Las primeras expediciones atlánticas

Conocidas son las famosas expediciones marítimas que llevaron a portugueses y castellanos a extender el mundo conocido para los europeos durante el siglo XV. Los lusos tardaron toda la centuria en lograr circunnavegar África, gesta consagrada en 1488 cuando Bartolome Dias dobló el Cabo de las tormentas -actual Cabo de Buena Esperanza-. En 1496 Portugal lograría establecer una ruta comercial directa con el rico mercado especiero de la India evitando al intermediario musulmán y al tan temido turco. Más tarde los lusos continuarían viajando al este para dominar las Islas de las Especias, las grandes productoras de este “petróleo” del Renacimiento. Con ello los portugueses se convirtieron en los grandes gestores de la producción y comercio de las especias desplazando a Venecia, que las obtenía gracias a sus intercambios con Egipto. Castilla al financiar el viaje de Colón se aseguró el dominio de un inmenso continente con una dificultosa orografía, pero plagado de riquezas.

¿Qué fue lo que llevó a los europeos a querer ampliar sus horizontes? Varios expertos han incidido en lo que califican como “el mundo lleno europeo”. A finales del siglo IX dio comienzo una larga etapa expansiva que llevaría a Europa a alcanzar unos 85 millones de habitantes antes del inicio de la Peste Negra. Según datos proporcionados por Fermín Miranda García, en Siena y Florencia murieron la mitad de sus habitantes. Idéntico porcentaje tenemos en París mientras que en Normandía la mortalidad alcanza un 75%. Sin embargo, a finales del siglo XIII tenemos una Europa próspera en la que el hambre era un recuerdo del pasado y en la que el techo demográfico aún parecía lejos de alcanzarse. Toda vez que la agricultura europea tenía una productividad ínfima, la solución para alimentar a una cantidad creciente de personas fue la de ocupar nuevas tierras. La disponibilidad de espacio, sin embargo, era limitada. Ello habría llevado a los europeos a codiciar los fértiles campos de lejanos lugares.

Otro de los factores que pudieron influir en este proceso fue el precoz final de la Reconquista portuguesa, acabada en el primer tercio del siglo XIII. Sin tierras que ganar hacia el sur y tras la hegemonía alcanzada por la corona castellana tras la unificación con el trono de León, Portugal terminará reorientando su política exterior hacia la conformación de un dominio de ultramar. Cabe subrayar que este fue un largo proceso de redefinición. La nobleza fue una de las partes interesadas en dicha expansión. El final de la Reconquista llevará al estamento a un enfrentamiento con la monarquía por el control de las cuotas de poder. La unificación contra el enemigo exterior musulmán, que además otorga a la lucha un aura de cruzada, pacificará a la nobleza. La crisis del siglo XIV había golpeado duramente al grupo, por lo que verá en la expansión una forma de recuperar rentas perdidas y conseguir cargos políticos -tal fue el caso de Afonso de Albuquerque, quien obtuvo el puesto de gobernador de las posesiones portuguesas en la India-.

Cabe citar también el impacto que tuvieron en el imaginario europeo los relatos de las maravillas vistas por aquellos audaces viajeros que se atrevieron a adentrarse en mundos desconocidos. Fue el caso del célebre Marco Polo, pero también de libros como Viajes de Juan de Mandeville, obra que, pese a su carácter ficticio, cautivó las mentes de sus lectores. En el caso musulmán, el viajero más célebre es Ibn Battuta, quien llegó a visitar un amplio territorio que abarca desde Mali hasta la India. Para no alargarnos demasiado baste mencionar también la leyenda del Preste Juan, un exótico y legendario rey-sacerdote cuyo dominio se situaba en Oriente. De él se decía que era un buen cristiano rodeado de musulmanes y que ayudaría a las tropas cruzadas a recuperar Tierra Santa atacando desde el este. Tras alguna embajada infructuosa que trató de localizar el reino del Preste en Asia, los portugueses identificaron el territorio del legendario monarca con la cristiana Etiopia.

