El rey pastelero

En ocasiones la extraña desaparición de un rey ha dado ocasión a que salgan personajes advenedizos que, usurpando la regia figura, reivindiquen ser el señor legítimo de dichos reinos. Ocurrió en Francia tras la muerte de Luis XVII, en Inglaterra tras la extraña desaparición de Eduardo V o en el reino de Sicilia tras el asesinato en batalla de Conradino. Portugal no fue una excepción.

Sebastián de Portugal (1554-1578) fue un rey inmerso en el ideal de la Cruzada. Romántico y soñador, posiblemente debido a su corta edad, no dudó en embarcarse a una peligrosa cruzada en el Norte de África pese a no tener herederos, ignorando los consejos de su tío Felipe II de España, quien le recomendó precaución. Al mando de 20.000 cristianos de distinta procedencia se enfrentó a un contingente beduino en la Batalla de Alcazarquivir un 4 de agosto de 1578. El rey murió junto a lo más granado de la nobleza lusa en lo que fue un desastre sin paliativos para las fuerzas cristianas.

Portugal quedó descabezado, sin rey ni gran parte de su aristocracia…pero el cadáver del rey no apareció. En esas difíciles condiciones, el trono recayó en el tío del rey, el anciano cardenal Enrique, quien contaba con 66 años. El nuevo monarca trató de secularizarse para tener descendencia, pero el Papa no se lo permitió y a su muerte, dos años más tarde, la corona de Portugal recayó en Felipe II de Habsburgo.

Años después surgió la curiosa figura de Gabriel de Espinosa, el “Pastelero de Madrigal”. Los portugueses nunca habían olvidado a su rey y soñaban con que siguiese vivo y volviese a reclamar su trono. Tras la desaparición de Sebastián aparecieron dos usurpadores reivindicando ser el rey, crimen por el que fueron ejecutados.

El lugar de nacimiento de Espinosa no está claro, se lo disputan las localidades de Madrigal y Toledo, de donde procede el documento más antiguo que tenemos sobre él: un examen que Gabriel de Espinosa realizó para poder ejercer el oficio de pastelero. Su origen tampoco está claro. Posiblemente fuese huérfano aunque se ha llegado a decir que era hermanastro de Sebastián e incluso el propio rey que había escapado del cautiverio musulmán.

Gabriel de Espinosa no parecía un pastelero cualquiera. Hablaba con soltura el alemán y el francés y mostraba destreza en la equitación, cosas que posiblemente aprendió en una de las muchas campañas que España mantenía en el extranjero; como pastelero se dedicaba a seguir al ejército para vender a los soldados sus dulces.

Gabriel llegó a Madrigal en 1594. Allí se encontraba desterrado fray Miguel de los Santos. Este era un monje que había apoyado las pretensiones al trono del prior de Crato en contra de los derechos a la corona lusa de Felipe II, por lo que fue apartado de Portugal y obligado a trasladarse a Castilla. Fray Miguel nunca se olvidó de la causa de la independencia portuguesa.

Un día fray Miguel conoció a Gabriel de Espinosa. Pensó que era inusualmente culto para su humilde condición y reparó en que tenía un enorme parecido con el desaparecido Sebastián, quizá debido a que los dos eran pelirrojos y los pelirrojos no abundaban en la Península Ibérica. El religioso decidió aprovechar esta semejanza entre pastelero y rey para hacer pasar al primero por el segundo, plan que fue aceptado por Gabriel de Espinosa. La conspiración estaba en marcha.

Lo primero que hizo fray Miguel fue presentar al pastelero a los más ilustres nobles de la localidad. En ello tocó el corazón de una joven llamada María Ana de Austria, hija natural, que no legítima, de don Juan de Austria. La muchacha era una romántica que soñaba con ser reina, le encantaban las historias de aventuras y creía firmemente que su primo Sebastián estaba vivo. El monje decidió aprovechar la fuerte baza de la muchacha que, por muy ilegítima que fuera, era de sangre Habsburgo.

La Batalla de Alcazarquivir de 1578 supuso uno de los mayores desastres de la historia de Portugal. Grabado de Miguel Leitão de Andrade en la obra

La Batalla de Alcazarquivir de 1578 supuso uno de los mayores desastres de la historia de Portugal. Grabado de Miguel Leitão de Andrade en la obra “Miscelânea” de 1629.

Fray Miguel acordó el matrimonio de Gabriel de Espinosa con la joven, aunque primero habrían de obtener una dispensa papal porque, supuestamente, los jóvenes eran primos. Poco después comenzaron a llegar nobles procedentes de Portugal a ver a aquel pastelero que era, según decían los rumores, su rey. Creyéndolo sinceramente o por interés, el hecho es que muchos le reconocieron como el desaparecido Sebastián.

Para continuar con el plan, María Ana le entregó a su prometido unas joyas. Gabriel viajaría a Valladolid para venderlas y obtener dinero para poder iniciar una conjuración. Allí cometió un gran error. Se comportó con altanería mostrando las joyas y criticando abiertamente al rey Felipe II, por lo cual fue detenido. La sorpresa de sus captores fue mayúscula ya que pensaban que era un delincuente común pero cuando registraron sus pertenencias encontraron unas cartas en las que fray Miguel le trataba de “majestad”.

Las fuerzas de seguridad de Felipe II rápidamente se pusieron en acción. Prendieron al religioso y encerraron a María Ana de Austria en sus aposentos. Se inició un proceso penal en el que se juzgaba la suplantación de la persona del rey. Felipe se ocupó personalmente del proceso y exigió el máximo rigor. Gabriel de Espinosa fue sometido a tortura reconociendo y negando en distintas ocasiones la suplantación de la figura del rey.

El pastelero rey fue ahorcado el 1 de agosto de 1595. Las crónicas afirman que el reo mostró una gran dignidad lo que contribuyó a acrecentar su leyenda. Fray Miguel fue secularizado y posteriormente ahorcado, pero sostuvo hasta el momento final que creía firmemente que Gabriel de Espinosa era el rey Sebastián, al cual había conocido personalmente. En cuanto a María Ana de Austria fue encerrada en el monasterio de clausura de Nuestra Señora de Gracia, en Ávila. Tras la muerte de Felipe II se la perdonó y se la dejó ir al Monasterio de Madrigal, donde llegó a priora. En 1611 fue nombrada abadesa del Monasterio de las Huelgas Reales, en Burgos.

El Sebastianismo siguió existiendo y los portugueses soñaron con la llegada de un buen rey que acudiría a rescatar a su país en su momento más difícil para volver a llevarlo a la gloria. Pasó así a ser un movimiento místico semejante a la leyenda inglesa que afirma que el rey Arturo volverá a Inglaterra cuando su país lo necesite.

Para saber más

Reinado de Sebastián I

Compromisos de Felipe II para obtener la corona portuguesa

Felipe II y Portugal

Galería de imágenes

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