Las primeras expediciones atlánticas

Conocidas son las famosas expediciones marítimas que llevaron a portugueses y castellanos a extender el mundo conocido para los europeos durante el siglo XV. Los lusos tardaron toda la centuria en lograr circunnavegar África, gesta consagrada en 1488 cuando Bartolome Dias dobló el Cabo de las tormentas -actual Cabo de Buena Esperanza-. En 1496 Portugal lograría establecer una ruta comercial directa con el rico mercado especiero de la India evitando al intermediario musulmán y al tan temido turco. Más tarde los lusos continuarían viajando al este para dominar las Islas de las Especias, las grandes productoras de este “petróleo” del Renacimiento. Con ello los portugueses se convirtieron en los grandes gestores de la producción y comercio de las especias desplazando a Venecia, que las obtenía gracias a sus intercambios con Egipto. Castilla al financiar el viaje de Colón se aseguró el dominio de un inmenso continente con una dificultosa orografía, pero plagado de riquezas.

¿Qué fue lo que llevó a los europeos a querer ampliar sus horizontes? Varios expertos han incidido en lo que califican como “el mundo lleno europeo”. A finales del siglo IX dio comienzo una larga etapa expansiva que llevaría a Europa a alcanzar unos 85 millones de habitantes antes del inicio de la Peste Negra. Según datos proporcionados por Fermín Miranda García, en Siena y Florencia murieron la mitad de sus habitantes. Idéntico porcentaje tenemos en París mientras que en Normandía la mortalidad alcanza un 75%. Sin embargo, a finales del siglo XIII tenemos una Europa próspera en la que el hambre era un recuerdo del pasado y en la que el techo demográfico aún parecía lejos de alcanzarse. Toda vez que la agricultura europea tenía una productividad ínfima, la solución para alimentar a una cantidad creciente de personas fue la de ocupar nuevas tierras. La disponibilidad de espacio, sin embargo, era limitada. Ello habría llevado a los europeos a codiciar los fértiles campos de lejanos lugares.

Otro de los factores que pudieron influir en este proceso fue el precoz final de la Reconquista portuguesa, acabada en el primer tercio del siglo XIII. Sin tierras que ganar hacia el sur y tras la hegemonía alcanzada por la corona castellana tras la unificación con el trono de León, Portugal terminará reorientando su política exterior hacia la conformación de un dominio de ultramar. Cabe subrayar que este fue un largo proceso de redefinición. La nobleza fue una de las partes interesadas en dicha expansión. El final de la Reconquista llevará al estamento a un enfrentamiento con la monarquía por el control de las cuotas de poder. La unificación contra el enemigo exterior musulmán, que además otorga a la lucha un aura de cruzada, pacificará a la nobleza. La crisis del siglo XIV había golpeado duramente al grupo, por lo que verá en la expansión una forma de recuperar rentas perdidas y conseguir cargos políticos -tal fue el caso de Afonso de Albuquerque, quien obtuvo el puesto de gobernador de las posesiones portuguesas en la India-.

Cabe citar también el impacto que tuvieron en el imaginario europeo los relatos de las maravillas vistas por aquellos audaces viajeros que se atrevieron a adentrarse en mundos desconocidos. Fue el caso del célebre Marco Polo, pero también de libros como Viajes de Juan de Mandeville, obra que, pese a su carácter ficticio, cautivó las mentes de sus lectores. En el caso musulmán, el viajero más célebre es Ibn Battuta, quien llegó a visitar un amplio territorio que abarca desde Mali hasta la India. Para no alargarnos demasiado baste mencionar también la leyenda del Preste Juan, un exótico y legendario rey-sacerdote cuyo dominio se situaba en Oriente. De él se decía que era un buen cristiano rodeado de musulmanes y que ayudaría a las tropas cruzadas a recuperar Tierra Santa atacando desde el este. Tras alguna embajada infructuosa que trató de localizar el reino del Preste en Asia, los portugueses identificaron el territorio del legendario monarca con la cristiana Etiopia.