Todas estas historias espolearon la curiosidad de los europeos, quienes comenzaron a preguntarse qué había más allá del mundo que ellos conocían. Pese a las imprecisiones, los relatos de los viajeros fueron de gran utilidad. La monarquía portuguesa no dudó en recurrir a los viajeros Alfonso de Paiva y Pero da Covilha, quienes habían viajado a la India vía Egipto, para preparar la expedición de Vasco da Gama hacia el subcontinente indio.

La apertura del Estrecho de Gibraltar durante el siglo XIII contribuyó al proceso. El anterior dominio musulmán de las dos orillas del Estrecho lo convertían en un paso peligroso. Tras la conquista de la orilla norte por los cristianos, ciudades como Venecia y Génova se atrevieron a enviar navíos hacia Flandes, lo cual llevaría, en último término, al progresivo declive de las grandes ferias de la región de Champaña.

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Como se puede apreciar, los conocimientos del litoral atlántico africano eran muy imprecisos, si bien sabían de la existencia de islas cercanas a la costa. Tabla rogeliana, 1154.

Los comerciantes genoveses tuvieron un papel muy activo en el litoral sudoccidental de la Península ibérica y, especialmente, en Portugal. La posición geográfica de la región era perfecta para enviar expediciones financiadas por los genoveses con vistas a ampliar el comercio. Los hermanos Vivaldi en una fecha tan temprana como finales del siglo XIII se atrevieron a adentrarse en el Atlántico al mando de dos galeras, la Allegranza y la San Antonio. Su objetivo era circunnavegar África para llegar a la India. Una empresa ambiciosa que presumiblemente les costó la vida, ya que nunca se volvió a saber de ellos. Este caso ilustra uno de los obstáculos con los que se encontraron los pioneros del Atlántico: la falta de medios. La aparición de la brújula o el astrolabio facilitaban la orientación, pero la galera era una nave totalmente inadecuada para la navegación atlántica. Habría que esperar hasta el siglo XV para que apareciese una embarcación más adecuada para este menester: la carabela.

No obstante, esto no quiere decir que no hubiese éxitos. A comienzos del siglo XIV el genovés Lancelotto Malocello redescubrió las Canarias, ya conocidas por el mundo romano. El también genovés Pessagno descubrió Madeira (1341) y las Azores. Estos descubrimientos originaron una pugna entre Castilla y Portugal por el dominio de las islas. Madeira y Azores fueron ocupadas por los lusos durante el siglo XV. El caso canario fue diferente y se llegó a discutir en el Concilio de Basilea de 1435. En un principio el papado adjudicó las islas a Luis de la Cerda, el almirante francés de origen castellano. Sin embargo, la ocupación efectiva de las islas no comenzaría hasta el siglo XV al mando de señores normandos que decidieron jurar vasallaje a la corona de Castilla.

No se puede terminar esta entrada sin hacer referencia a los conocimientos geográficos de los mallorquines. Su experiencia comercial les había llevado a Safi, una localidad costera al sur de Casablanca. Conocían la existencia del reino de Mali, lo cual avala un dominio sólido de la geografía de la región. Igual que en el caso de los Vivaldi, trágico fue el destino del comerciante Jaume Ferrer, quien desapareció en 1346 tras cruzar el cabo Bojador casi cien años antes que los portugueses. Pioneros que proporcionaron las primeras informaciones precisas para que posteriores marinos, ya dotados de mejores medios técnicos y naves más apropiadas, pudieran continuar con la exploración de todo el orbe.

Para saber más

Morales Padrón, F.: “Los descubrimientos en los siglos XIV y XV, y los Archipiélagos Atlánticos“. Anuario de estudios atlánticos, 17 (1971), pp. 429-465.

El mítico reino de Preste Juan.

La conquista de las Islas Canarias.

