Los primeros huelguistas de la historia

La primera huelga de la historia, al menos de la que servidor tiene constancia, fue protagonizada en una fecha tan antigua como 1.166 a.C. por los trabajadores que construían el monumento funerario del faraón Ramsés III, de la dinastía XX. Antes que nada conviene aclarar algo. Por más que desde las películas o la literatura se nos haya presentado a los obreros de las pirámides como esclavos los investigadores actuales se inclinan por la opción de que eran trabajadores especialmente contratados para la ocasión que se alojaban junto a sus familias y compañeros en un poblado cercano al lugar de construcción del edificio, templo o monumento.

El Egipto del siglo XII a.C. era un estado en declive tanto económica como políticamente. Los grandes tiempos de Ramsés II habían pasado. El citado Ramsés III fue el último gobernante competente del Imperio Nuevo (1570-1087 a.C.). En aquella época Egipto sufría una creciente inflación agravada por los problemas militares con sus vecinos. Desde el norte sufrían las periódicas campañas de saqueo de los Pueblos del Mar mientras que eran atacados desde el oeste por los libios. Egipto había perdido sus posesiones asiáticas y las cosechas de los últimos tiempos eran malas. Por si fuera poco, el problema agrícola se agravó cuando el faraón repartió tierras entre los templos, grandes protagonistas de la vida económica y política del país, para lograr su adhesión. El Templo de Amón en Tebas acabó siendo el gran beneficiado y llegó a controlar la cuarta parte de las tierras cultivables de Egipto. Este es el delicado contexto en el que le tocó gobernar a Ramsés III.

Todo ello comenzó a repercutir en las condiciones vida de los trabajadores. Egipto aún no acuñaba moneda por lo que el pago era en especie: un obrero no cualificado podía percibir tres kilos de trigo y uno de cebada al día, además de ocho kilos de pescado cada diez días. Esto era la teoría. En realidad, la situación económica egipcia causó que los salarios fuesen cobrados mal y tarde. Además, la endémica corrupción de la administración egipcia permitía que los intendentes, responsables de repartir los suministros entre los obreros, los adulterasen y se quedaran con la mejor parte. El poblado de Deir el-Medina, donde vivían los trabajadores de Ramsés III, terminó por estallar cuando el gobernador de Tebas, enemigo político del faraón, atacó y se quedó con los suministros que constituían el pago de los obreros. El acto del gobernador provocó un retraso en la paga de dieciséis días.

El Papiro de la huelga de Ramsés III, conservado en el Museo egipcio de Turín, nos cuenta como los artesanos egipcios marcharon en protesta hacia los templos de la zona gritando que tenían hambre. Los sacerdotes hicieron ciertas concesiones y les entregaron pequeñas raciones que no eran suficientes para la turba movilizada.

Ramsés III oferente en el Templo de Khonsu, Karnak. Imagen de Asavaa vía Wikicommons.

Ramsés III oferente en el Templo de Khonsu, Karnak. Imagen de Asavaa vía Wikicommons.

A los dos días invadieron el Rameseum, templo funerario del gran Ramsés II y principal almacén de trigo del país.  Los administradores cada vez estaban más amedrentados por lo que accedieron a entregarles las raciones correspondientes a su sueldo del mes anterior. Los trabajadores querían más. Nuevas movilizaciones permitieron que cobrasen también el salario del mes en curso.

Parecía que las aguas volvían a su cauce pero no fue así. Dos semanas después volvieron a marchar en denuncia a la corrupción de los intendentes de las obras. Los revoltosos obreros de Deir el-Medina comenzaron a ser conocidos por las dos tierras de Egipto. Sucesivos retrasos en las pagas provocaron nuevas movilizaciones. Los obreros llegaron a ser tan influyentes que Ramsés nombró visir a un antiguo huelguista, Ta. Éste obviamente simpatizó con sus antiguos compañeros y les prometió que les serían dadas todas sus demandas pero les prohibió volver a interrumpir el trabajo.

Los trabajadores ignoraron las instrucciones del visir y se pusieron en huelga de nuevo tras un retraso en la paga ocurrido mientras Ta se encontraba en el Delta con motivo de un festival. Poco después su protector cayó en desgracia al verse implicado en una conjura destinada a acabar con la vida del faraón, quien murió años después en una conspiración palaciega que en aquella ocasión sí tuvo éxito. Con el paso de las décadas las condiciones de vida de los trabajadores no mejoraron. La decadencia económica de Egipto era imparable y todo eso llevó consigo el empobrecimiento de su población. Pese a que aquellos trabajadores de Deir el-Medina no lograron mejorar sus condiciones de vida, al menos pasaron a la historia como los primeros huelguistas.

Para saber más

Sobre la huelga

Los Pueblos del Mar

El Imperio Nuevo

Galería de imágenes

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