Todas estas historias espolearon la curiosidad de los europeos, quienes comenzaron a preguntarse qué había más allá del mundo que ellos conocían. Pese a las imprecisiones, los relatos de los viajeros fueron de gran utilidad. La monarquía portuguesa no dudó en recurrir a los viajeros Alfonso de Paiva y Pero da Covilha, quienes habían viajado a la India vía Egipto, para preparar la expedición de Vasco da Gama hacia el subcontinente indio.

La apertura del Estrecho de Gibraltar durante el siglo XIII contribuyó al proceso. El anterior dominio musulmán de las dos orillas del Estrecho lo convertían en un paso peligroso. Tras la conquista de la orilla norte por los cristianos, ciudades como Venecia y Génova se atrevieron a enviar navíos hacia Flandes, lo cual llevaría, en último término, al progresivo declive de las grandes ferias de la región de Champaña.

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Como se puede apreciar, los conocimientos del litoral atlántico africano eran muy imprecisos, si bien sabían de la existencia de islas cercanas a la costa. Tabla rogeliana, 1154.

Los comerciantes genoveses tuvieron un papel muy activo en el litoral sudoccidental de la Península ibérica y, especialmente, en Portugal. La posición geográfica de la región era perfecta para enviar expediciones financiadas por los genoveses con vistas a ampliar el comercio. Los hermanos Vivaldi en una fecha tan temprana como finales del siglo XIII se atrevieron a adentrarse en el Atlántico al mando de dos galeras, la Allegranza y la San Antonio. Su objetivo era circunnavegar África para llegar a la India. Una empresa ambiciosa que presumiblemente les costó la vida, ya que nunca se volvió a saber de ellos. Este caso ilustra uno de los obstáculos con los que se encontraron los pioneros del Atlántico: la falta de medios. La aparición de la brújula o el astrolabio facilitaban la orientación, pero la galera era una nave totalmente inadecuada para la navegación atlántica. Habría que esperar hasta el siglo XV para que apareciese una embarcación más adecuada para este menester: la carabela.

No obstante, esto no quiere decir que no hubiese éxitos. A comienzos del siglo XIV el genovés Lancelotto Malocello redescubrió las Canarias, ya conocidas por el mundo romano. El también genovés Pessagno descubrió Madeira (1341) y las Azores. Estos descubrimientos originaron una pugna entre Castilla y Portugal por el dominio de las islas. Madeira y Azores fueron ocupadas por los lusos durante el siglo XV. El caso canario fue diferente y se llegó a discutir en el Concilio de Basilea de 1435. En un principio el papado adjudicó las islas a Luis de la Cerda, el almirante francés de origen castellano. Sin embargo, la ocupación efectiva de las islas no comenzaría hasta el siglo XV al mando de señores normandos que decidieron jurar vasallaje a la corona de Castilla.

No se puede terminar esta entrada sin hacer referencia a los conocimientos geográficos de los mallorquines. Su experiencia comercial les había llevado a Safi, una localidad costera al sur de Casablanca. Conocían la existencia del reino de Mali, lo cual avala un dominio sólido de la geografía de la región. Igual que en el caso de los Vivaldi, trágico fue el destino del comerciante Jaume Ferrer, quien desapareció en 1346 tras cruzar el cabo Bojador casi cien años antes que los portugueses. Pioneros que proporcionaron las primeras informaciones precisas para que posteriores marinos, ya dotados de mejores medios técnicos y naves más apropiadas, pudieran continuar con la exploración de todo el orbe.

Para saber más

Morales Padrón, F.: “Los descubrimientos en los siglos XIV y XV, y los Archipiélagos Atlánticos“. Anuario de estudios atlánticos, 17 (1971), pp. 429-465.

El mítico reino de Preste Juan.

La conquista de las Islas Canarias.

Galería de imágenes

Felipe III el Bueno, Van der Weyden

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El retrato de Felipe III el Bueno es un óleo sobre tabla realizado por el taller del pintor Rogier Van der Weyden hacia 1450. El original está perdido pero se conservan copias como esta, en el Museo de Bellas Artes de Dijon (Francia). Felipe el Bueno fue el tercer Duque de Borgoña entre los años 1419-1463. En la Guerra de los Cien Años se alió con los ingleses y fue uno de los mayores impulsores del Tratado de Troyes de 1420, por el cual se nombraba a Enrique V de Inglaterra como heredero del trono francés cuando muriese Carlos VI de Francia. Fue el fundador de la Orden del Toison de Oro, con el cual se le muestra en la escena.