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Felipe III el Bueno, Van der Weyden

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El retrato de Felipe III el Bueno es un óleo sobre tabla realizado por el taller del pintor Rogier Van der Weyden hacia 1450. El original está perdido pero se conservan copias como esta, en el Museo de Bellas Artes de Dijon (Francia). Felipe el Bueno fue el tercer Duque de Borgoña entre los años 1419-1463. En la Guerra de los Cien Años se alió con los ingleses y fue uno de los mayores impulsores del Tratado de Troyes de 1420, por el cual se nombraba a Enrique V de Inglaterra como heredero del trono francés cuando muriese Carlos VI de Francia. Fue el fundador de la Orden del Toison de Oro, con el cual se le muestra en la escena.

Los frescos de San Baudelio de Berlanga

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Por frescos de San Baudelio de Berlanga nos referimos al conjunto de pinturas murales que recubrían la soriana iglesia de San Baudelio de Berlanga, construida a finales del siglo XI y en ocasiones llamada la “Capilla Sixtina” del Románico. La obra, en un lenguaje que oscila entre el colorido del fondo y la imaginación de las figuras, estaba compuesta por temas sacros y profanos. Gran parte de los frescos fueron trasladados el siglo pasado a museos estadounidenses. Lo que podemos ver en España es un depósito ingresado por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York a cambio de la entrega del ábside de San Martín de Fuentidueña. El fresco de la imagen muestra a un elefante cargando sobre su lomo un castillo. Ello ilustra el progresivo olvido y desfiguración que ocuparon la mente de los ilustradores, que jamás habían visto un elefante. Para el imaginario de la Europa medieval eran bestias formidables que fueron representadas de muy variadas formas. Los frescos que están en España pueden verse en el Museo del Prado.

Lázaro

Resurrección de Lázaro.

Dromedario

Fresco de un dromedario.

Cacería de liebres

Cacería de liebres.

Las Segundas Invasiones Bárbaras: los húngaros

A principios del siglo IX de Nuestra Era, el mundo parecía estar entrando en una época de prosperidad liderada por el pujante Imperio Carolingio, que había recuperado el Imperio para Occidente. Desgraciadamente para ellos, las rivalidades entre los herederos de Carlomagno y los ataques de las Segundas Invasiones Bárbaras, oleadas invasoras de pueblos del este y el norte entre los que se encontraban los húngaros y los vikingos, vinieron a segar aquella prosperidad y retrasar el crecimiento de Europa Occidental durante un par de siglos.

Originalmente los húngaros o magiares residían al oeste del río Ural y eran una federación de tribus. Comenzaron entonces un lento desplazamiento que les llevó al valle medio del río Volga. Allí entraron en contacto con tribus turcas de las que adoptaron prácticas y hábitos nómadas. Su primera incursión en territorio centroeuropeo está datada en 862.

Los magiares se convirtieron en una pieza más del juego de ajedrez que los bizantinos mantenían con sus vecinos. El mayor rival en Europa del Imperio Romano de Oriente por esta época eran los búlgaros, por aquel entonces paganos que residían en lo antigua provincia de Moesia. El emperador de Oriente animó a los magiares a marchar contra los búlgaros, pero estos reaccionaron convenciendo a los pechenegos para que atacasen a los magiares. Todo ello motivó un nuevo desplazamiento húngaro hacia Occidente.

Los húngaros se instalaron en la antigua Panonia, que convirtieron en base de operaciones para lanzar ataques de saqueo y pillaje contra sus vecinos. Desde allí persiguieron y torpedearon a los misioneros alemanes enviados a la Europa del Este con el fin de cristianizarla. Los continuos ataques magiares se convirtieron en un dolor de cabeza para todos sus vecinos.

Europa por aquel entonces carecía de un gobernante fuerte que pudiera defenderles. El Imperio Carolingio se vino abajo a la misma velocidad a la que los herederos de Carlomagno se peleaban por el poder. La feudalización comenzó a hacer acto de presencia en el Occidente europeo y los campesinos, indefensos ante la ferocidad de los ataques, recurrieron a la protección de las autoridades locales (obispos y condes).

