Felipe III el Bueno, Van der Weyden

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El retrato de Felipe III el Bueno es un óleo sobre tabla realizado por el taller del pintor Rogier Van der Weyden hacia 1450. El original está perdido pero se conservan copias como esta, en el Museo de Bellas Artes de Dijon (Francia). Felipe el Bueno fue el tercer Duque de Borgoña entre los años 1419-1463. En la Guerra de los Cien Años se alió con los ingleses y fue uno de los mayores impulsores del Tratado de Troyes de 1420, por el cual se nombraba a Enrique V de Inglaterra como heredero del trono francés cuando muriese Carlos VI de Francia. Fue el fundador de la Orden del Toison de Oro, con el cual se le muestra en la escena.

El tributo, Masaccio

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El tributo es un fresco de la Capilla Brancacci, Florencia, realizado por el pintor Masaccio entre los años 1424-1427. La obra es una narración bíblica dividida en tres partes. En la primera, la central, un recaudador de impuestos pide a Jesucristo y su grupo que le paguen el impuesto debido a las autoridades del gobierno, ante lo cual Jesucristo le ordena a San Pedro que vaya a pescar. En la segunda, a la izquierda, San Pedro extrae del pez una moneda de oro. La tercera, a la derecha, muestra el pago de San Pedro al recaudador de impuestos. La escena iconográfica podría tener que ver con el oficio del mecenas de la obra, Felice Brancacci, un antiguo cónsul del mar que querría así reflejar al mar como fuente de riqueza.

Los frescos de San Baudelio de Berlanga

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Por frescos de San Baudelio de Berlanga nos referimos al conjunto de pinturas murales que recubrían la soriana iglesia de San Baudelio de Berlanga, construida a finales del siglo XI y en ocasiones llamada la “Capilla Sixtina” del Románico. La obra, en un lenguaje que oscila entre el colorido del fondo y la imaginación de las figuras, estaba compuesta por temas sacros y profanos. Gran parte de los frescos fueron trasladados el siglo pasado a museos estadounidenses. Lo que podemos ver en España es un depósito ingresado por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York a cambio de la entrega del ábside de San Martín de Fuentidueña. El fresco de la imagen muestra a un elefante cargando sobre su lomo un castillo. Ello ilustra el progresivo olvido y desfiguración que ocuparon la mente de los ilustradores, que jamás habían visto un elefante. Para el imaginario de la Europa medieval eran bestias formidables que fueron representadas de muy variadas formas. Los frescos que están en España pueden verse en el Museo del Prado.

Lázaro

Resurrección de Lázaro.

Dromedario

Fresco de un dromedario.

Cacería de liebres

Cacería de liebres.

Emperador Meiji, 1873

El emperador Meiji

Fotografía del emperador Meiji tomada en 1873. Meiji (1868-1912) fue el monarca que llevó a Japón a ser una de las mayores potencias mundiales mediante una política de occidentalización. Fotografía de Uchida Kuichi. The Cleveland Museum of Art(Kinoshita). Published in the Japanese book, Meiji Tenno gyoden (Tokyo: Kaneo Bun’endo, 1912).

Berthe Morisot con ramillete violeta, Manet

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Berthe Morisot con ramillete violeta es un retrato de la artista Berthe Morisot realizado por su cuñado, Édouard Manet, en 1872. Morisot fue una importante autora del movimiento impresionista y, junto a Pissarro, la única en participar en todas las exposiciones de este movimiento artístico. La iluminación que Manet imprime al cuadro configura una imagen en la que la artista parece estar compuesta por la oposición entre el negro de la vestimenta y el blanco de la luz que exalta el fondo de la obra. La obra se puede ver en el Museo d’Orsay, en París.

