Omar ibn Hafsún, el malagueño que puso en jaque al Emirato de Córdoba

La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica destruyó al viejo reino visigodo. Algunos nobles de la vieja corte de Toledo se refugiaron en Asturias dando lugar al reino homónimo. Otros condes se inclinaron por firmar pactos con los invasores por los cuales, a cambio de su conversión al Islam, se les permitía seguir manteniendo sus tierras y estatus.

Desde sus primeros momentos, en al-Ándalus se estableció una jerarquía según la cual los árabes obtenían las mejores tierras, prebendas, cargos y honores. Los bereberes, que formaron el grueso del contingente que derrotó a los visigodos, se tenían que conformar con recompensas menores lo que causó cierta rivalidad interna y malestar en al-Ándalus.

A estos dos grupos sociales del nuevo emirato hay que sumar a los muladíes, conversos del Cristianismo, y a los mozárabes, cristianos que residían en territorio musulmán y que pagaban mayores impuestos que el resto de la población. Hasta el siglo IX los mozárabes fueron relativamente numerosos, pero a partir de entonces la población se fue islamizando progresivamente algo que redujo los ingresos del emir.

Omar ibn Hafsún fue un muladí que supo aprovechar todas estas contradicciones y rivalidades internas del emirato para ponerlo en jaque. Nació en el siglo IX y tenía una ascendencia ilustre. Sus antepasados habían sido condes visigodos y su abuelo fue el primer miembro de la familia en convertirse al Islam. Omar nació y se crío en la Serranía de Ronda (Málaga). Allí tuvo un conflicto con un vecino al que asesinó tras acusarle de robar el ganado de su abuelo.

El joven se refugió en las ruinas del castillo de Bobastro, una antigua fortificación de la zona que Omar reforzó hasta hacer de él un fortín inexpugnable. Con el apoyo de otros fugitivos comenzó a saquear la región hasta que fue apresado por el gobernador de Málaga, que le mandó azotar. Tras ello, Omar estuvo un tiempo en el Norte de África hasta que, según algunas leyendas, un anciano le prometió que sería rey de un extenso reino. Motivado por la ambición decidió volver a al-Ándalus.

El Emirato, gobernado por aquel entonces por Muhammad I, sangraba ante las constantes sublevaciones protagonizadas por mudéjares y bereberes. La más importante de ellas fue protagonizada por el célebre clan de los Banu Qasi que, como Omar, eran descendientes de aristócratas visigodos.

Tras su retorno, Omar pasó un tiempo saqueando la zona hasta fue derrotado por el emir. Obligado por las circunstancias, obtuvo el perdón a cambio de entrar al servicio de Muhammad I. Participó en una razzia a la provincia de Álava en la que fue discriminado por su origen muladí. Muhammad I redujo poco después las recompensas que pagaba a Omar debido a la crisis económica que azotaba al Emirato. En ese momento Omar ibn Hafsún decidió volver a su vida de rebelión.

Abderramán III (912-961) fundador del Califato de Córdoba, acabó con la revuelta de Omar ibn Hafsún. Grabado del siglo XIX.

Abderramán III (912-961) fundador del Califato de Córdoba, acabó con la revuelta de Omar ibn Hafsún. Grabado del siglo XIX.

Tras volver a Bobastro conquistó algunas poblaciones de la zona y se alió con el también rebelde clan de los Banu Rifá. Muhammad I decidió enviar a su hijo y heredero Al-Mundhir para acabar con la revuelta pero cuando Al-Mundhir estaba a punto de triunfar su padre murió y debió abandonar la campaña para hacerse cargo del emirato.

Mientras tanto, Omar siguió cosechando éxitos. Extendió sus dominios por toda la Serranía de Ronda y Málaga y organizó incursiones hacia Jaén. Tras estabilizarse en el trono, Al Mundhir obtuvo algunos triunfos que le permitieron tomar la ciudad de Archidona e iniciar una brutal represión. Como escarmiento crucificó al jefe de los defensores de la ciudad en medio de un perro y un cerdo. Tras ello se dirigió a sitiar el castillo de Bobastro. Omar se rindió a cambio de una amnistía pero atacó a las huestes del emir cuando se estaban retirando. El monarca clamó venganza e inició un nuevo sitio en el que le sorprendió la muerte tras dos años de reinado.

Durante el reinado del nuevo emir, Abd Allah, Omar continuó obteniendo sonoros triunfos tanto diplomáticos como militares. Estableció alianzas con clanes muladíes y bereberes y obtuvo el apoyo de los Banu Hayyai de Sevilla. Conquistó ciudades como Écija y Osuna. Formó un auténtico estado en el que cobraba impuestos y para el que intentó obtener el reconocimiento de otros estados islámicos como el aglabí de Túnez, los idrisíes de Marruecos o el del Egipto fatimí.

Omar avanzó hacia Córdoba, capital del Emirato, siendo derrotado por Abd Allah. A partir de entonces comenzó el declive del rebelde que empezó a perder los territorios que había tomado a lo largo de los años. En 899, quién sabe si para ganarse el apoyo de los reinos norteños o por meras creencias personales, se convirtió al catolicismo con el nombre de Samuel. Ordenó la construcción de dos iglesias cristianas e instaló un obispo en Bobastro. La maniobra fue un escándalo que le costó perder la mayor parte de sus aliados.

En 912 llegó al trono Abd al-Rahmán III, fundador del Califato de Córdoba. Pretendía pacificar su reino, labor en la que tuvo un éxito fulgurante que le llevó a tomar hasta 300 castillos en apenas cinco años. Omar, quien había perdido prácticamente toda su influencia, falleció en el año 917.

Sus territorios, ya muy exiguos, pasaron a su primogénito Chafar, también cristiano. Éste fue asesinado por su hermano Suleyman. Abd al-Rahmán III conquistó el ya mítico castillo de Bobastro en 928 poniendo fin a la rebelión. Poco después, el emir ordenó desenterrar los cadáveres de Omar y su hijo Chafar. Al verles enterrados a la manera cristiana se enfureció y ordenó crucificarles en las murallas de Córdoba como castigo por apostasía. Aupado por estos éxitos, Abd al Rahmán III se proclamó califa al año siguiente mientras que los descendientes de Omar ibn Hafsún tuvieron que marcharse al exilio. Su hija, Santa Argentea, es hoy recordada en la Iglesia Católica como virgen y mártir. Omar pasó a la historia como un héroe popular para los cristianos, un nuevo Viriato, mientras que los musulmanes vieron en él a un simple bandido.

Para saber más

Marwan ibn Gallego

Abderramán III

Conflictos étnicos en al-Ándalus

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