Arnulfo de Carintia, emperador de lo que quedaba del Imperio Carolingio, contrató los servicios húngaros para atacar a la Gran Moravia, un efímero imperio eslavo que ocupaba gran parte de la Europa Central. Se estima que durante los primeros años tras su establecimiento en la región, los húngaros lanzaron cuatro expediciones contra Bizancio y nada menos que treinta y cinco contra el Occidente europeo. La dureza y violencia producida por los magiares ha pasado al lenguaje castellano debido al fuerte impacto que produjeron en la época, plasmado en las crónicas. El vocablo ogro proviene de la palabra húngaro.

Batalla de Lechfeld en una ilustración de Sigmund Meisterlin, Codex de la historia de Nuremberg.

Batalla de Lechfeld en una ilustración de Sigmund Meisterlin, Codex de la historia de Nuremberg.

Tras destruir la Gran Moravia, los húngaros continuaron con sus ataques contra Occidente llegando hasta la Península Ibérica. Enrique el Pajarero, rey de Germania, pudo al fin detener los ataques húngaros tras derrotarles en la Batalla de Merseburgo (933). Los magiares estaban comenzando a abandonar su estilo de vida tradicional basado en el nomadismo y en el pillaje.

Otón I, hijo de Enrique el Pajarero, fue el hombre fuerte que necesitaba Occidente. Tras asegurarse el poder efectivo en Alemania y lograr para sí la corona de Italia, Otón fue coronado emperador. Se fundaba de esta manera el Sacro Imperio Romano Germánico. Como hombre fuerte de la cristiandad, Otón se tomó muy en serio el problema de Hungría.

Tras reunir ocho mil hombres, Otón hizo frente a los magiares en una región situada cerca de la actual Augsburgo. Allí, comandando una de las ocho divisiones de su ejército, esperó al ataque húngaro. Estos cruzaron el río Lech y se lanzaron contra las huestes germánicas sufriendo una gran derrota. Esta batalla pasó a la historia como la Batalla de Lechfeld (955) y constituyó el final de la primera etapa de la historia húngara.

Tras su derrota los magiares aceleraron el proceso de sedentarización convirtiéndose en un reino más de la Cristiandad. El azote de Europa se convirtió en el escudo de Europa. Los húngaros se mezclaron con los habitantes germanos y eslavos de la antigua Panonia configurando un nuevo reino, cuya cabeza eran los descendientes del legendario rey Arpad.

El príncipe Geza (972-997) convirtió Hungría en un principado y aceptó las primeras misiones cristianas en sus dominios. Su sucesor fue Esteban (997-1038), rey apostólico de Hungría (desde entonces la corona húngara se llamó “la corona de san Esteban), al convertirse al cristianismo y recibir como recompensa la corona. Hubo intentonas por parte de algunos nobles por volver al paganismo, pero Hungría se convirtió desde aquel momento en el escudo de Europa capaz de frenar a los mongoles en el siglo XIII o a los otomanos en el XVI.

Para saber más

Segundas invasiones bárbaras

Esteban I de Hungria

Los otónidas

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El nacimiento de Venus, Sandro Botticelli

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El nacimiento de Venus es una obra realizada por el artista florentino Sandro Botticelli en 1484. Está realizada con témpera sobre lienzo. Como obra Renacentista, recupera algunos de los cánones del arte antiguo como el desnudo femenino. La diosa Venus llega a la isla de Cítera sobre una concha empujada por los dioses alados. La espera para taparla la ninfa de la Primavera. Venus es representada al modo de las Venus Púdicas de la época antigua: trata de taparse el pecho mientras su pelo cubre sus partes íntimas. La diosa supone el centro de la composición y la belleza y armonía de sus rasgos embelesan al espectador. Tradicionalmente se ha creido que la obra fue encargada por los Médici, mecenas florentinos muy relacionados con el neoplatonismo, filosofía que tratan de plasmar con un programa iconográfico. Estudios recientes ponen en duda esta afirmación. La obra se puede ver en La Galería de los Uffizi, Florencia.