El tributo, Masaccio

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El tributo es un fresco de la Capilla Brancacci, Florencia, realizado por el pintor Masaccio entre los años 1424-1427. La obra es una narración bíblica dividida en tres partes. En la primera, la central, un recaudador de impuestos pide a Jesucristo y su grupo que le paguen el impuesto debido a las autoridades del gobierno, ante lo cual Jesucristo le ordena a San Pedro que vaya a pescar. En la segunda, a la izquierda, San Pedro extrae del pez una moneda de oro. La tercera, a la derecha, muestra el pago de San Pedro al recaudador de impuestos. La escena iconográfica podría tener que ver con el oficio del mecenas de la obra, Felice Brancacci, un antiguo cónsul del mar que querría así reflejar al mar como fuente de riqueza.

Los frescos de San Baudelio de Berlanga

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Por frescos de San Baudelio de Berlanga nos referimos al conjunto de pinturas murales que recubrían la soriana iglesia de San Baudelio de Berlanga, construida a finales del siglo XI y en ocasiones llamada la “Capilla Sixtina” del Románico. La obra, en un lenguaje que oscila entre el colorido del fondo y la imaginación de las figuras, estaba compuesta por temas sacros y profanos. Gran parte de los frescos fueron trasladados el siglo pasado a museos estadounidenses. Lo que podemos ver en España es un depósito ingresado por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York a cambio de la entrega del ábside de San Martín de Fuentidueña. El fresco de la imagen muestra a un elefante cargando sobre su lomo un castillo. Ello ilustra el progresivo olvido y desfiguración que ocuparon la mente de los ilustradores, que jamás habían visto un elefante. Para el imaginario de la Europa medieval eran bestias formidables que fueron representadas de muy variadas formas. Los frescos que están en España pueden verse en el Museo del Prado.

Lázaro

Resurrección de Lázaro.

Dromedario

Fresco de un dromedario.

Cacería de liebres

Cacería de liebres.

Emperador Meiji, 1873

El emperador Meiji

Fotografía del emperador Meiji tomada en 1873. Meiji (1868-1912) fue el monarca que llevó a Japón a ser una de las mayores potencias mundiales mediante una política de occidentalización. Fotografía de Uchida Kuichi. The Cleveland Museum of Art(Kinoshita). Published in the Japanese book, Meiji Tenno gyoden (Tokyo: Kaneo Bun’endo, 1912).

Berthe Morisot con ramillete violeta, Manet

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Berthe Morisot con ramillete violeta es un retrato de la artista Berthe Morisot realizado por su cuñado, Édouard Manet, en 1872. Morisot fue una importante autora del movimiento impresionista y, junto a Pissarro, la única en participar en todas las exposiciones de este movimiento artístico. La iluminación que Manet imprime al cuadro configura una imagen en la que la artista parece estar compuesta por la oposición entre el negro de la vestimenta y el blanco de la luz que exalta el fondo de la obra. La obra se puede ver en el Museo d’Orsay, en París.

La libertad guiando al pueblo, Delacroix

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La libertad guiando al pueblo es un óleo sobre lienzo realizado por el artista francés Eugène Delacroix en 1830. La escena relata la Revolución de 1830 que derrocó a Carlos X, último rey francés de la dinastía Borbón, para sustituirlo por Luis Felipe de Orleans. El descontento del pueblo francés hacia Carlos X iba creciendo desde el comienzo de su reinado en 1824. Su decisión de clausurar el parlamento fue el punto de ruptura, iniciándose una revuelta general de la ciudad de París. Delacroix representa esta escena con la efigie de la Libertad guiando a los parisinos mientras enarbola la bandera tricolor francesa, símbolo de la libertad frente al estandarte absolutista de los Borbones, blanco. El Duque de Orleans se convirtió en el nuevo rey asumiendo el mando bajo una monarquía constitucional que perduró hasta 1848.  El lienzo se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad y actualmente se puede contemplar en la sede del Museo del Louvre en Lens, Francia.