La reforma agraria de Tiberio Graco

Tiberio Sempronio Graco fue un político capital durante la transición entre la República y el Imperio Romano. Graco nació en 164 a.C. Su padre había sido un magnífico militar y diplomático, labor en la que destacó tras alcanzar acuerdos con los celtíberos que le permitieron pacificar Hispania. Murió cuando su hijo era un niño pequeño. Tiberio creció sintiendo en todo momento la alargada sombra de su famoso padre. La presión por igualar los éxitos de su progenitor fue acrecentada por su madre, quien le repitió en varias ocasiones que esperaba ser recordada por ser la madre de Tiberio Graco en vez de por ser la hija de Escipión el Africano.

Tiberio Graco comenzó su carrera sirviendo en el ejército. Fue oficial durante la III Guerra Púnica, en la que demostró un gran arrojo y valentía al ser el primer hombre en traspasar las murallas de Cartago en el asalto final a la capital púnica. Posteriormente fue enviado a Hispania donde comenzó a darse cuenta de la desesperada situación por la que atravesaban los soldados que lograban la gloria para Roma. Allí se habían reanudado las hostilidades entre las fuerzas de ocupación romanas y los pueblos nativos. El joven fue puesto bajo el mando del general Mancino, un incompetente militar que se metió de lleno en la trampa que los celtíberos les habían preparado. Los romanos fueron emboscados y su suerte parecía echada. El aterrorizado general envió un emisario para negociar con los indígenas pero estos se negaron a recibirle. Aseguraron que no negociarían con nadie que no fuese Tiberio Graco, el hijo de aquel hombre de honor que había regido los designios de Hispania décadas atrás. Mancino se sorprendió: no era habitual mandar a un joven oficial sin apenas experiencia a acordar una tregua con sus enemigos. A pesar de ello, no le quedaba otra opción. Tiberio Graco se reunió con los celtíberos y alcanzó un acuerdo de paz que permitió que él y sus compañeros abandonasen el lugar con vida.

Cuando volvieron a Roma, Graco y Mancino fueron detenidos por el Senado y sometidos a juicio, acusados de haber acordado una paz deshonrosa para Roma. Graco fue absuelto por la intervención en su favor de Escipión Emiliano, pero Mancino fue humillado como castigo. El joven Tiberio fue muy bien recibido por la gente común de Roma, quienes le agradecían que hubiese salvado a sus hijos y esposos aún a cambio de obtener una paz deshonrosa. El amor que el muchacho despertaba en el pueblo fue visto con recelo por la aristocracia más conservadora. Durante aquella época la República se hallaba dividida en dos facciones: los optimates (cuyo significado es “los mejores”) eran los depositarios de las tradiciones romanas y defensores de los intereses terratenientes, grandes partidarios de la oligarquía como sistema de gobierno. Los populares sostenían la necesidad de un programa de reformas para salvar a la República de la anarquía y el caos. Apoyaban el reparto de tierras, la apertura del Senado a miembros de clases sociales más bajas y la necesidad de crear una sociedad más justa. Graco simpatizaba con el segundo grupo. Las crónicas narran que el joven quedó devastado mientras viajaba por la Península Itálica y observaba las míseras condiciones de vida de la antaño próspera clase media agrícola. Las Guerras Púnicas habían arruinado al pequeño campesinado y favorecido la concentración de tierras en grandes latifundios propiedad de los optimates. La inagotable mano de obra esclava procedente de las campañas militares permitían que estas grandes plantaciones tuviesen una productividad y una rentabilidad infinitamente mayores a las que podían conseguirse en los minifundios.

Con el objetivo de acabar con las injusticias y de ser recordado por algo más que por ser el hijo del gran Tiberio Graco, el joven decidió emprender una carrera política. Fue animado a ello por algunos de los senadores más reformistas que querían obtener la estabilidad interna de la República aunque para ello hubiese que realizar ciertas concesiones al pueblo. Pese a que los nobles solían comenzar su carrera política ocupando otras magistraturas, Graco provocó un escándalo al presentarse al Tribunado de la Plebe, cargo normalmente ocupado por plebeyos y que consistía en defender los intereses de esta clase social. El tribuno era inviolable por ley (atentar contra el Tribuno era considerado sacrilegio) y podía interponer veto a cualquier decisión del Senado que perjudicase los intereses plebeyos. Amparado por su creciente popularidad, Tiberio arrasó en las elecciones y ocupó el tribunado de la plebe junto a Marco Octavio.