Tapiz de Bayeux

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La obra de hoy es el Tapiz de Bayeux, una obra colosal realizada en el siglo XI. Sus autores se desconocen. El tapiz es un gran bordado de casi 70 metros de largo en el que se narran los hechos previos a la conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el Conquistador, hechos que culminan en la Batalla de Hastings de 1066. La obra incluye diversas escenas indicadas con su título en latín. Nos referimos a colosal no sólo por el gran tamaño del tapiz, sino por la minuciosidad con la que éste fue realizado. Incluye más de 600 personajes, 202 caballos y mulas, 41 navíos…Las figuras además presentan un naturalismo que ya indica el camino que seguirán las artes figurativas a finales de la Edad Media. La escena escogida representa a Harold el Sajón cruzando el Canal de la Mancha. El tapiz se conserva en el Musée de la Tapisserie de Bayeux, en Normandía. Puedes verlo completo aquí. Bayeux Tapestry, Bayeux / Personal picture taken by user Urban, February 2005, Wikicommons.

Carlos de Viana, el príncipe desdichado

Carlos de Viana (1421-1461) fue el primogénito de Juan II de Aragón y Blanca I de Navarra. De no haber sido por su pronta muerte, tal vez acelerada por su madrastra, Fernando el Católico, primogénito del segundo matrimonio de Juan II de Aragón, se hubiese tenido que conformar con ser un infante o, tal vez, el rey de Sicilia. No habría habido Reyes Católicos y, por tanto, la historia de España habría cambiado.

Carlos nació en Peñafiel, Valladolid. Desde su nacimiento las esperanzas navarras se depositaron en él, ya que era nieto del rey Carlos III de Navarra e hijo de la futura Blanca I. Por parte paterna sus aspiraciones al trono aragonés estaban más diluidas, ya que su padre Juan era simplemente el hermano menor del rey Alfonso V, un hombre joven del que se esperaba descendencia más pronto que tarde.

Su abuelo Carlos III de Navarra le concedió el Principado de Viana señalándole como heredero después de su madre. A la muerte del rey en 1425, Blanca se convirtió en la reina de Navarra pero fue una monarca débil. Igual que le ocurrió a la célebre Juana la Loca, Blanca fue un títere en manos de su marido Juan, quien aspiraba a la realeza pese a su papel de rey consorte. El rey fue quien manejó los asuntos de estado y metió al reino en guerras contra Castilla para satisfacer sus intereses y ambiciones personales aun perjudicando los de Navarra. Estamos en una época en la que Castilla sufrirá permanentes intromisiones de los infantes de Aragón, primos de los reyes Trastámara castellanos.

Blanca falleció en 1441. Según las leyes tradicionales de Navarra, Carlos de Viana debía convertirse en el nuevo rey. Su madre, conocedora de las ambiciones de su marido, quiso evitar el conflicto fratricida y en su testamento pidió a su hijo que no asumiese el título de rey sin el consentimiento de su padre. Carlos optó a regañadientes por ocupar la lugartenencia del reino.

Con el paso de los años las rivalidades entre padre e hijo aumentaron. Juan quería seguir gobernando los asuntos navarros hasta su muerte mientras que Carlos reivindicaba sus legítimos derechos como sucesor de su madre. Juan contrajo matrimonio por segunda vez en 1447 con Juana Enríquez, una noble castellana emparentada lejanamente con el rey Juan II de Castilla. El fruto de aquella boda fue el futuro Fernando el Católico.

