La guerra que duró tres cuartos de hora

Algunas guerras son tristemente conocidas por su gran duración y su devastador efecto sobre la población. Pueden destacarse la Guerra de los Cien Años (1336-1453), la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) o las dos guerras mundiales. Otras luchas, a causa de la diferencia de poder militar entre los adversarios, han sido más breves. El mayor paradigma de este tipo de contiendas es la Guerra Anglo-Zanzibariana de 1896.

Zanzíbar era un pequeño sultanato insular localizado en el África Oriental, frente a las costas de la actual Tanzania. Bajo soberanía portuguesa entre los siglos XV y  XVI, posteriormente pasó a dominio de Omán hasta mediados del siglo XIX. En aquella época se declaró independiente y llegó a gobernar un extenso territorio que se extendía por el este del continente africano. Poco después llegaron los europeos.

Durante el siglo XIX África fue dividida entre las potencias occidentales. La mayor de ellas era el Reino Unido victoriano, que vivía su etapa de mayor expansión gracias a la cual acabaría controlando, ya a principios del siglo XX, un territorio que unía por vía terrestre Alejandría y Ciudad del Cabo. El control de cada pequeño enclave importaba, ya fuera por su importancia estratégica, sus recursos y riquezas, su utilidad como base de aprovisionamiento naval o por obtener prestigio.

Alemania puso sus ojos en el sultanato de Zanzíbar. Durante un tiempo, sus territorios fueron divididos: el sultán Khalifah entregó a los alemanes el protectorado sobre sus dominios del norte y a los británicos los del sur. La población desarrolló un fuerte sentimiento anti-alemán que provocó estallidos de violencia y disturbios. Por ello, en 1890 Alemania entregó a Reino Unido su parte del protectorado mediante el Tratado de Heligoland-Zanzíbar. Los británicos, por su parte, compensaban a los alemanes con la entrega de varios enclaves en África.

El siguiente sultán, Alí, fue pro-británico. Colaboró con las autoridades coloniales, nombró un primer ministro inglés y aprobó leyes que otorgaban mayores derechos comerciales a Reino Unido. Colaboró activamente con ellos para tratar de acabar con el comercio de esclavos encontrándose con la oposición de los mercaderes árabes, que tenían una de sus mayores fuentes de ingresos en este negocio. Por último, le concedió a Reino Unido el derecho de veto sobre sus sucesores: el sultán necesitaría la aprobación expresa de los británicos para poder gobernar.

Las colonias africanas en 1914. África fue dividida en la conferencia de Berlín de 1885. Click para ampliar.

Las colonias africanas en 1914. África fue dividida en la conferencia de Berlín de 1885.

Tras la muerte de Ali en 1893 hubo una disputa entre Hamad y Khalid, que eran tío y sobrino, para sucederle. El primero de ellos fue quien logró ascender al trono gracias al apoyo del gobierno colonial, que advirtió severamente a Khalid de las graves consecuencias que habría si intentaba gobernar sin su consentimiento. Hamad fue más díscolo que su predecesor y tuvo frecuentes desacuerdos con las autoridades británicas.

El sultán falleció en 1896, algunos sospechan que envenenado por Khalid. Éste decidió no desaprovechar la ocasión como tres años antes, por lo que inició los preparativos para autoproclamarse sultán.  Se encontró de nuevo con el rechazo británico, que ya tenía a su propio candidato llamado Hamud. Reino Unido envió un ultimátum a Khalid: si no abandonaba el palacio antes de las 9 de la mañana del día siguiente bombardearían Zanzíbar.

Khalid continuó negándose a abandonar el poder. Los barcos mercantes dejaron el puerto y las mujeres y niños fueron puestos a salvo en una embarcación británica. La guardia zanzibarí, sus sirvientes y sus esclavos continuaron siendo fieles al sultán, que pudo reunir así una fuerza de unos 2.000 hombres que se aprestaron a construir endebles trincheras para intentar proteger el palacio.

La marina de Khalid se componía de su propio yate de recreo armado con una ametralladora, regalo de la reina Victoria. En cuanto a su artillería, disponía de varias piezas entregadas por los alemanes y de un cañón de bronce del siglo XVII, lo que habla de la escasez de medios de Zanzíbar. Los británicos, por su parte, disponían de unos 90 soldados y 150 fusileros, tres cruceros y dos buques de guerra.

A las 9 de la mañana del 27 de agosto de 1896 comenzaba un intenso bombardeo sobre el palacio de Khalid. Cuarenta y cinco minutos después, el palacio estaba en llamas y el sultán había huido. Las bajas en el sultanato alcanzaron las 500  víctimas mortales, mientras que por el lado británico apenas hubo un marinero herido. Tras su derrota, Khalid fue protegido por los alemanes y se le permitió refugiarse en sus territorios del África Oriental. Pudo retornar a Zanzíbar en la década de 1920.  Reino Unido entronizó a Hamud y acrecentó su influencia sobre el pequeño sultanato. La guerra más corta de la historia apenas había durado tres cuartos de hora.

Para saber más

El reparto de África

Imperio colonial alemán

Imperio británico

Galería de imágenes

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