Diez papas con un final sorprendente

La Iglesia comenzó su existencia hace casi 2.000 años, cuando Jesucristo entregó las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro. Desde entonces 266 pontífices han sido los vicarios de Cristo en la Tierra. La muerte de alguno de ellos dista mucho de ser un tranquilo y pacífico viaje para reunirse con su creador. Hoy repasamos las sorprendentes, y algunas de ellas violentas, muertes de diez de ellos:

San Clemente I (89-97): Cuarto papa de la Iglesia Católica. Una de las leyendas sobre el pontífice cuenta que fue deportado al Quersoneso Taúrico (Crimea). Allí fue obligado a trabajar en una cantera de piedra como esclavo con durísimas condiciones de vida. El Papa se apiadó de sus compañeros de cautiverio los cuales, literalmente, se morían de sed. Un día estaba orando cuando vio a un cordero encima de una colina. El Pontífice tomó un pico y golpeó el suelo donde se hallaba el cordero comenzando a brotar agua de la colina. El resto de esclavos, sorprendidos, pudieron saciar su sed y se convirtieron al Cristianismo. Esto enfadó sobremanera a sus captores, quienes decidieron castigar a Clemente de forma ejemplar. Le ataron un ancla al cuello y lo arrojaron al Mar Negro convirtiéndole de esta manera en mártir.

Martirio de San Clemente de Pier Leone Ghezzi, 1724. Pinacoteca vaticana.

Martirio de San Clemente de Pier Leone Ghezzi, 1724. Pinacoteca vaticana.

San Esteban I (254-257): Vigésimo tercer papa de la Iglesia. Su pontificado estuvo plagado de controversias internas. Se debatía sobre si a aquellos que caían en la herejía era necesario bautizarlos nuevamente antes de permitirles regresar al redil del señor. Esteban fue un destacado opositor de esta idea. Su pontificado coincidió con el imperio de Valeriano, quien trató de reintroducir el culto al emperador para reforzar su figura, muy cuestionada en el convulso siglo III romano. Los cristianos se negaron a ello por lo que se desató una gran persecución. Durante la celebración de una misa, mientras Esteban estaba sentado en su trono, irrumpieron de forma violenta enviados imperiales. Uno de ellos decapitó al Papa regando su asiento con la sangre papal. El trono fue custodiado por la Iglesia como reliquia hasta el siglo XVIII.

Icono del papa Esteban I.

Icono del papa Esteban I.

Juan VIII (872-882): Papa número 107 de la Iglesia. Su pontificado se engloba en los llamados Siglos de Hierro de la Iglesia, en los cuales las familias nobiliarias romanas controlaban a su antojo la elección de los papas, pereciendo muchos de ellos de forma violenta. Se perseguía tener un aliado para los intereses meramente terrenales de las poderosas familias, por lo que la Iglesia entró en un grave descrédito. Durante su gobierno tuvo que hacer frente a la controversia con el patriarca constantinopolitano Focio. Las diferencias entre la doctrina latina y la oriental se habían ido acrecentando con el paso de los siglos y temas como la “Cláusula filioque” las dividían profundamente. En el plano más político, Juan tuvo que moverse entre los aspirantes a las coronas que se habían desgajado del Imperio Carolingio. Esto le suscitó la enemistad de los personajes a los que no había apoyado. Cierta noche, un personaje cercano a su círculo de confianza, tal vez un pariente, fue a visitarle. Los Anales de Fulda afirman que su huesped envenenó su bebida. El veneno tardaba en hacer efecto y su visitante comenzó a ponerse nervioso, por lo que cogió un martillo y acabó a golpes con la vida del papa Juan VIII.

Ilustración del libro Vidas y tiempos de los papas, de Chevalier Artaud de Montor.

Ilustración del libro Vidas y tiempos de los papas, de Chevalier Artaud de Montor.

Formoso (891-896): Papa número 111 de la Iglesia y antiguo rival de Juan VIII. Formoso fue controlado por Guido y Lamberto, de la familia Spoleto, quienes le forzaron a coronarles emperadores. Poco después de la muerte de Guido, Formoso traicionó a Lamberto y contactó con el noble alemán Arnulfo de Carintia, al que le pidió que invadiese Italia para liberarle de los Spoleto. Como recompensa le prometió que le coronaría emperador. Este Papa murió de forma natural, sin embargo los extraños sucesos que tuvieron lugar tras su muerte le merecen un lugar en esta lista. El segundo de sus sucesores, Esteban VI, se alió con Lamberto de Spoleto a quien volvió a situar en el trono italiano. El Emperador y el Papa impulsaron la celebración de un juicio post-mortem a Formoso, acusándole de traición y abandono de la diócesis que tenía en Oporto y que dejó tras ser elegido Sumo Pontífice. Su cadáver fue desenterrado, revestido con los símbolos del poder papal y sentado en el trono. Allí le leyeron las acusaciones y le encontraron culpable. Como castigo le fueron retirando uno a uno sus ornamentos papales, declararon inválida su elección, le cortaron los tres dedos con los que impartía las bendiciones y su cadáver fue escondido en un lugar indeterminado. No acabó ahí el martirio al cadáver del pobre Formoso. Poco después se le volvió a exhumar para juzgarle de nuevo. Tras el juicio su cuerpo fue arrojado al Tíber, de donde fue recuperado al cabo de unos días por un pescador. Este hecho ha pasado a la historia como el Sínodo del cadáver.

El papa Formoso y Esteban VI, pintado por Jean-Paul Laurens.

El papa Formoso y Esteban VI, pintado por Jean-Paul Laurens.