La nueva esposa de Juan, que quería favorecer a su hijo, alentó a éste contra Carlos. A su vez, la intromisión de Juan en los asuntos navarros fue en aumento. El momento de debilidad política y militar de Juan tras su derrota en la Batalla de Olmedo y el ofrecimiento de ayuda castellana determinaron a Carlos a romper con su padre. Carlos reclutó un ejército y declaró la guerra a Juan a la vez que en la corte estallaba una guerra civil en la que los beaumonteses apoyaron a Carlos y los agramonteses a Juan.

Pese a la ayuda castellana, Carlos fue derrotado y apresado. Tuvo que prometer no ostentar la corona de Navarra hasta la muerte de su padre por la Concordia de Valladolid de 1455, que además ponía fin a los litigios entre Castilla y Aragón. El Príncipe de Viana no tardó mucho en romper su palabra y volver a enfrentarse con las armas a su padre en el campo de batalla. Derrotado de nuevo y desheredado junto a su hermana Blanca por el apoyo que ésta le prestó, hubo de huir al exilio en Nápoles, donde Alfonso V, su tío y rey de Aragón, tenía establecida la corte.

Carlos de Viana gozó del apoyo popular en Navarra y Cataluña. Su muerte provocó una guerra civil en Cataluña. Códice medieval.

Carlos de Viana gozó del apoyo popular en Navarra y Cataluña. Su muerte provocó una guerra civil en Cataluña. Códice medieval.

Alfonso V murió en 1458 sin descendencia pero antes obligó a Juan a revocar el desheredamiento de Carlos y Blanca. Juan pudo al fin ser coronado rey de Aragón, lo que convertía a Carlos de Viana en rey legítimo de Navarra y heredero a la corona aragonesa. Su padre, quien no tenía el menor interés en Italia, le ofreció entonces las coronas de Nápoles y Sicilia para apaciguarle. Carlos declinó el ofrecimiento por lo que la corona napolitana pasó al hijo bastardo de Alfonso V, el rey Ferrante.

Juan permitió volver a Carlos a la Península Ibérica en 1459. Padre e hijo se reconciliaron y se comenzó a buscar un matrimonio ventajoso para Carlos, quien ya se acercaba a los cuarenta años y no tenía herederos pese a haber estado ya casado años antes. Carlos reparó en una princesa de Castilla, hermana del rey Enrique IV: Isabel de Trastámara, la futura Isabel la Católica.

Juan quería que la princesa se casara con su hijo Fernando, por quien sentía predilección, por lo que se volvió a pelear con Carlos. El Príncipe de Viana fue apresado y llevado a la prisión de Morella. Ello despertó la oposición de los catalanes y navarros que se levantaron contra Juan II, por lo que el rey hubo de ceder y poner a su hijo en libertad. Entonces comprendió la peligrosa arma política que suponía Carlos de Viana.

El príncipe entró aclamado en Barcelona donde fue jurado como heredero a la Corona de Aragón y lugarteniente perpetuo de Cataluña. Mientras se hospedaba en el Palacio Real de Barcelona, Carlos cayó enfermo. Hubo sospechas de envenenamiento por parte de Juana Enríquez que quería que la herencia recayese en su hijo Fernando. Carlos de Viana, rey legítimo de Navarra y heredero de la Corona de Aragón, murió el 23 de septiembre de 1461, oficialmente por tuberculosis. La muerte del príncipe dio inicio a una guerra civil en Cataluña.

El resto de la historia es sobradamente conocida. Fernando se convirtió en el heredero de la Corona de Aragón, la cual ocupó a partir de 1479. Contrajo matrimonio con Isabel la Católica y juntos unificaron los dos reinos. Curioso reseñar que en principio ni Fernando ni Isabel estaban llamados a ser reyes. La corona navarra pasó en 1479 a Leonor, única hija superviviente para entonces del matrimonio de Juan II y Blanca I. Su reinado fue efímero, murió un mes después de ser coronada.