La Asamblea de la Plebe era el lugar donde se reunían los plebeyos. Era un

La Asamblea de la Plebe era el lugar donde se reunían los plebeyos. Era un “Senado” popular que debía aprobar las propuestas del Tribuno de la Plebe. El tribuno Cayo Graco presidiendo la Asamblea de la Plebe, grabado de Silvestre David Mirys.

El tribuno presentó a la Asamblea de la Plebe la Lex Sempronia. Era una ley muy reformista aunque respetaba parte de los privilegios de los terratenientes. Legalmente, ningún ciudadano romano podía poseer más de 125 hectáreas del suelo público. Normalmente los terratenientes superaban sin escrúpulos ese límite. La idea de Graco era hacer lo respetasen y expropiar los lotes de tierra de los grandes propietarios que excediesen las 125 hectáreas. Sin embargo, para apaciguar los encendidos ánimos de los optimates, incluyó una enmienda. Al límite de 125 hectáreas se le sumarían 65 adicionales por cada hijo. Con esta medida se respetaba el predominio de los grandes propietarios pero se obtendrían tierras que serían repartidas en lotes de 7,5 hectáreas a los ciudadanos sin propiedades.

Pese a que el joven había tratado de apaciguar al Senado ampliando el límite de tierras con un hábil recurso legal, la ley despertó la indignación de los patricios más conservadores. Éstos ordenaron a su marioneta Marco Octavio que vetase la propuesta de su colega. Graco no se amilanó y recogió el guante del desafío senatorial. Decidió proponer a la Asamblea la destitución de su compañero con el argumento de que velaba por los intereses de los poderosos y no por los de la plebe. El pueblo votó de manera unánime la destitución de Octavio. Era una medida sin precedentes que enfureció más aún a los senadores y que hizo que Tiberio Graco perdiera el apoyo de los pocos senadores que simpatizaban con él.

Libre de obstáculos, el tribuno logró aprobar la Lex Sempronia. Poco después llegó a Roma la noticia de la muerte de Atalo, rey de Pérgamo que había dejado su tesoro y su reino como herencia al pueblo romano. Graco propuso emplear las riquezas del monarca en comprar el equipamiento necesario para que los nuevos granjeros pudiesen explotar sus granjas. Nuevamente se encontró con el rechazo del Senado que hizo correr el rumor de que Tiberio quería ganarse el favor de la plebe con el objetivo de proclamarse rey de Roma. Esta era una acusación muy grave: en Roma los reyes eran odiados desde la derogación de la Monarquía.

El Tribuno de la Plebe ocupaba el puesto durante un año y estaba prohibido volver a presentarse al cargo. Tiberio sabía que cuando su mandato expirase sería llevado a los tribunales para dar cuenta de sus acciones. Incluso sospechaba que los damnificados terratenientes podrían atentar contra su vida, abolir la ley y volver al anterior statu-quo. Ante estas circunstancias, el joven insinuó la opción de reformar la ley para poder ser reelegido Tribuno. Finalmente decidió ignorar la prohibición y se volvió a presentar a las elecciones. Esto reforzó el argumento de los patricios de que Graco quería establecer una tiranía y gobernar indefinidamente a través de la plebe.

El día que se votaban los cargos para el nuevo año la Asamblea se reunió como de costumbre en el Capitolio. Los enemigos de Tiberio sabían que el momento de acabar con su rival era aquel. Oficialmente ya no era Tribuno de la Plebe y, por tanto, había dejado de ser inviolable. Bajo el argumento de que defendían la legalidad republicana, unos cuantos exaltados asaltaron el Templo y atacaron a Tiberio Graco. El joven fue asesinado junto a todos sus partidarios y su cuerpo arrojado al Tíber para evitar posibles tumultos en su funeral.  Era la primera vez que se empleaba la violencia en Roma para resolver problemas políticos. La primera gota de sangre de un largo periodo de guerras civiles había sido derramada. Su hermano Cayo seguiría sus pasos una década después con idéntico final. Pero esa ya es otra historia.

Para saber más

Historia National Geographic, número 140 La rebelión de los Gracos pags 54-63

Historia social de Roma, Geza Alfoldy

Documental La Antigua Roma, Capítulo 1 Revolución, producido por BBC

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