La libertad guiando al pueblo, Delacroix

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La libertad guiando al pueblo es un óleo sobre lienzo realizado por el artista francés Eugène Delacroix en 1830. La escena relata la Revolución de 1830 que derrocó a Carlos X, último rey francés de la dinastía Borbón, para sustituirlo por Luis Felipe de Orleans. El descontento del pueblo francés hacia Carlos X iba creciendo desde el comienzo de su reinado en 1824. Su decisión de clausurar el parlamento fue el punto de ruptura, iniciándose una revuelta general de la ciudad de París. Delacroix representa esta escena con la efigie de la Libertad guiando a los parisinos mientras enarbola la bandera tricolor francesa, símbolo de la libertad frente al estandarte absolutista de los Borbones, blanco. El Duque de Orleans se convirtió en el nuevo rey asumiendo el mando bajo una monarquía constitucional que perduró hasta 1848.  El lienzo se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad y actualmente se puede contemplar en la sede del Museo del Louvre en Lens, Francia.

Heliogábalo, el emperador controvertido

Heliogábalo nació en Emesa, Siria. Era hijo de Julio Soemia y Sexto Vario Marcelo, sumo sacerdote de la deidad oriental de El-Gabal. Heliogábalo, cuyo nombre real era Vario Avito Basiano, era el sobrino nieto del emperador Septimio Severo.

Tras la muerte de Septimio Severo, una oleada de muertes se abalanzó sobre los restos de la familia real. Primero fue su sucesor, Caracalla, quien ordenó el asesinato de su hermano Geta. Luego el propio Caracalla murió asesinado mientras comandaba una campaña militar. El Imperio había quedado descabezado y el trono recayó en el Prefecto del Pretorio de Caracalla: Macrino, el primer emperador proveniente del orden ecuestre, algo que tendría gran relevancia en el desarrollo futuro de Roma.

La depuesta dinastía imperial de los Severo no aceptó de buen grado el cambio. Consideraban a Macrino como un advenedizo y su objetivo era recuperar el poder. La revuelta fue instigada por una mujer muy poderosa y ambiciosa: Julia Mesa, hermana mayor de la esposa de Septimio Severo y abuela de Heliogábalo. La anciana tenía dos posibles candidatos dentro de su familia para llevar la púrpura imperial: sus nietos Heliogábalo y Alejandro. Se decidió por el primero.

Julia Mesa consiguió el apoyo de la III Legio Gallica, desencadenando así una revuelta que logró asesinar a Macrino y establecer en el trono al joven Vario Avito, quien contaba apenas catorce años. El muchacho lo primero que hizo fue nombrar augustas a su madre y a su abuela, quienes verdaderamente ostentarían el poder romano y que serían las primeras mujeres en entrar en el Senado.

Heliogábalo no sólo era emperador. También había heredado de su padre el cargo de sumo sacerdote de El-Gabal, deidad que no dudó en tratar de trasplantar a Roma. Otro de sus primeros actos fue el de situar por encima de la estatua de la diosa Victoria un retrato suyo vestido de sacerdote obligando a los senadores a honrarle también a él cuando fuesen a rendir culto a la deidad.

Mientras viajaban hacia Roma para tomar el poder ya estallaron algunos conatos de rebelión en las legiones, desconfiadas ante aquel extraño y joven emperador. Tras llegar a la capital, Heliogábalo inició su gran proyecto: hacer de su dios la única deidad del Imperio Romano. Para ello, ordenó la construcción de un gran templo, el Elagabalium, en la ladera de la Colina Palatina.

El-Gabal fue asimilado al Sol Invictus, situado por encima de Jupíter y se le casó con Minerva. El símbolo del nuevo dios era una roca negra con forma de falo que era paseada por las calles de la ciudad en carro durante el solsticio de verano. El emperador bailaba en torno a ella a ritmo de timbales mientras obligaba a los senadores a asistir al extraño ceremonial.

El emperador causó un gran escándalo cuando atentó directamente contra las tradiciones romanas al obligar a una virgen vestal, Aquilia Severa, a casarse con él. Las vírgenes vestales tenían prohibido mantener relaciones sexuales y cualquier hombre que osase tocar a una de ellas era severamente castigado por la ley. A Heliogábalo no le importó y quiso representar con este enlace una boda divina entre El-Gabal y Vesta.

