La boda pueblerina, Greuze

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La boda pueblerina es un óleo sobre lienzo realizado por el artista francés Jean-Baptiste Greuze en 1761. La obra del pintor encaja en la línea del Rococó francés, un arte del gusto cortesano de la época que presentaba escenas idílicas y hermosas. Los delicados gestos de los personajes y su elegancia intrínseca son el reflejo de esta corriente artística. El lienzo puede ser dividido en dos: las mujeres a la izquierda con sus vestimentas coloridas y brillantes, representantes del mundo de la aristocracia provinciana. A la derecha, con ropajes oscuros, está el mundo de la administración, las leyes y un estado que intenta expandirse hacia el mundo rural. La obra se puede ver en el Museo del Louvre, París, Francia.

La reina Zenobia ante el emperador Aureliano, Tiepolo

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La reina Zenobia ante el emperador Aureliano es una pintura histórica realizada por el artista veneciano Tiepolo. No se puede considerar Neoclásica sino más bien uno de los últimos vestigios del Barroco. La obra muestra una escena que tuvo lugar en el siglo III. Los gobernantes de la ciudad de Palmira aprovecharon las dificultades del Imperio Romano para proclamar un estado independiente que recibió el nombre de Emirato de Palmira y gobernó sobre gran parte del Oriente romano. El emperador Aureliano logró restablecer el orden y derrotar y apresar a la reina de Palmira, Zenobia, que fue llevada a Roma donde fue tratada con gran dignidad. Como es característico de las obras de Tiepolo, los personajes llevan ropajes del siglo XVIII y Aureliano está ataviado con una armadura de estilo renacentista. La obra se puede ver en el Museo del Prado. Click para ampliar.

El Parnaso, Mengs

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El Parnaso es una obra realizada por el pintor neoclásico Anton Raphael Mengs en el año 1761. El autor rescata temas de la antigüedad clásica y su estilo manifiesta una evidente idealización que recuerda a la de los pintores del Renacimiento. Concretamente, Mengs siempre admiró a Rafael Sanzio, quien también realizó una obra sobre El Parnaso y al cual aquí busca imitar. La columna dórica del centro de la imagen refleja esa admiración recuperada por la cultura griega. En la mitología griega El Parnaso era el lugar donde se reunían las musas y Apolo, protector de los poetas. Podemos ver al dios en el centro de la composición sujetando una lira, símbolo de la poesía y el canto, rodeado por las nueve musas. El Neoclasicismo también muestra un gran gusto por los ángulos rectos y la emisión de mensajes morales a sus espectadores, algo que desarrollará sobre todo el gran pintor de la Revolución: David. El Parnaso se puede ver en el Museo del Hermitage, en San Petesburgo.

La muerte de Marat, David

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La muerte de Marat, del pintor francés David (1793). La obra narra el asesinato de Marat, uno de los políticos más conocidos de los Jacobinos, grupo exaltado de la Revolución Francesa. Su asesinato fue cometido por una joven girondina llamada Carlota Corday en venganza a la expulsión de los diputados moderados de la Convención Nacional. Marat tenía una enfermedad en la piel que le obligaba a tomar baños con frecuencia, momento que fue aprovechado por su asesina. Marat pasó así a ser un mártir de la Revolución. David, partidario de ella, le pinta deificado, como un Cristo que ha dado su vida por el bien de la causa revolucionaria. La pintura recuerda en cierta manera a algunas famosas crucifixiones, como la que colgábamos ayer de Velázquez. El difunto sostiene en sus manos un papel en el que anotaba medidas por el bien del pueblo, por el que siempre velaba. La pasión de Marat es rematada con la dedicatoria del pintor en el escritorio: “A Marat, David”. La obra se expone en el Museo Moderno de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.