Sagrada Familia del pajarito, Murillo

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La Sagrada Familia del pajarito es un óleo sobre lienzo realizado por el artista español Bartolomé Esteban Murillo hacia 1650. En la obra, el niño Jesús, idealizado, juega con el perro mientras sujeta en su mano un pequeño pajarito. El artista da mucha importancia a la figura de San José, protagonista y partícipe del juego del pequeño Jesús, mientras la Virgen permanece en un discreto segundo plano tejiendo y contemplando la escena. La obra se convirtió en una de las pinturas más idílicas sobre la Sagrada Familia. Actualmente se puede contemplar en el Museo del Prado. Click para ampliar.

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La reina Zenobia ante el emperador Aureliano, Tiepolo

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La reina Zenobia ante el emperador Aureliano es una pintura histórica realizada por el artista veneciano Tiepolo. No se puede considerar Neoclásica sino más bien uno de los últimos vestigios del Barroco. La obra muestra una escena que tuvo lugar en el siglo III. Los gobernantes de la ciudad de Palmira aprovecharon las dificultades del Imperio Romano para proclamar un estado independiente que recibió el nombre de Emirato de Palmira y gobernó sobre gran parte del Oriente romano. El emperador Aureliano logró restablecer el orden y derrotar y apresar a la reina de Palmira, Zenobia, que fue llevada a Roma donde fue tratada con gran dignidad. Como es característico de las obras de Tiepolo, los personajes llevan ropajes del siglo XVIII y Aureliano está ataviado con una armadura de estilo renacentista. La obra se puede ver en el Museo del Prado. Click para ampliar.

La Crucifixión de San Pedro, Caravaggio

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La Crucifixión de San Pedro es un óleo sobre lienzo realizado por el artista italiano Caravaggio en 1601. La obra es de estilo Barroco y muestra varios de los elementos que caracterizaron al autor, como el gran contraste entre las sombras del fondo y la luz que parece emanar del santo o los modelos mundanos que se alejan de la idealización renacentista. Estas también son algunas de las características del Barroco. El eje compositivo del lienzo tiene forma de X con las aspas formadas por San Pedro y el romano que sujeta los pies del madero en contraposición con las otras dos figuras que se afanan en alzar la cruz. La escena representa la crucifixión de San Pedro, quien pidió ser crucificado por los pies para no morir de la misma forma que Jesucristo. La obra se puede ver en la Basílica de Santa María del Popolo, en Roma.

La carta, Vermeer

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La carta es una obra realizada por el artista holandés Johannes Vermeer entre 1669 y 1670. Nos representa el ambiente burgués característico de una sociedad mercantilista como la de los Países Bajos. A diferencia de Europa, allí los burgueses pronto alcanzaron una primacía y una importancia social que les convirtieron en los mejores clientes de una pintura que se aleja de lo cortesano para retratar temas profanos. La obra se puede clasificar como costumbrista, su intención no es narrar grandes historias mitológicas o religiosas, sino simplemente plasmar la vida cotidiana de las clases pudientes de la época. El artista pinta la escena desde un pequeño cuarto mostrando al espectador una escena intimista a la que no está invitado. Esa sensación se logra mediante la poca luz del cuartillo y una serie de obstáculos visuales como puede ser la escoba del primer término. La dama reflejada lee una carta de amor que le muestra a su sirvienta. El cuadro se puede ver en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

Cristo crucificado, Velázquez

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Cristo crucificado, de Diego Velázquez (h. 1632). La obra sobrecoge al espectador mostrando con gran solemnidad a un Cristo ya muerto en la cruz. Encima de ésta podemos leer el cartel aclamando a Jesucristo como rey de los judíos. El fondo negro de la imagen contrasta con la luz que parece emanar del cuerpo de Cristo, de su auréola y del blanco de su paño de pureza, que tiene un tratamiento soberbio. El claroscuro es característico del Barroco, corriente en la cual se encuadra el autor. Jesucristo es representado con mucha serenidad y nobleza y su desnudo es presentado de forma magistral. La obra despertó polémica en su tiempo por el hecho de que Velázquez pintó a Cristo cruficado por medio de cuatro clavos. Normalmente era representado con tres estando los pies unidos por uno. La obra se enmarca en el programa iconográfico de la Contrarreforma: se pretende demostrar que la Iglesia Católica es la verdadera representante del Cristianismo. El cuadro se halla en el Museo del Prado. Click para ampliar.