La vida sexual del emperador también era motivo de escándalo.  Aquilia era su segunda esposa, el emperador ya había estado casado con una joven llamada Julia Cornelia Paula. Su pasión por Aquilia le duró poco, ya que la dejó meses después para casarse de nuevo con Annia Faustina, descendiente lejana de Marco Aurelio, emperador cuyo recuerdo, aún cercano, era muy respetado. Antes de que acabase el año había abandonado a Faustina para volver con Aquilia.

Sin embargo, lo que verdaderamente causaba escándalo eran las relaciones de Heliogábalo con los hombres. No por su naturaleza homosexual, Adriano tuvo amantes reconocidos y no despertó odio entre su pueblo, sino por el carácter pervertido que, a juicio de los romanos, hacía de ellas. Desde principios de su reinado, Heliogábalo había mantenido una relación estrecha con su auriga Hierocles. Incluso pretendió nombrarle césar. Se casó con él y se consideraba “la esposa y emperatriz de Hierocles”.

Posteriormente conoció a Aurelio Zotico, un atleta griego conocido por el tamaño de su órgano amatorio. También contrajo matrimonio con él. Los senadores y funcionarios del palacio trataron a los dos esposos que tuvo Heliogábalo con gran respeto y como sí, efectivamente, ellos tuviesen el rol masculino de “marido” relegando al emperador al papel de “esposa”. Este Zotico es el que sabemos seguro que sobrevivió a Heliogábalo, del resto de esposas y esposos imperiales no tenemos noticias tras la muerte del emperador.

Heliogábalo también protagonizó una conocida anécdota según la cual reunió a un equipo médico y prometió cubrir de oro a aquel que pudiera sustituirle su órgano reproductor masculino por uno femenino. Por ello, Heliogábalo es considerado en ocasiones como el primer transexual documentado de la historia.

Pese a sus tres matrimonios con mujeres, Heliogábalo no había conseguido descendencia. La inestabilidad imperial y la creciente impopularidad del emperador aconsejaban buscar un posible sucesor. Julia Mesa convenció al emperador de que adoptase a su primo Alejandro y compartiese con él el consulado de aquel año.

Alejandro fue muy popular y Heliogábalo se puso celoso. Intentó echarse atrás e hizo circular el rumor de que su primo estaba cercano a la muerte. Con ello desencadenó una revuelta de los pretorianos que exigieron ver a Alejandro. Heliogábalo quiso castigar la deslealtad de sus hombres pero estos se revelaron. El emperador se escondió en un arcón pero fue descubierto y asesinado a los dieciocho años de edad. Su madre también murió, así como algunos partidarios suyos entre los que se encontraba Hierocles.

El joven Heliogábalo. Busto en el Museo Capitolino, foto de Giovanni Dallorto.

El joven Heliogábalo. Busto en el Museo Capitolino, foto de Giovanni Dallorto.

El fenecido emperador fue condenado a la Damnatio Memoriae, su eliminación de la Historia al ser borrada su efigie y su nombre de documentos y monumentos. El-Gabal fue desterrado de vuelta a Oriente. También se prohibió la presencia de mujeres en el Senado. Alejandro Severo ascendió al trono y Julia Mesa mantuvo los resortes del poder hasta su muerte en 224.

¿Fueron los caprichos de un adolescente los que le impulsaron a establecer a El-Gabal como dios supremo de Roma? ¿O, por el contrario, podemos ver en este hecho el primer precedente de la búsqueda de un dios unitario que impulsase la homogeneidad del Imperio y frenase así su decadencia? Algunos autores han querido ver en El-Gabal el primer intento de imponer un dios único, algo que sería intentado también por Aureliano y conseguido por Constantino cuando adoptó el Cristianismo.

La historiografía ha visto en Heliogábalo una fuente de escándalos y depravación , además de un síntoma claro de la decadencia romana que estaba a punto de comenzar. La pérdida de los valores romanos, la expansión de cultos mistéricos o la crisis económica y moral fueron factores que jugaron un papel fundamental en la crisis romana del Siglo III. Sin embargo, queda la duda de si la verdadera personalidad del emperador no se ha visto desfigurada por los testimonios de los cronistas contrarios a su persona.

Para saber más

Septimio Severo

Alejandro Severo

Crisis del siglo III

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