El título de Príncipe de Viana da nombre a un premio cultural de Navarra, debido al activo mecenazgo de las artes que ejerció Carlos de Viana como príncipe renacentista, y en la actualidad lo ostenta Leonor de Borbón como heredera de los reinos que formaron España.

Para saber más

La dinastía Evreux en Navarra

El reinado de Juan II de Aragón

La conquista de Navarra

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La guerra de las reinas: Brunichilde contra Fredegunde

A principios de la Edad Media, salvo en momentos muy puntuales, la actual Francia se encontraba dividida. El concepto de herencia patrimonial de los reyes merovingios causó que dividieran sus estados entre todos sus hijos, debilitando el poder real y provocando numerosas guerras civiles entre hermanos para reunificar los territorios y hacerse con la hegemonía. Los más importantes de estos reinos fueron Austrasia, en el este, y Neustria, al oeste.

En 566 d.C. el rey Sigiberto, de Austrasia, contrajo matrimonio con Brunichilde, hija de nuestro visigodo Atanagildo. La nueva reina era bella, inteligente y culta. El hermano de Sigiberto y rey de Neustria, Chilperico, enviudó por aquellas fechas. Viendo lo noble y digna que era su cuñada decidió casarse con su hermana mayor, la princesa Galsvinta.

El matrimonio fue infeliz. Galsvinta reprochaba al rey sus infidelidades y amenazó con huir a la Península Ibérica en repetidas ocasiones. Entre las amantes del rey sobresalía una por su gran ambición y astucia: Fredegunde. Ésta quería ser reina de Neustria y animó a Chilperico a deshacerse de su esposa. Un día, Galsvinta amaneció muerta en su lecho.

La corte de Austrasia inmediatamente señaló a Fredegunde. Brunichilde juró odio eterno a aquella concubina que usurpaba la dignidad de reina de Neustria que había correspondido en vida a su hermana. Sigiberto amenazó a Chilperico con declararle la guerra, pero éste le entregó parte de sus territorios como precio de sangre.

Años después estalló la guerra fratricida en la que también intervino el tercero de los hermanos reales, Guntram, rey de Borgoña. Mientras los ejércitos reales se batían en los campos de batalla, empezó una guerra de dagas y venenos en las cortes de Neustria y Austrasia. Fredegunde envió sicarios con puñales envenenados para asesinar a Brunichilde y al pequeño Childeberto, heredero de Austrasia.

Las crónicas cuentan que Fredegunde era una mujer sádica a la que le gustaba torturar a sus enemigos antes de darles muerte. Gregorio de Tours la califica como “Enemiga de Dios y de los hombres”. Una de las leyendas sobre la sed de sangre de la reina afirma que también intentó asesinar a su propia hija y que envió emisarios para acabar con la vida del rey Guntram.

En invierno de 575 d.C. parecía que el rey Sigiberto se había alzado con la victoria tras tomar París. Chilperico tuvo que refugiarse con su familia en Tournai. Lo que al rey de Neustria no le habían dado sus ejércitos se lo dio su esposa. Mientras Chilperico estaba en París, asesinos enviados por Fredegunde pusieron fin a la vida de Sigiberto. Neustria había ganado.

Chilperico se apoderó del reino de su hermano y obtuvo una gran parte del territorio de la actual Francia. Trató de asesinar al pequeño Childeberto, su sobrino y heredero al trono de Austrasia, pero éste logró huir ayudado por la aristocracia fiel a Sigiberto. El destino de Brunichilde fue un convento.

La reina viuda intentó escapar de su cautiverio para lo que tuvo que recurrir a acuerdos políticos. Acordó su matrimonio con Merovec, hijo de Chilperico.  Cuando el rey se enteró de que su primogénito se había casado con su mayor enemiga entró en cólera. Le apartó de la sucesión, le tonsuró y ordenó su ingreso en la vida religiosa. Más tarde, él o Fredegunde ordenaron la muerte del joven.

