Las Segundas Invasiones Bárbaras: los húngaros

A principios del siglo IX de Nuestra Era, el mundo parecía estar entrando en una época de prosperidad liderada por el pujante Imperio Carolingio, que había recuperado el Imperio para Occidente. Desgraciadamente para ellos, las rivalidades entre los herederos de Carlomagno y los ataques de las Segundas Invasiones Bárbaras, oleadas invasoras de pueblos del este y el norte entre los que se encontraban los húngaros y los vikingos, vinieron a segar aquella prosperidad y retrasar el crecimiento de Europa Occidental durante un par de siglos.

Originalmente los húngaros o magiares residían al oeste del río Ural y eran una federación de tribus. Comenzaron entonces un lento desplazamiento que les llevó al valle medio del río Volga. Allí entraron en contacto con tribus turcas de las que adoptaron prácticas y hábitos nómadas. Su primera incursión en territorio centroeuropeo está datada en 862.

Los magiares se convirtieron en una pieza más del juego de ajedrez que los bizantinos mantenían con sus vecinos. El mayor rival en Europa del Imperio Romano de Oriente por esta época eran los búlgaros, por aquel entonces paganos que residían en lo antigua provincia de Moesia. El emperador de Oriente animó a los magiares a marchar contra los búlgaros, pero estos reaccionaron convenciendo a los pechenegos para que atacasen a los magiares. Todo ello motivó un nuevo desplazamiento húngaro hacia Occidente.

Los húngaros se instalaron en la antigua Panonia, que convirtieron en base de operaciones para lanzar ataques de saqueo y pillaje contra sus vecinos. Desde allí persiguieron y torpedearon a los misioneros alemanes enviados a la Europa del Este con el fin de cristianizarla. Los continuos ataques magiares se convirtieron en un dolor de cabeza para todos sus vecinos.

Europa por aquel entonces carecía de un gobernante fuerte que pudiera defenderles. El Imperio Carolingio se vino abajo a la misma velocidad a la que los herederos de Carlomagno se peleaban por el poder. La feudalización comenzó a hacer acto de presencia en el Occidente europeo y los campesinos, indefensos ante la ferocidad de los ataques, recurrieron a la protección de las autoridades locales (obispos y condes).

Arnulfo de Carintia, emperador de lo que quedaba del Imperio Carolingio, contrató los servicios húngaros para atacar a la Gran Moravia, un efímero imperio eslavo que ocupaba gran parte de la Europa Central. Se estima que durante los primeros años tras su establecimiento en la región, los húngaros lanzaron cuatro expediciones contra Bizancio y nada menos que treinta y cinco contra el Occidente europeo. La dureza y violencia producida por los magiares ha pasado al lenguaje castellano debido al fuerte impacto que produjeron en la época, plasmado en las crónicas. El vocablo ogro proviene de la palabra húngaro.

Batalla de Lechfeld en una ilustración de Sigmund Meisterlin, Codex de la historia de Nuremberg.

Batalla de Lechfeld en una ilustración de Sigmund Meisterlin, Codex de la historia de Nuremberg.

Tras destruir la Gran Moravia, los húngaros continuaron con sus ataques contra Occidente llegando hasta la Península Ibérica. Enrique el Pajarero, rey de Germania, pudo al fin detener los ataques húngaros tras derrotarles en la Batalla de Merseburgo (933). Los magiares estaban comenzando a abandonar su estilo de vida tradicional basado en el nomadismo y en el pillaje.

Otón I, hijo de Enrique el Pajarero, fue el hombre fuerte que necesitaba Occidente. Tras asegurarse el poder efectivo en Alemania y lograr para sí la corona de Italia, Otón fue coronado emperador. Se fundaba de esta manera el Sacro Imperio Romano Germánico. Como hombre fuerte de la cristiandad, Otón se tomó muy en serio el problema de Hungría.

Tras reunir ocho mil hombres, Otón hizo frente a los magiares en una región situada cerca de la actual Augsburgo. Allí, comandando una de las ocho divisiones de su ejército, esperó al ataque húngaro. Estos cruzaron el río Lech y se lanzaron contra las huestes germánicas sufriendo una gran derrota. Esta batalla pasó a la historia como la Batalla de Lechfeld (955) y constituyó el final de la primera etapa de la historia húngara.

Tras su derrota los magiares aceleraron el proceso de sedentarización convirtiéndose en un reino más de la Cristiandad. El azote de Europa se convirtió en el escudo de Europa. Los húngaros se mezclaron con los habitantes germanos y eslavos de la antigua Panonia configurando un nuevo reino, cuya cabeza eran los descendientes del legendario rey Arpad.

El príncipe Geza (972-997) convirtió Hungría en un principado y aceptó las primeras misiones cristianas en sus dominios. Su sucesor fue Esteban (997-1038), rey apostólico de Hungría (desde entonces la corona húngara se llamó “la corona de san Esteban), al convertirse al cristianismo y recibir como recompensa la corona. Hubo intentonas por parte de algunos nobles por volver al paganismo, pero Hungría se convirtió desde aquel momento en el escudo de Europa capaz de frenar a los mongoles en el siglo XIII o a los otomanos en el XVI.

Para saber más

Segundas invasiones bárbaras

Esteban I de Hungria

Los otónidas

Galería de imágenes

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