesa bajo el cántico de “Viva el rey, muera el mal gobierno”, escena con la que comenzábamos el artículo. En ningún momento se quería derrocar al rey, considerado gobernante por derecho divino, sino apartarle de sus malos consejeros. Los amotinados se encontraron con que el palacio era protegido por un contingente armado, produciéndose a continuación un enfrentamiento que les costó la vida a varios manifestantes y que abortó su intento de linchar al Valido y quemar su palacio.

La gravedad de los disturbios llegó a oídos del rey que se vio obligado a asomarse, enfermo y decrépito, al balcón del antiguo Alcázar para suplicar perdón a los madrileños. Les aseguró que desconocía sus penosas condiciones de vida y les prometió que tomaría medidas.

El precio de la carne, el pan y el vino bajaron por lo que el paupérrimo nivel de vida de los madrileños mejoró, pero las medidas de mayor trascendencia afectaron a la corte. Los borbónicos sacaron un gran rédito del motín ya que la primera cabeza que éste se cobró fue la del Conde de Oropesa, sustituido como valido por el Cardenal de Portocarrero, principal partidario de Felipe de Anjou. Don Francisco de Vargas cayó junto a su influyente patrono y fue relevado por Francisco Ronquillo, también partidario de la opción francesa para el trono.

La diplomacia de Luis XIV se intensificó aprovechando el momento de mayor influencia de su partido en la corte española. En octubre de 1700 el moribundo Carlos II realizó un segundo testamento en el que nombraba heredero a Felipe. Un mes después falleció dando lugar a la Guerra de Sucesión, pero esa ya es otra historia.

Para saber más

Acuerdos para la división del Imperio Español (páginas 357, 358)

Resumen del reinado de Carlos II

Artículo académico con referencias muy interesantes como la evolución de los precios de 1695 a 1700

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La imagen del día: Felipe V promulga los Decretos de Nueva Planta

Tal día como hoy de 1707 Felipe V promulgó el primero de los Decretos de Nueva Planta. El monarca establecía en él la abolición de los fueros del Reino de Aragón y de Valencia. Se pretendía de esta forma castigarles por su apoyo a la causa del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión. Este Decreto se iría completando posteriormente con otros destinados a especificar las nuevas instituciones y situaciones de los reinos afectados. Felipe V logró avanzar en la centralización del reino, política característica del gobierno de los primeros borbones en España.

Tal día como hoy de 1707 Felipe V promulgó el primero de los Decretos de Nueva Planta. El monarca establecía en él la abolición de los fueros del Reino de Aragón y de Valencia. Se pretendía de esta forma castigarles por su apoyo a la causa del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión. Este Decreto se iría completando posteriormente con otros destinados a especificar las nuevas instituciones y situaciones de los reinos afectados. Felipe V logró avanzar en la centralización del reino, política característica del gobierno de los primeros borbones en España.