León VII (936-939): Papa número 126 de la Iglesia Católica. Su pontificado se engloba en la “Pornocracia”, un periodo de unos 60 años en el que la madre, Teodora, la hija, Marozia, y el nieto, Alberico II, de una familia de senadores romanos controlaron la elección papal. Se llegó a generar una dinastía de Papas en el que el trono pasaba de padre a hijo. Como curiosidad, algunos sitúan en este periodo el pontificado de la legendaria papisa Juana. León VII era un sencillo monje benedictino que trató de aprovechar su ascenso al trono para reorganizar la vida monástica de Europa. El papa León murió de un infarto al corazón mientras mantenía relaciones sexuales.

Icono del papa León VII.

Icono del papa León VII.

Juan XII (955-964): Papa número 130 de la Iglesia. Su pontificado también se encuadra en la Pornocracia. Se cree que Juan XII era hijo ilegítimo de Alberico II y fue elegido Papa a los dieciocho años. Juan XII era un muchacho muy terrenal más apegado a los placeres de la carne que a proteger el legado espiritual de Cristo. Durante su pontificado la corona italiana quedó unida a la alemana en la figura de Otón I. Un día el joven Papa se prendó de una joven y bella muchacha que estaba casada. Que la chica estuviese unida a su esposo por un sacramento indisoluble no fue impedimento para el Papa. Mientras realizaban el acto sexual los jóvenes amantes fueron sorprendidos por el marido, quien celoso y furioso asesinó a Juan.

El papa Juan XII.

El papa Juan XII.

Adriano IV (1154-1159): Papa número 169, el único inglés de la historia. Su pontificado estuvo marcado por la lucha contra el emperador Federico I Barbarroja respecto a quien debía tener la hegemonía en el orbe católico: el Papado o el Imperio. El control de la Italia del Norte y la designación de los obispados alemanes eran las demandas del Emperador. Adriano IV también tuvo enfrentamientos con el reino normando de Sicilia que al igual que Alemania aspiraba a designar sus propios obispos. Su muerte ha sido motivo de controversia: se bajó del caballo para beber agua y murió de forma fulminante. Algunos se inclinan por un infarto al corazón, otros hablan de muerte súbita. Los más imaginativos, cuya versión recogemos aquí, exponen que cuando Adriano estaba bebiendo agua una mosca se introdujo en su garganta, produciéndole la asfixia.

Imagen del papa Adriano IV en la catedral de Notre Dame.

Imagen del papa Adriano IV en la catedral de Notre Dame.

Juan XXI (1276-1277): Papa número 187 de la Iglesia Católica, el único portugués de la historia. Su pontificado, muy breve, estuvo marcado por los intentos de asentar la unión con la Iglesia Ortodoxa en la que se habían producido avances casi definitivos en tiempos de su predecesor Gregorio X. Trató de desembarazarse de Carlos de Anjou, rey de Sicilia cuya influencia en el Papado había sido decisiva durante los últimos quince años. Juan había remodelado el Palacio Papal de Viterbo, donde se hallaba la Santa Sede debido a la inestabilidad que había en Roma. Una noche mientras dormía en los aposentos de su renovado palacio el techo se derrumbó. El Papa fue gravemente herido y expiró tras unos días debatiéndose entre la vida y la muerte.

Imagen del papa Juan XXI.

Imagen del papa Juan XXI.

Paulo II (1464-1471): Papa número 211 de la Iglesia Católica. Su época era la de la amenaza turca, el progresivo embellecimiento de la Roma renacentista, el conciliarismo y las cada vez mayores demandas de purificación del Papado que acabarían desembocando en la Reforma Protestante. Como curiosidad quiso llamarse Formoso II, como su famoso predecesor, pero fue disuadido y optó por Paulo II. Oficialmente la muerte de Paulo se debió a una indigestión tras comer melón. Sin embargo, hay una leyenda mucho más maliciosa que hace mención a la fama de homosexual que rodeaba al Pontífice. Esta versión habla de que el Papa murió de forma fulminante mientras era sodomizado por un paje. Una muerte ciertamente comprometedora para el vicario de Cristo en la Tierra.

El papa Paulo II. Retrato de Cristofano dell' Altissimo.

El papa Paulo II. Retrato de Cristofano dell’ Altissimo.

Inocencio VIII (1484-1492): Papa número 213 de la Iglesia Católica. Predecesor del conocidísimo, por su maldad, papa español Alejandro VI también conocido como Rodrigo Borgia. Inocencio también tuvo sus pecados: apoyó incondicionalmente a los Reyes Católicos a la hora de extender la Inquisición desde Aragón a Castilla y nombró como Inquisidor General a otro español de infausta fama, Tomás de Torquemada. Su pontificado fue el de un mundo cambiante que definitivamente dejaba atrás la Edad Media y abría sus brazos a la modernidad. Fue el último papa antes del Descubrimiento de América e incluso hay quienes aseguran que fue el padre de Cristobal Colón. Su muerte refleja uno de estos avances, la incipiente curiosidad científica. Aquejado de una grave dolencia, llamó a un médico judío, profesión en la que los judíos tenían gran fama. Éste intentó probar una arriesgada operación: la primera transfusión de sangre de la historia. Los “donantes” fueron tres inocentes niños que perdieron la vida en la operación. La sangre le fue administrada por vía oral a Inocencio, quien también murió en el proceso.

El papa Inocencio VIII.

El papa Inocencio VIII.

A partir del siglo XVI los pontífices irán teniendo una mayor seguridad y, por lo general, morirán de forma pacífica. Los Estados Pontificios dejaban atrás su convulsa Edad Media.

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