Brunichilde ya había huido para entonces. Se refugió en la corte de Borgoña protegida por su cuñado Guntram, quien también adoptó a su sobrino Childeberto como heredero. Quedaba así fraguada una alianza anti-Chilperico pero sobre todo anti-Fredegunde. En 584 Chilperico murió apuñalado en su palacio, algunos apuntan que por orden de Fredegunde para ocultar una infidelidad, mientras otros señalan a Brunichilde.

Chilperico había dejado cuatro hijos. Clotario, de apenas unos meses, Merovec, apartado de la sucesión y posteriormente asesinado, Teudeberto, muerto en batalla años atrás, y Clodoveo, estrangulado tras ser acusado por hechicería. La mano de Fredegunde estuvo detrás de este último crimen ya que quería ver a su propio hijo, el futuro Clotario II, convertido en rey.

Fredegunde y su hijo Clotario II, aún un niño pequeño, liderando el ejército de Neustria que va a enfrentarse con Childeberto II.

Fredegunde y su hijo Clotario II, aún un niño pequeño, liderando el ejército de Neustria que va a enfrentarse con Childeberto II.

Tras la muerte de su esposo, Fredegunde se refugió con su hijo en una iglesia de París. Childeberto II exigió a los religiosos que entregasen a la reina para pagar por sus crímenes, incluyendo el asesinato de su padre, pero Guntram la dispensó su protección. Amparada por su cuñado, Fredegunde pudo ser regente de Neustria hasta la mayoría de edad de su hijo Clotario.

Las leyendas sobre los crímenes de Fredegunde son numerosas. Una de ellas afirma que ordenó el asesinato del obispo Pretextato, uno de sus enemigos políticos. El religioso fue apuñalado en su iglesia pero no murió sino que quedó malherido. La regente fingió interés y fue a verle. Además envió a los médicos de la corte para que no recibiese otra atención que pudiera salvarle la vida. Pretextato la acusó del crimen pero Fredegunde hizo como si el obispo se hubiese referido a otra persona.

Fredegunde envió nuevos asesinos para atentar contra la vida de Brunichilde y Childeberto II. Éste acordó con su tío Guntram en 587 que el que muriese antes le dejaría su reino al otro. Guntram falleció en 593 y Childeberto II se convirtió en rey de Austrasia y Borgoña. Su reinado fue corto, ya que Childeberto II murió dos años después dejando sus reinos a sus dos hijos, aún niños.

Fredegunde aprovechó este momento de inestabilidad para invadir Austrasia y vencer a su ancestral enemiga, la reina Brunichilde. No vería la paz, ya que falleció en 599 de disentería. Tras toda una vida de asesinatos y envenenamientos ella falleció de enfermedad en su cama.

Tras el fin de las hostilidades Brunichilde gobernó como regente en nombre de sus nietos. Instigó a uno de ellos, Teudeberto, contra su hermano Teuderico. Los hermanos lucharon juntos mientras persistió la amenaza de Clotario en Neustria, pero finalmente Teudeberto murió asesinado por orden de su hermano.

Teuderico murió poco después, en 613. Brunichilde intentó proclamar rey a su bisnieto Sigiberto II, de diez años, pero la nobleza de Austrasia le traicionó y se pasó en masa al partido de Clotario II. Éste ordenó la muerte del pequeño y se hizo con la corona de Austrasia pero también logró capturar a Brunichilde.

La anciana reina, tenía ya 70 años, fue sometida a tortura durante tres días. Su ejecución fue cruel y dolorosa, atada a la cola de un caballo que la arrastró hasta la muerte. Sus huesos fueron quemados y toda su descendencia eliminada a excepción de un príncipe llamado Merovec, ahijado de Clotario II. Finalmente, la guerra entre dos mujeres fue ganada medio siglo después por el hijo de una de ellas.

Para saber más

Breve historia de los Merovingios. Los orígenes de la Francia medieval. Ernest Bendriss.

Clotario II

Clodoveo, patriarca de los Merovingios

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